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Eugenio de Ávila
Viernes, 1 de junio de 2018
DENUNCIAS

Aceñas de Los Pisones, en ruinas: sí, también

Por dejadez administrativa, condenadas a desaparecer, igual que la “ruta de las aceñas”

[Img #19770]Fotografías y texto: Manuel Herrero Alonso

Abiertas y con servicio hostelero, para todo aquel que quiera disfrutarlas, comiendo, cenando o tomando algo a orillas del río, están las aceñas de Pinilla. Más abajo, pretendidamente cerradas, aunque los vándalos consiguen acceder para sus fines nada buenos,  de vez en cuando, y, en espera de que el gobierno municipal decida qué hacer en ellas o con ellas, que, de momento ni sabe ni contesta, están las restauradas aceñas de Cabañales. Aguas abajo del puente medieval, quedan las de Olivares, en uso como centro de interpretación de lo que fueron molinos y batanes. Y, cuando las aguas del Duero abandonan el término, quedan solo ruinas de las de Gijón.

Desde la carretera de Almaraz, dejando atrás el edifico de la cárcel, aparece el camino de La Aldea, como señala un pobre  indicador. Siguiéndolo, nos encontramos con una nave, que da cuenta de un producto que en tiempos en ese lugar lleno muchos sacos: la harina. 

Al lado, una valla, no muy consistente impide el paso; no tiene candado, una simple chapa con dos tornillos y sus respectivas tuercas, hacen lo que pueden. Tras esta simple protección, se halla un pequeño sendero entre matorrales; después, aparece el piso de la pasarela, carriles incluidos y sus roturas, en algún tramo. Montones de ramas, arrastradas por la corriente, han quedado allí retenidas, conducen hasta el primer cuerpo de los molinos. Una puerta de madera, no muy consistente, bastante deteriorada y cuyo marco está prácticamente, suelto de un lado, impide el paso, al menos de momento, a las aceñas de los Pisones. Así conocidas, por usarse, antaño, para el bataneo de lana con sus  pisones, transformándose, posteriormente, en molino harinero.

La vista de su interior nos retrotrae a épocas pasadas, como si ayer mismo hubieran estado moliendo. Sin embargo, la estructura se encuentra en un estado ruinoso: paredes agrietadas, falta  muro en algunos trozos y las vigas de las cubiertas no tienen donde sostenerse. 

El deterioro ha aumentado considerablemente en los últimos años y hace suponer un empeoramiento progresivo, que puede producirse de forma bastante rápida. Tal vez, la próxima gran crecida ocasione daños irreparables.
Solo puede culparse a una administración despreocupada del patrimonio, que deje perder un edificio protegido por no actuar a tiempo, aun disponiendo de medios, quedando muy lejos de conseguir una ruta de las aceñas, que reportaría beneficios turísticos. Simplemente cumpliendo el dicho, corrientes y molientes, lo primero, porque corre el agua; lo segundo, porque muele.

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