Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Eugenio de Ávila
Viernes, 27 de abril de 2018
DENUNCIAS

Edificios de la estación: ni los usan ni los ceden

La cesión podría ser beneficiosa para alguien en el futuro

[Img #19081]Texto y fotografías: Manuel Herrrero Alonso

Renovada completamente por dentro, la estación de ferrocarril se muestra más funcional y adaptada a los tiempos: el viajero encuentra un mejor servicio y mucha más comodidad para la utilización del tren. Faltan horarios convenientes y precios razonables para que esté al alcance de todos. Una entrada acogedora, su sala para información y despacho de billetes con dependencias separadas, acceso a las vías sin obstáculos, nuevos pasos a los andenes, iluminación mucho más óptima y una mejor señalización. El exterior también ha cambiado, como el aparcamiento habilitado en una parte de los terrenos, que actualmente no disponían de utilización alguna. Tendríamos que remontarnos a muchos años atrás, desde la última vez que se le dio uso, que fue para la instalación del mercadillo ambulante de los martes. Cerca del edifico de viajeros, otros cercanos han sido restaurados y pudiera hasta dársele uso futuro.

Quedan otros, que en su día tuvieron servicio, como muelles de carga y otros menesteres,  que hoy simplemente son edificaciones abandonadas, al oeste del edifico principal de la estación. Ubicados  en un terreno sin uso en las mismas circunstancias, dígase en espera de probablemente nada. Si bien se ha vallado, incluyendo la línea de vías, para separar las zonas destinadas al público, de las que no lo son, precisamente, el acceso a los espacios perdidos no resulta nada difícil. Lo poco que queda, por tanto, no está exento de las impredecibles consecuencias de los intrusos.

Si bien desde el exterior muestran la apariencia de edificios impertérritos, en parte lo son, al tratarse de construcciones robustas, capaces en su día de soportar para lo que fueron creadas y preparadas dadas sus condiciones. Naves diáfanas, espaciosas, de gran altura y aptas para admitir división u otras modificaciones internas que quieran dárseles. Cualquier cosas sería mejor que verlas deteriorar  progresivamente con el paso del tiempo.

El interior ofrece un aspecto desolador y poco higiénico, a pocos metros de donde un buen número de viajeros a diario, suben y bajan del tren. Se juntan  acumulaciones de varios centímetros de altura,   de excrementos de paloma y otras aves, incluso con algún esqueleto de torcaz, descompuesto por los años, queriéndose hacerse presente. Capaces de soportar aquello para lo que se erigieron, como cualquier otro destino futuro que pudiera y no parece dárseles, mejor que estar demás.

Las puertas, como era de esperar, completamente destrozadas, como las ventanas y el tejado, lleno de orificios, que en momentos de lluvia dejan colar el agua, por todos los lados. Y, como lo que uno no quiere cientos lo desean, teniéndolos perdidos como están, y si la alternativa de la explotación no fuera viable, cédanse para que alguien pueda beneficiarse.  

¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
El Día de Zamora • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress