Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Eugenio de Ávila
Domingo, 10 de junio de 2018
VIDA

Cosas que pasan

Concha Pelayo (Miembro de AICA, FEPET y ARHOE)

[Img #19958]No soy de esas personas que se acerca a pedir autógrafos a actrices  y actores famosos, ni a políticos, por muy importantes que sean, ni a científicos, ni a futbolistas, ni a estrellas de la canción…..ni siquiera a escritores, siendo éstos personajes verdaderamente importantes para mí. Y lo fueron desde mi más tierna infancia, prácticamente desde que aprendí a leer. Los escritores para mi eran seres a los que había que admirar e idolatrar y a los que yo quería imitar pues muy pronto se despertó en mí la afición a la literatura y a querer escribir. Escribo desde que aprendí a hacerlo y considero esta acción como mi verdadera vocación. Pero, pese a ello, tampoco soy de las que se acerca a un escritor o escritora sin más, aunque lo desee fervientemente.

 

En un breve espacio de  tiempo me he topado con dos mujeres escritoras muy conocidas, a las que admiro mucho por su obra y por su pensamiento. Se trata de Almudena Grandes y Elvira Lindo. A ambas las oigo en una cadena de radio cada semana exponiendo su punto de vista sobre temas actuales, sobre los acontecimientos que nos toca vivir y siempre las escucho con deleite porque ambas coinciden al completo con mi propio pensamiento. A Elvira Lindo la he visto hace muy pocos días en Zamora para hablar de educación ante un foro de docentes. Yo estaba en el lugar por casualidad y aunque no soy docente me quedé a escucharla porque, repito, me interesaba lo que pudiera decir. Y efectivamente estuvo acertada. Habló incluso de MUJERCITAS y de cómo aquél libro la llevó a ella a la literatura. Ese mismo libro, que me regalaron a  mí a los siete años y lo leí y releí cientos de veces porque una de las protagonistas, Jo, eran cuatro hermanas, escribía como yo, quería dedicarse a la literatura, como yo, quería escribir, como yo. Los mismos móviles, las mismas ilusiones que yo había tenido eran idénticas a las que a Elvira Lindo la habían llevado al mundo de los libros. Pueden imaginar que me sentí muy feliz de escuchar a Elvira decir lo que decía. Me sentí muy identificada con ella. Terminó el acto y me fui rápidamente pues tenía cosas que hacer.

 

Pero quiso la casualidad que, cuatro o cinco días después la vuelvo a ver en el Teatro Real de Madrid en el descanso de la representación de la  polémica ópera Die Soldaten. Ella estaba con su marido pero éste se había acercado a la improvisada barra del bar donde se sirven canapés y copas. Aproveché ese instante en que estaba sola para acercarme a ella y decirle que había estado presente en la charla que había impartido en Zamora con docentes, que me gustó mucho lo que dijo y añadí que a mí también me había motivado para escribir MUJERCITAS, como a ella. Me sonrío displicentemente, sin darme las gracias, ni preguntarme nada, ni siquiera por cortesía, sin mover los labios apenas, vamos. Para entonces ya había llegado al lugar de la escena su “importantísimo” marido, Antonio Muñoz Molina, que me miraba con la misma mirada displicente que su esposa y desde una distancia infinita, como la línea del horizonte.

 

Antes de que comenzara a irritarme la situación me di la vuelta y los dejé allí, solos, con su prepotencia y estúpida superioridad.

 

Aunque ya me había olvidado, casualidades que tiene la vida, recordé que hacía menos de un mes, me encontré en el mismo lugar, en el descanso de la ópera de turno, en el T. Real con Almudena Grandes. Ambas guardábamos cola para acceder al servicio de bar. Como caminaba junto a mi, al reparar en ella, le pregunto, a sabiendas de quien era y con la mejor de mis sonrisas, ¿eres Almudena? Sí, me respondió girando la cabeza hacia otro lado.

 

Estos dos episodios, tan próximos uno del otro, me han hecho reflexionar mucho sobre la actitud prepotente de algunos escritores que por el hecho de ser muy conocidos  se colocan en el podio de la soberbia y ya no se bajan nunca más. Allá ellos. De momento, mi sabia intuición me sigue diciendo que no me acerque nunca más a ninguno de ellos, salvo causa mayor.

 

 

¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
El Día de Zamora • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress