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Redacción
Viernes, 14 de octubre de 2016
PINTURA

San Esteban reduce el formato de sus obras, pero no su inmensa calidad pictórica

Inaugurada una nueva exposición del Premio Castilla y León de las Artes, en Espacio 35, en la que se cuelgan 223 cuadros del pintor y poeta zamorano, que vuelve a deslumbrar con su ternura por la vida en el agro

[Img #8514]Desde esta tarde del día 14 de octubre hasta el 4 de noviembre, los zamoranos pueden disfrutar de una nueva exposición del Premio Castilla y León de las Artes, el maestro de pintores Enrique Seco San Esteban, en Espacio 36. La principal novedad de la muestra consiste en que se cuelgan nada menos que 223 pinturas, de pequeño formato y sin enmarcar. De tal manera, la obra del genio zamorano resulta más asequible.

San Esteban, fiel a su forma de entender su pintora, fidelísimo a sí mismo, ha sabido, una vez más, encerrar el tiempo, contenerlo, congelarlo en sus óleos. Son gente, hombres y mujeres, y animales, que habitan el medio rural; son agricultores de ahora, pero también podrían haberlo sido de hace décadas, incluso siglos, porque Don Enrique extrae la esencia de esa labor primera del hombre: sembrar la madre tierra y esperar a recoger su cosecha.

El maestro explica las razones que le han llevado a realizar pinturas en formato más reducido y sin enmarcar: “La idea partió de Ángel Almeida, director de la galería Espacio 36, que me sugirió que esta nueva exposición debía contar con, al menos, 150 pinturas. Acepté el reto y me fui a los 223”. El propio Almeida responde a esa novedad de no enmarcar los cuadros: “Quizá para conectar con más personas, porque, en anteriores muestras, enmarca sus cuadros de una manera fabulosa, mejor imposible. Al carecer de marco, baja el precio para que otro público que tiene ganas de tener obra del maestro San Esteban pueda adquirirla. Así, cada cual, podrá poner el marco que desee”.

A San Esteban sigue apasionando el campo: “Por descontado, pues considero que es mi vida. Pero si hubiera nacido en un puerto de mar, lo habría pintado, porque también es una preciosidad. No solo hubiese pintado marinas y marcos, sino también a la gente que cose las redes y arregla los barcos. En el campo, hay vida y hay naturaleza”.

El premio Castilla y León de las Artes capta un medio rural antiguo, de hace años: “Lo que no se me ocurriría pintar es a un labrador subido en un tractor. El campo que pinto yo es poético: personas vestidas a la manera tradicional, los animales que lo son tan queridos. No podría pintar otra cosa”. San Esteban sigue siendo un romántico: “Podría pintar, es cierto, bodegones, pero lo he dedicado todo al campo. Aunque también, si pinto bodegones, también los vendo”.

Le recuerdo al maestro que en su anterior exposición pinto Zamora y su Duero, pero también una ciudad y un río del pasado: “Quise pintar la nostalgia que sentía por aquella Zamora que yo conocí, la de las lavanderas, los pescadores. Pinté quince cuadros y vendí diez, con lo que cumplí mi ilusión”.

Y San Esteban sigue pintando: “Dios dirá, pero, de momento, quiero hablar de esta. Hace poco estuve en Oviedo y también en Madrid, y ahora en Espacio 36”.

 

 

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