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Eugenio de Ávila
Martes, 26 de diciembre de 2017
NUESTRA HISTORIA

Confesiones del viejo consistorio a García Rubio sobre la verdadera historia de Zamora (XV)

El 1 de octubre de 1926, visitó la ciudad el general y dictador Primo de Rivera

[Img #16940]Por José Manuel García-Rubio

 

-Muy buenas, añejo Consistorio. Hoy vengo dispuesto a que me cuentes temas futuristas o a punto de acordar en tus salones municipales, todavía en plena efervescencia.
-“Asiduo tertuliano, llevas razón con lo dicho, aunque cada vez me quedaba menos tiempo para jubilarme. Pero aprovechémoslo y escucha: Estábamos en el año 1927, cuando en esta Casa sus autoridades sometieron a estudio la posibilidad de que el entonces terroso paseo de las Tres Cruces pasara a denominarse avenida de Alfonso XIII. Pero llegó esa “sabia”, entre comillas, opinión que nunca falla, diciendo lo siguiente: “El rey, como jefe del Estado, merece la mejor calle de la ciudad, y el Paseo de las Tres Cruces, a pesar de cuanto el esfuerzo particular ha hecho en orden a la urbanización, está un tanto lejos de ser lo mejor de Zamora; precisamente es una de las partes de la ciudad en que el Ayuntamiento tiene todo por hacer en cuanto a lo relacionado con la urbanización e higiene, lo cual retrae al capital para llevar a cabo el ensanche en la zona quizás más sana de Zamora…Para el rey estaría muy apropiada la calle de Santa Clara, que, tanto en su edificación, moderna en su mayor parte, como por sus condiciones de toda índole, es la vía más importante de la ciudad”.

-Ahora, veterano Ayuntamiento, voy a pedirte algo tan delicado como es hablar de la década de más conflictiva del s. XX…
-“No digas más, asiduo visitante. Quieres que hablemos de los años treinta. Trasladémonos al día 14 de abril de 1931, fecha en que fue proclamada la II República, y en esta vieja Casa Consistorial pisó un nuevo alcalde: D. Cruz López García. En presencia del mismo y del saliente, Sr. Rivera García, precedieron al arqueo de los fondos municipales, dando el resultado siguiente: en billetes, 35.000 pesetas; en depósitos, 47.975 pesetas; cuenta en el Banco de España 222.550 pesetas; en plata, 5.500 pesetas; calderilla, 549 pesetas. Tres días después recibí especial visita, en medio de inmensa muchedumbre, pues vino a Zamora un buen amigo de la ciudad: Don Miguel de Unamuno, a quien acompañaba el nuevo alcalde. Y, como en las grandes solemnidades, tocaron mi campana  de “La Queda” y lanzaron cohetes. Ante tanta aclamación, D. Miguel tuvo que subir a uno de mis balcones para dirigir unas palabras a la multitud”.

-Amigo Consistorio, aquello debió ser un cambio total.
-¡Hasta la bandera, asiduo contertulio! Ahora recuerdo que, llegado el 27 de septiembre, fui testigo de cómo los nuevos miembros municipales acordaron regalar una bandera republicana al Regimiento militar de la ciudad. Celebraron el acto en la gran explanada que había junto a la plaza de Alemania y las calderas del agua potable. Pero llegó el año siguiente, primer aniversario y las celebraciones continuaban. ¡Fíjate cómo sería aquel 14 de abril de 1932, que uno de los actos importantes fue el gran desfile militar. Yo, como espectador privilegiado, pues mis escalones frontales sirvieron como tribuna para autoridades. En cuanto mi compañera de alegría y fatigas, la Plaza Mayor, le colocaron un gran tablado sobre el cual ofreció alegre concierto la Banda de Música del Regimiento, después actuó el grupo de danzas regionales. ¡Así que lo pasé guay (como decís ahora)! Pues hasta por la noche organizaron aquí una gran verbena. ¡No me dejaron dormir!

-Amigo Consistorio, según lo contado, aquella era vida y dulzura.
-“Paciente tertuliano, eso parecía en apariencia. Pero algo raro se cocía. Así lo testimoniaron algunas opiniones. Por ejemplo: la llegada de la Nochevieja de 1932. Esta Plaza Mayor se puso a rebosar de gente para tomar las uvas en las campanadas de este viejo Ayuntamiento, y, al finalizar, alguien comentó lo siguiente: “Nos vamos tranquilamente a nuestras casas con la ilusión de entrar en el año que, por fin, colmará todas las ilusiones, pero tendrá que demostrarlo el futuro. ¡Y ya veremos! Aquel “ya veremos” apreció rápidamente, pues en la primera sesión celebrada en estos viejos salones municipales, un concejal propuso: “Que se den las órdenes pertinentes para expropiar y derribar la iglesia de San Juan, y que se declare urgente la toma en consideración y discusión de esta proposición, y que la Oficina de Obras proceda con toda la urgencia a confeccionar el plano que da lugar a dicho derribo”.

-Amigo Consistorio, casi me resulta increíble lo escuchado. ¿Pero es que no valoraban el Románico del monumento o la obsesión antirreligiosa se lo impedía?
-“Pues no veas la que se preparó, asiduo visitante. Menos mal que imperó el sentido común y aquello se diluyó. Transcurrido medio año de semejante barbaridad, en sesión de junio de 1933, acordaron construir el edificio de la Escuela Normal de Magisterio, esa que aún conocemos, cercana a la Plaza de Toros. Y que se hiciera una piscina para baños, cercana a la ermita de Peña de Francia y una sala de máquinas de agua potable en Los Tres Árboles”.

-Querido Consistorio: Aunque tarde, la Escuela de Magisterio, por fin, llegó, después de estar paradas sus obras demasiados años. En cuanto a la piscina, en aquellos tiempos, no se lo creían ni quienes lo propusieron.

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