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Eugenio de Ávila
Miércoles, 6 de diciembre de 2017
DENUNCIAS

Palomas y palomina: un problema urbano

El barrido ni limpia correctamente, ni desinfecta

[Img #16648]Fotografías y texto: Manuel Herrero Alonso

Somos campo. Vivimos en una ciudad, pero el medio agrícola siempre ha estado presente en la vida urbana y sigue estándolo. No solo porque hasta en algunos barrios de la capital sigan desarrollándose labores agrícolas y hasta alguna ganadera, como en Villagodio, San Frontis o Carrascal. Allí, a medio camino, queda en ruinas, otra víctima de la dejadez, el palomar un lugar propio y específico para las que vuelan sin tener hiel en el hígado. Aves que, buscándose la vida, se han acomodado en la capital, si bien su presencia puede resultar hasta atractiva, tienen sus inconvenientes, especialmente cuando hay superpoblación.

                Habría que determinar que se entiende por superpoblación y a partir de que numero pudiera considerarse tal. Porque la observación de una pareja, o dos, o tres o más, parecen tan inofensivas, volando  o haciendo de entretenimiento de las personas que le arrojan comida, que pudiera ser maquiavélico pensar en que estas aves pudieran causar molestias. Y, sin embargo, comen, luego…dejan excrementos. Y ¿qué pudiera molestar la pequeña cantidad defecada por una paloma?, poco más bien, pero multiplicada por tantas veces como se repite tal hecho y por el número de ejemplares existentes, empieza a tomar otra dimensión.

                Los excrementos de las palomas, aparte de los estéticos, producen otros daños. Los urbanos, porque la alta alcalinidad de la palomina en la superficie donde quede acumulada, tiene un efecto corrosivo sobre el material. Tejados y fachadas de nuestro patrimonio se degradan poco a poco. Pero hay más, problemas sanitarios. Cargados de  bacterias y microorganismos,  transmiten  enfermedades, es la conocida zoonosis.

                Nuestros mandatarios, preocupados, han decidido tomar medidas, conociendo que otros ayuntamientos con problemas por superpoblación han utilizado, y mal no les ha ido, métodos naturales para controlar el exceso de aves han decidido hacer lo mismo. Suelta de halcones peregrinos. Y lo llaman sostenible,  porque se supone lo que harán los halcones, cuando no quede la paloma diaria que consumen de alimento, emigrar a otros lugares en busca del sustento, como han tenido que hacer y, por desgracia, seguirán haciendo los zamoranos.

                Controlar la población es posible, con ello se minimizarán también, los efectos colaterales de la presencia de palomas.  Se reducirán los excrementos y con ello sus consecuencias. Pero reducir no es eliminar completamente y seguiremos sufriendo las consecuencias de los excrementos de las palomas. Cada cual en su alféizar, su patio o su terraza, hace lo que puede, limpia y desinfecta. Pero no ocurre lo mismo con lo que se encuentra en la calle, un simple barrido de la acera, y es lo que hay, no basta, porque  con ello no se desinfecta. Minimizamos el problema paro no afrontamos las consecuencias.

 

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