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Eugenio de Ávila
Viernes, 9 de marzo de 2018
DULCINEA DEL DUERO

¡De qué te quejas, mujer!

Beatriz Recio


[Img #18212]Oigo, por desgracia, a mi alrededor, afirmaciones tales como la de que las mujeres tenemos, gracias a la ley de violencia de género, más derechos que los hombres. Me dicen que la ley de paridad lo que hace es discriminar a los varones en favor de las más lerdas de nosotras. Me cuentan que es mejor contratar hombres porque, claro, nosotras nos quedamos en cinta y damos a luz, lo que supone para el sufrido empresario unos gastos injustos, que él, ‘pobrecito mi patrón’, no tiene porqué asumir.

Me susurran que muchas de las denuncias por acoso y maltrato están hechas para sacarle los cuartos al marido, novio, pareja, o como se quiera plantear. Que se les recomienda, de base, a las mujeres en trámites de separación que denuncien por agresión, que así, parece ser, que se obtienen más ventajas a la hora de gestionar el divorcio, como si la cantidad de muertas revelase solamente la anécdota y no un problema tan profundo como el ser humano. Si, en un momento dado, te encuentras con fuerzas como para intentar rebatir cualquiera de lo antes citado suelen pasar varias cosas. Una, si personalizas e intentas que comprendan tu experiencia se mosquean y te acusan de generalizarla, como si tus vivencias como fémina solo contasen para ti. Dos, si, por el contrario, globalizas, te acusan de feminazi, así con todas las letras y continúan con un discurso victimista. Tres, si añades algún detalle sobre cómo te hace sentir todo este tinglado, te salen con lo de los países árabes, que se han convertido, por arte de la demagogia, en lo mismo que representa Venezuela para Podemos. Cuando no saben qué contestarte, comparan tu situación con la de alguna pobre iraquí y a otra cosa mariposa.

No sé, pero yo he tenido la desgracia de oír una voz masculina pidiendo fuego, girarme y encontrarme al señor con el pene en la mano. Me han tocado el culo en el autobús y en la calle. Me han asustado alguna que otra vez. Me he encontrado con hombres que han hecho gala de su ferocidad conmigo con el agravante de superioridad laboral. A su vez, en alguna ocasión he realizado, como muchas, el trabajo y el mérito se lo ha llevado el varón que dormitaba en la mesa de al lado. También, como a más de una, me han avergonzado por tener la capacidad de dar vida. Por amamantar, por no ver el mundo en clave de producción sino de bienestar. Por evidenciar que nosotras no elegimos nacer mujeres, por aducir que traer un nuevo ser a este mundo no puede ser medido, ni pesado, ni tasado en términos económicos.

La superestructura que nos encorseta a todos, nos ahoga, nos relega y nos ningunea. Y mañana, les escribo hoy, Día de la Mujer, mañana todo seguirá igual, porque esto no se cambia con un día de reivindicación, mientras la mayoría sólo esté a favor de la igualdad como postureo y no entienda que el feminismo no debe ni ofrecer ni recibir agresividad como respuesta, puesto que únicamente clama por una equidad en los derechos y deberes, si los partidos políticos siguen utilizando la cuestión como semillero de votos y la sociedad no se plantee un giro de 180 grados, el futuro es tan oscuro como un trozo de carbón.

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