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Eugenio de Ávila
Miércoles, 18 de abril de 2018
DENUNCIAS

Puente Románico: el mal es interno

La humedad de los arcos delata males mayores de los visibles

[Img #18931]Texto y fotografías: Manuel Herrero Alonso

Las crecidas del Duero han atraído a mucha gente a sus orillas para comprobar hasta donde llegaba el agua. Paseos por las atractivas riberas que mucho mejor podían estar. Uno de los puntos de referencia, por aquello de que está ahí igual que siempre, es el puente de Piedra, referente del nivel alcanzado por otras riadas, bien recordadas, donde el agua llegó a pasar por los ojos pequeños.

Si observan, aun con la dificultad de apreciarlo a distancia, en la superficie interior de los arcos grandes, se notan zonas de humedad que nada tienen que ver con el agua que lleva el rio. Hay motivo: proceden de  las filtraciones a través del pavimento superior. La lluvia, este año caída en abundancia, resbala en su mayoría hacia los desagües, que la evacuan de la calzada directamente al rio. Pero por alguna de sus grietas, y es inevitable que en un viaducto de tanta longitud no las haya, una parte consigue pasar el manto de cemento. Allí se concentra.

El material, que hay bajo el pavimento, es tierra de relleno, que absorbe y acumula el agua, y por estar completamente cerrado, impide que la humedad pueda salir, permaneciendo como una masa empapada, hasta el punto de que consigue traspasar completamente la anchura de la piedra hasta hacerse visible. Y lo que es peor, causando daños por tal motivo a la estructura, que si bien no son apreciables en breve plazo, repitiéndose de forma continuada, durante todos los meses de invierno, de un año y de otro, conseguirá hacer un desgaste irreparable en la estructura.

Olvidado en los Presupuestos Generales del Estado, como tantas otras cosas, sigue necesitando una buena partida para ejecutar una obra completa. A falta de otra financiación, desde el Ayuntamiento de la capital parecen dispuestos a afrontar unas reparaciones, a todas luces escasas para las necesidades del puente pendiente de una restauración integral, pavimentarlo, como otras veces, y modificar las barandillas no basta. Hay un mal interno que debe ser atajado. 

 

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