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Eugenio de Ávila
Lunes, 9 de abril de 2018
HISTORIA

Confesiones del viejo consistorio a García Rubio sobre la verdadera historia de Zamora (XVI)

Cómo vivió la ciudad el intento de golpe de Estado marxista contra la República

[Img #18756]-Muy buenas, añejo Consistorio. Ve preparando la memoria, pues voy a darte mucho trabajo, tanto que vamos a necesitar más de un día para relatar acontecimientos. Me refiero al año 1936. ¿Qué te parece?
-Asiduo visitante, difícil me lo pones y, además, complicado, como en sí lo fue. Pero intentaremos relatar lo que para unos fue negativo; para otros, según ellos decían, “salvaron la patria”. Lo que demostró el tiempo fue que todos perdieron, aunque unos más que otros. Para empezar, te diré que el día 16 de febrero hubo elecciones generales. Participando el 72 % del censo electoral, resultando ganador el Frente Popular de Izquierdas. Rápidamente, fue decretado el estado de alarma, pues la Falange Española había dicho que no acataría los resultados de las urnas. A pesar de ello, una vez sabidos los resultados, gran multitud de gente se presentó delante de la vieja Casa Consistorial para reponer en la Alcaldía a D. Cruz López, quién había sido depuesto tras los sucesos de octubre de 1934. Fue entonces cuando el secretario de la Corporación, Sr. Prada, hizo saber a los manifestantes que, legalmente, no podía darle posesión del cargo (dos años antes parece ser que no había ilegalidad para quitárselo). Viendo el cariz que tomaban los acontecimientos, y para calmar al público, D. Cruz López, ocupó, brevemente, el sillón de Alcalde para rogar que se disolvieran pacíficamente y que no empañaran la victoria lograda en las urnas, prometiéndoles que pronto sería repuesto en el cargo. Y, efectivamente, a la siete de la tarde del día siguiente, vinieron otra vez a mi lado para celebrar la toma de posesión. Pero ahora, querido contertulio, viene lo que empañó la celebración: poco antes habían preparado una manifestación, junto al Paseo de San Martín, en la llamada “Casa del Pueblo” (en su lugar hoy día se encuentra el colegio Gonzalo de Berceo) a la que acudieron más de mil personas, quienes, dirigiéndose hasta estas vieja Casa Consistorial, cantaban “La Internacional”. La encabezaban algunos concejales, pero, una vez en la Plaza Mayor, en lugar de disolverse, decidieron continuar y, al llegar a la Plaza de los Momos, nació la idea de entre los manifestantes de bajar del pedestal el busto de Fray Diego de Deza, colocada allí por la Comisión Gestora cesada días antes. Así lo hicieron y, atáronle una soga al cuelo par llevarlo arrastrado por la Cuesta de Alfonso XII (no sin pasar por delante de mí), llegaron al puente de piedra y lo arrojaron al agua, no apareciendo jamás, motivo por lo que, años después, una vez establecida la Dictadura franquista, mandaron hacer el que actualmente conocemos, situado en la plaza que siempre se denominó de Santo Domingo, junto a la iglesia de San Ildefonso.

-Veterano Consistorio: ya veo que eso de fatídico año 1936 comenzó desde su principio y, como siempre se dijo: “Lo que mal empieza, mal acaba”.
-Así fue asiduo visitante: rápidamente llegaron las fiestas carnavalescas y nuestro repuesto alcalde, Cruz López, viendo que el ambiente andaba enrarecido y eso de las dos Españas se palpaba en el ambiente, en su despacho de esta vetusta Casa Consistorial, preparó un Bando diciendo: “Para que las diversiones de los días propios del Carnaval se celebren sin menoscabo de la cultura y la moralidad, he dispuesto: Será permitido andar las calles con disfraces y caretas hasta el anochecer, quedando prohibido usar las que represente vestiduras eclesiásticas, uniformes oficiales de todas las clases, tanto civiles como militares y Cruz Roja, como asimismo cuantos resulten groseros, indecorosos, o cualquier otro objeto que por su uso, forma o volumen, puedan ensuciar, molestar o perjudicar a personas.

-Amigo Consistorio: ¡Vaya inicio de año, el de aquel 1936! ¿Ya lo verías cada vez más oscuro?
-Tanto iba el cántaro a la fuente, asiduo visitante que, llegado el verano, se rompió. Y lo que se venía venir, llegó, declarándose el estado de Guerra Civil, aquel domingo, 19 de julio, el ejercito patrullando la ciudad, ocupando edificios oficiales y, por supuesto, lo tuve también en este viejo Consistorio, del que, otra vez más, destituyeron al alcalde, D. Cruz López. El sentido común y democrático de un pueblo comenzaba a ser derrotado por los intereses políticos y económicos de unos cuantos, ayudados por la ley del más fuerte. Así que se hizo cargo de la Alcaldía el comandante del Regimiento de Infantería Teodoro Arredonda, lo que parecía ser cortito, como otras veces, esta lo fue para varias generaciones. Rápidamente, la nueva Corporación, impuesta por la razón de las armas, uno de los primeros acuerdos que adoptó fue cambiar la nomenclatura de varias calles, imponiéndose el nombre de personas adeptas al nuevo sistema dictatorial: Calvo Sotelo, Primo de Rivera, general Mola, general Muñoz Grandes, general Aranda, generalísimo Franco, y otras más que no merece la pena recordar. ¡Hasta los preparativos propagandísticos, incluidas parafernalias y la controlada prensa, ya estaban en marcha para durar el tiempo que hiciese falta a estos “salvadores de la patria.

-Por favor, sufrido Consistorio, no prosigas con este tema, aunque imagino tendré que soportarlo en sucesivos relatos. Pero ahora descansemos unos días hasta comenzar a asimilarlo.

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