ARQUEOLOGÍA
La variscita zamorana, "joya" del Neolítico
El epicentro de este mineral de color turquesa son las minas prehistóricas de las Cercas y la Cogolla de Palazuelo de las Cuevas, en la comarca de Aliste
La provincia zamorana tiene la maravillosa cualidad de ser muy rica en patrimonio arqueológico. En el Museo de Zamora se pueden admirar auténticas maravillas como la orfebrería celtibérica del Tesoro de Arrabalde o los mosaicos romanos de la Villa de Santa Cristina de la Polvorosa.
En la misma capital, se encuentra el Castillo medieval y es visitable y a lo largo de toda la provincia se distribuyen castros de la Edad del Hierro como los de La Corona, en Manganeses de la Polvorosa, o El Castillón, en Santa Eulalia de Tábara, así como también verracos como los de Toro o Villardiegua. Por su parte Petavonium, en Rosinos de Vidriales, es uno de los campamentos militares romanos mejor conocidos de la Península Ibérica. Pero todos estos lugares son obra de pueblos y épocas muy conocidos por el gran público, con una antigüedad de dos mil años como máximo.
La arqueología, además de para esto, también nos sirve para conocer lo que sucedió mucho antes de que Viriato luchara contra los romanos. De esta forma, sabemos que, hace 7.500 años, grupos de campesinos anatolios, que vivían fundamentalmente de la agricultura de cereales y leguminosas y de la cría de ovejas, cabras, vacas y cerdos, llegaron al interior peninsular y se mezclaron con los indígenas recolectores, inaugurando el periodo histórico que conocemos como Neolítico. Durante dos milenios, entre el 5500 y el 3300 a.C., estas poblaciones neolíticas vivieron en sociedades igualitaristas que se distribuían dispersamente por el territorio en forma de pequeñas granjas autosuficientes.
Estos grupos igualitaristas neolíticos fueron los responsables de la construcción de los dólmenes de El Tesoro, en Morales del Rey, El Casetón de los Moros, en Arrabalde, y de San Adrián y Las Peñezuelas, en Granucillo, monumentos funerarios conformados por grandes piedras en los que se enterraba de forma colectiva a buena parte de los miembros de la comunidad. Sus difuntos fueron acompañados de objetos, como hachas pulimentadas y cuchillos y puntas de proyectil de sílex tallado, además de por adornos compuestos por prismas de cuarzo y cuentas de collar de pizarra y, también, de piedras de un llamativo color verdoso. Algunos de estos adornos verdes son de un curioso material llamado variscita.
¿Qué es la variscita?
Con ese nombre se conoce a un mineral raro que solo aflora en vetas aptas para su explotación en tres lugares de toda la Península Ibérica: Can Tintorer (Gavà, Barcelona), Pico Centeno (Encinasola, Huelva) y la localidad alistana de Palazuelo de las Cuevas. Pese a esta escasez natural, se han recuperado, no obstante, adornos prehistóricos de variscita en yacimientos arqueológicos de casi toda la Península, en algunos casos formando conjuntos de centenares de cuentas y colgantes. Todo esto supone, a priori, la existencia de extensas redes de manufactura y distribución de adornos prehistóricos de minerales raros, un interesante fenómeno que nos ofrece mucha y relevante información para conocer cómo se organizaron esos grupos neolíticos igualitaristas y los que les sucedieron. Y gran parte de esa mucha y relevante información procede de yacimientos arqueológicos de la provincia de Zamora.

La variscita zamorana durante el Neolítico (5500-3300 a.C.)
El epicentro de este asunto son las minas prehistóricas de variscita de Las Cercas y La Cogolla de Palazuelo de las Cuevas, en la comarca de Aliste. A lo largo de los varios kilómetros en los que la variscita aflora en superficie, se pueden identificar todavía hoy grandes trincheras cegadas y pozos colmatados, junto a los cuales se han recogido centenares de herramientas prehistóricas de minería. Estas consisten en cantos de cuarcita que fueron tallados in situ en forma de picos y de cuñas y que, debido al rápido embotamiento de sus extremos útiles, fueron abandonadas en el mismo lugar tras un breve periodo de uso.
La variscita explotada por los mineros prehistóricos, por su parte, ha sido estudiada mediante técnicas como la Difracción de Rayos X y la Fluorescencia de Rayos X. Estos dos procedimientos analíticos permiten identificar la estructura cristalina del mineral explotado en las minas prehistóricas así como también averiguar su composición química, características que conjuntamente nos permiten diferenciar la variscita zamorana de la de los otros afloramientos peninsulares de este mineral, el de Barcelona y el de Huelva. ¿Por qué resulta esto interesante? Porque si se analizan con esas mismas técnicas los adornos de variscita prehistóricos podemos identificar si fueron manufacturados sobre minerales procedentes de Barcelona, de Huelva o de Zamora.
De esta manera, se ha podido identificar que la variscita de las minas zamoranas de Aliste fue utilizada para la elaboración de adornos que acabaron acompañando a los muertos neolíticos no ya de dólmenes y túmulos zamoranos como el Tesoro, en Morales de Rey, la Casa de los Moros, en Arrabalde, los Lastros, en Morales de Toro, o el Juncal, en Castronuevo de los Arcos, sino, junto con adornos elaborados sobre otro minerales verdes, como talco o moscovita, también acabaron formando parte de otros enterramientos colectivos neolíticos del resto de provincias Castilla y León y, posiblemente, también de lugares del norte de Portugal y Galicia.
La variscita zamorana durante el Calcolítico (3300-2200 a.C.)
El año 3000 a.C. marca un punto de inflexión en las formas de vida de los agricultores prehistóricos. Los asentamientos dejan de ser pequeñas granjas, como las del Neolítico, para convertirse en poblados de mayor tamaño, algunos de ellos incluso defendidos por murallas, como sucede en el Pedroso, en San Martín del Pedroso. Los ajuares funerarios de este momento muestran una mayor desigualdad social: Hubo muchas personas enterradas con poco o escaso ajuar conformado por simples cuencos cerámicos mientras que unas pocas tumbas atesoraban armas de cobre como puñales y puntas de lanza, adornos de oro y grandes cantidades de cuentas de variscita.
Este aumento de la cantidad de adornos de variscita, muy probablemente, tenga relación con la aparición del taller de las Peñas, en Quiruelas de Vidriales. En este poblado calcolítico, localizado a 50 kilómetros de distancia de las minas de Palazuelo, se han recuperado abundantes cantidades de a) mineral de variscita en bruto, b) adornos en proceso de elaboración y c) adornos finalizados. Estos son los tres eslabones de lo que los arqueólogos llamamos cadena operativa, es decir la prueba de que en las Peñas se manufacturaron adornos de variscita y, además, en cantidades orientadas probablemente a su distribución más allá del propio poblado. Los adornos de variscita zamorana manufacturados seguramente en las Peñas alcanzaron poblados y tumbas calcolíticos peninsulares tan célebres como Vila Nova de São Pedro (Azambuja), Perdigões (Reguengos de Monsaraz), Humanejos (Parla) o Matarrubilla (Valencina de la Concepción). Es decir, que se distribuyeron durante el Calcolítico, ya no solo por los alrededores de Zamora, sino que alcanzaron lugares tan alejados como el valle del Tajo, el Centro y Sur de Portugal y el valle del Guadalquivir.
Por tanto, los adornos de variscita zamorana se movieron a través de una red de intercambios en la que, además de la misma, también circularon adornos de marfil norteafricano y asiático, ámbar siciliano y otro tipo de objetos suntuarios o cultuales como por ejemplo vasos de piedra o ídolos. En el poblado calcolítico de Las Pozas, en Casaseca de las Chanas, se ha recuperado un botón de marfil y un ídolo, así como en el del Fonsario, en Villafáfila, un vaso de caliza de tipo portugués. Por ello, creemos que estas redes fueron el resultado de intercambios de regalos de lujo entre las élites calcolíticas de Zamora y las del resto del Centro y Sur de la Península Ibérica.
Su valor científico
Las minas de Aliste, el taller de Quiruelas y el resto de yacimientos neolíticos y calcolíticos zamoranos donde han aparecido adornos de variscita y otros objetos de materias raras y exóticas son materiales arqueológicos que nos sirven a los arqueólogos para conocer cómo vivían y se organizaban las personas de hace cinco mil años. Los aquí descritos nos ofrecen algunas claves sobre el proceso por el que los campesinos igualitaristas del neolítico sufrieron la aparición de las sociedades jerarquizadas del calcolítico, que fueron el antecedente directo de las aristocracias guerreras de las Edades del Bronce y Hierro. De esta manera la variscita zamorana empezó siendo usada durante el Neolítico como adorno, probablemente por su resistencia y su peculiar color y brillo, y acabó siendo monopolizada por las élites calcolíticas para conseguir objetos de lujo con los que exhibir su destacada posición social. Finalmente, con la llegada de la Edad del Bronce y la aparición de otros objetos como hachas, espadas, puntas de lanza, etc. de este metal así como de la orfebrería de oro y plata, la variscita perdió su utilidad y, excepto por una puntual reutilización romana, las importantes minas de variscita de Zamora cayeron en el olvido durante largos milenios. Hasta nuestros días.
Para saber más
Germán Delibes (2003): “Zamora 2003: Panorama actual de las investigaciones de la Prehistoria reciente en el marco de la Submeseta Norte”. Segundo Congreso de Historia de Zamora, pp. 71-101.
Rodrigo Villalobos y Carlos Odriozola (2016): “Organizing the Production of Variscite Personal Ornaments in Later Prehistoric Iberia: The Mines of Aliste and the Production Sites of Quiruelas de Vidriales (Zamora, Spain)”. European Journal of Archaeology, 19 (4), pp. 631-651.
Rodrigo Villalobos y otros (2018): “Cadena operativa y análisis tecno-tipológico de los adornos prehistóricos de variscita del centro-sur-occidente de la Meseta Norte Española. Historia de una tradición artesanal”. Complutum, 29 (1), pp. 59-77.
La provincia zamorana tiene la maravillosa cualidad de ser muy rica en patrimonio arqueológico. En el Museo de Zamora se pueden admirar auténticas maravillas como la orfebrería celtibérica del Tesoro de Arrabalde o los mosaicos romanos de la Villa de Santa Cristina de la Polvorosa.
En la misma capital, se encuentra el Castillo medieval y es visitable y a lo largo de toda la provincia se distribuyen castros de la Edad del Hierro como los de La Corona, en Manganeses de la Polvorosa, o El Castillón, en Santa Eulalia de Tábara, así como también verracos como los de Toro o Villardiegua. Por su parte Petavonium, en Rosinos de Vidriales, es uno de los campamentos militares romanos mejor conocidos de la Península Ibérica. Pero todos estos lugares son obra de pueblos y épocas muy conocidos por el gran público, con una antigüedad de dos mil años como máximo.
La arqueología, además de para esto, también nos sirve para conocer lo que sucedió mucho antes de que Viriato luchara contra los romanos. De esta forma, sabemos que, hace 7.500 años, grupos de campesinos anatolios, que vivían fundamentalmente de la agricultura de cereales y leguminosas y de la cría de ovejas, cabras, vacas y cerdos, llegaron al interior peninsular y se mezclaron con los indígenas recolectores, inaugurando el periodo histórico que conocemos como Neolítico. Durante dos milenios, entre el 5500 y el 3300 a.C., estas poblaciones neolíticas vivieron en sociedades igualitaristas que se distribuían dispersamente por el territorio en forma de pequeñas granjas autosuficientes.
Estos grupos igualitaristas neolíticos fueron los responsables de la construcción de los dólmenes de El Tesoro, en Morales del Rey, El Casetón de los Moros, en Arrabalde, y de San Adrián y Las Peñezuelas, en Granucillo, monumentos funerarios conformados por grandes piedras en los que se enterraba de forma colectiva a buena parte de los miembros de la comunidad. Sus difuntos fueron acompañados de objetos, como hachas pulimentadas y cuchillos y puntas de proyectil de sílex tallado, además de por adornos compuestos por prismas de cuarzo y cuentas de collar de pizarra y, también, de piedras de un llamativo color verdoso. Algunos de estos adornos verdes son de un curioso material llamado variscita.
¿Qué es la variscita?
Con ese nombre se conoce a un mineral raro que solo aflora en vetas aptas para su explotación en tres lugares de toda la Península Ibérica: Can Tintorer (Gavà, Barcelona), Pico Centeno (Encinasola, Huelva) y la localidad alistana de Palazuelo de las Cuevas. Pese a esta escasez natural, se han recuperado, no obstante, adornos prehistóricos de variscita en yacimientos arqueológicos de casi toda la Península, en algunos casos formando conjuntos de centenares de cuentas y colgantes. Todo esto supone, a priori, la existencia de extensas redes de manufactura y distribución de adornos prehistóricos de minerales raros, un interesante fenómeno que nos ofrece mucha y relevante información para conocer cómo se organizaron esos grupos neolíticos igualitaristas y los que les sucedieron. Y gran parte de esa mucha y relevante información procede de yacimientos arqueológicos de la provincia de Zamora.

La variscita zamorana durante el Neolítico (5500-3300 a.C.)
El epicentro de este asunto son las minas prehistóricas de variscita de Las Cercas y La Cogolla de Palazuelo de las Cuevas, en la comarca de Aliste. A lo largo de los varios kilómetros en los que la variscita aflora en superficie, se pueden identificar todavía hoy grandes trincheras cegadas y pozos colmatados, junto a los cuales se han recogido centenares de herramientas prehistóricas de minería. Estas consisten en cantos de cuarcita que fueron tallados in situ en forma de picos y de cuñas y que, debido al rápido embotamiento de sus extremos útiles, fueron abandonadas en el mismo lugar tras un breve periodo de uso.
La variscita explotada por los mineros prehistóricos, por su parte, ha sido estudiada mediante técnicas como la Difracción de Rayos X y la Fluorescencia de Rayos X. Estos dos procedimientos analíticos permiten identificar la estructura cristalina del mineral explotado en las minas prehistóricas así como también averiguar su composición química, características que conjuntamente nos permiten diferenciar la variscita zamorana de la de los otros afloramientos peninsulares de este mineral, el de Barcelona y el de Huelva. ¿Por qué resulta esto interesante? Porque si se analizan con esas mismas técnicas los adornos de variscita prehistóricos podemos identificar si fueron manufacturados sobre minerales procedentes de Barcelona, de Huelva o de Zamora.
De esta manera, se ha podido identificar que la variscita de las minas zamoranas de Aliste fue utilizada para la elaboración de adornos que acabaron acompañando a los muertos neolíticos no ya de dólmenes y túmulos zamoranos como el Tesoro, en Morales de Rey, la Casa de los Moros, en Arrabalde, los Lastros, en Morales de Toro, o el Juncal, en Castronuevo de los Arcos, sino, junto con adornos elaborados sobre otro minerales verdes, como talco o moscovita, también acabaron formando parte de otros enterramientos colectivos neolíticos del resto de provincias Castilla y León y, posiblemente, también de lugares del norte de Portugal y Galicia.
La variscita zamorana durante el Calcolítico (3300-2200 a.C.)
El año 3000 a.C. marca un punto de inflexión en las formas de vida de los agricultores prehistóricos. Los asentamientos dejan de ser pequeñas granjas, como las del Neolítico, para convertirse en poblados de mayor tamaño, algunos de ellos incluso defendidos por murallas, como sucede en el Pedroso, en San Martín del Pedroso. Los ajuares funerarios de este momento muestran una mayor desigualdad social: Hubo muchas personas enterradas con poco o escaso ajuar conformado por simples cuencos cerámicos mientras que unas pocas tumbas atesoraban armas de cobre como puñales y puntas de lanza, adornos de oro y grandes cantidades de cuentas de variscita.
Este aumento de la cantidad de adornos de variscita, muy probablemente, tenga relación con la aparición del taller de las Peñas, en Quiruelas de Vidriales. En este poblado calcolítico, localizado a 50 kilómetros de distancia de las minas de Palazuelo, se han recuperado abundantes cantidades de a) mineral de variscita en bruto, b) adornos en proceso de elaboración y c) adornos finalizados. Estos son los tres eslabones de lo que los arqueólogos llamamos cadena operativa, es decir la prueba de que en las Peñas se manufacturaron adornos de variscita y, además, en cantidades orientadas probablemente a su distribución más allá del propio poblado. Los adornos de variscita zamorana manufacturados seguramente en las Peñas alcanzaron poblados y tumbas calcolíticos peninsulares tan célebres como Vila Nova de São Pedro (Azambuja), Perdigões (Reguengos de Monsaraz), Humanejos (Parla) o Matarrubilla (Valencina de la Concepción). Es decir, que se distribuyeron durante el Calcolítico, ya no solo por los alrededores de Zamora, sino que alcanzaron lugares tan alejados como el valle del Tajo, el Centro y Sur de Portugal y el valle del Guadalquivir.
Por tanto, los adornos de variscita zamorana se movieron a través de una red de intercambios en la que, además de la misma, también circularon adornos de marfil norteafricano y asiático, ámbar siciliano y otro tipo de objetos suntuarios o cultuales como por ejemplo vasos de piedra o ídolos. En el poblado calcolítico de Las Pozas, en Casaseca de las Chanas, se ha recuperado un botón de marfil y un ídolo, así como en el del Fonsario, en Villafáfila, un vaso de caliza de tipo portugués. Por ello, creemos que estas redes fueron el resultado de intercambios de regalos de lujo entre las élites calcolíticas de Zamora y las del resto del Centro y Sur de la Península Ibérica.
Su valor científico
Las minas de Aliste, el taller de Quiruelas y el resto de yacimientos neolíticos y calcolíticos zamoranos donde han aparecido adornos de variscita y otros objetos de materias raras y exóticas son materiales arqueológicos que nos sirven a los arqueólogos para conocer cómo vivían y se organizaban las personas de hace cinco mil años. Los aquí descritos nos ofrecen algunas claves sobre el proceso por el que los campesinos igualitaristas del neolítico sufrieron la aparición de las sociedades jerarquizadas del calcolítico, que fueron el antecedente directo de las aristocracias guerreras de las Edades del Bronce y Hierro. De esta manera la variscita zamorana empezó siendo usada durante el Neolítico como adorno, probablemente por su resistencia y su peculiar color y brillo, y acabó siendo monopolizada por las élites calcolíticas para conseguir objetos de lujo con los que exhibir su destacada posición social. Finalmente, con la llegada de la Edad del Bronce y la aparición de otros objetos como hachas, espadas, puntas de lanza, etc. de este metal así como de la orfebrería de oro y plata, la variscita perdió su utilidad y, excepto por una puntual reutilización romana, las importantes minas de variscita de Zamora cayeron en el olvido durante largos milenios. Hasta nuestros días.
Para saber más
Germán Delibes (2003): “Zamora 2003: Panorama actual de las investigaciones de la Prehistoria reciente en el marco de la Submeseta Norte”. Segundo Congreso de Historia de Zamora, pp. 71-101.
Rodrigo Villalobos y Carlos Odriozola (2016): “Organizing the Production of Variscite Personal Ornaments in Later Prehistoric Iberia: The Mines of Aliste and the Production Sites of Quiruelas de Vidriales (Zamora, Spain)”. European Journal of Archaeology, 19 (4), pp. 631-651.
Rodrigo Villalobos y otros (2018): “Cadena operativa y análisis tecno-tipológico de los adornos prehistóricos de variscita del centro-sur-occidente de la Meseta Norte Española. Historia de una tradición artesanal”. Complutum, 29 (1), pp. 59-77.

















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