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Redacción
Lunes, 12 de diciembre de 2016
NUESTRA HISTORIA

Confesiones del viejo consistorio, a García Rubio, sobre la verdadera historia (III)

En el año 1613, quedaron prohíbidas las visitas de algunos seglares, ejecutando diligencias por parte del corregidor, para no visitar los conventos

[Img #9861]-Aquí me tienes nuevamente, viejo Consistorio, dispuesto a escuchar todo ese cúmulo de curiosidades que guardas a través de los siglos. Pero hoy me gustaría que comenzases hablando de bandos publicados en este edificio, los cuales, en la actualidad, nos hacen contener la risa.

-Interesado visitante: también a mí me ocurre lo mismo después de tanto tiempo transcurrido…estoy hablando de los comienzos del siglo XVII, cuando las terribles epidemias no dejaban de visitar la ciudad, motivo por el cual aquí dentro se preparó un bando indicando la prohibición de arrojar inmundicias por las ventanas, bajo multa de cien maravedíes. Y para prevenir que nadie fuese mojado al pasar por la calle, se ordeno cumplir, obligatoriamente, lo siguiente: “Que, al anochecer, cuando toca la campana La Queda, los alcaldes de los barrios y peones de la ciudad tomen las armas, como mes de obligación para la vigilancia nocturna y que domingos y festivos quedan totalmente prohibido dar vino y naipes a los clientes de cantina, hasta que no terminasen las misas, y que el segundo día de Pascua navideña y el día de Reyes no anden los clérigos por las calles pidiendo torreznos, bollos, huevos y otros alimentos, bajo la pena de seis mil maravedíes”.

-Amigo Consistorio, aún siendo muy curioso lo que has contado, ahora me gustaría hablases de los abundantes animales que andaban por la ciudad.

-Asiduo visitante, pues, precisamente, en aquellos comienzos  del siglo XVII, en los despachos de este edificio fue redactado un bando, el cual estrictamente decía lo siguiente: “Prohibido, terminantemente, acercarse a menos de cincuenta pasos de la ciudad y sus arrabales a perros, caballos y otras cosas mortecinas, bajo la multa de seiscientos maravedíes a sus dueños y cien azotes al animal, quedando exentos de los cerdos, pero quedando prohibida la vieja costumbre de echarle de comer en la calle”. Todos estas medidas estaban muy bien, querido amigo, pero resultaba que la gente tenía dinero para pagar las multas”.

-Estimado y antañón Consistorio: ¡Te juro que me llevas de sorpresa en sorpresa! Siempre superando la última a las anteriores. ¿Pero cuando llegaremos al tope?

-Amigo visitante, vas a tener que esperar, pues como suele decirse la siguiente es de rechupete. Escucha: El Consejo de Estado envió una denuncia a esta Casa Municipal, dirigida al corregidor, con cierto aire doctrinal. Sucedió en el año 1613, y decía así: “La ciudad de Zamora es raya con Galicia y cercana a Portugal, en ella hay una gran cantidad de pobres, gente perdida que podían servir o aprender oficios. Como aquí encuentran pan y en los conventos sustento, viven miserablemente libres. Las muchachas empiezan pronto a perderse, pues vemos algunas con 13 y 14 años, que  van preñadas al hospital y lo que paren, como no hay hospital de niños expósitos, lo echan al río o lo abandonan a la naturaleza; habiéndose visto criaturas comidas por perros, y así ellas y ellos viven sin que nadie sepa si oyen misa o si saben la doctrina. En cuanto a las monjas, en Zamora hay muchas, y siempre se ha batallado con las citadas, en razón a la libertad que pretenden gozar, quedando prohibidas las visitas de algunos seglares, ejecutando diligencias por parte del corregidor para no visitar los convento, limitándose a hacer lo que ordenen los superiores”.

-Estimado Consistorio: después de escuchar misiva tan nefasta y haciéndome idea de dónde provenía, para no herir conciencias ni pareceres, me limito a decir, simplemente, que cada cual piense según le parezca, pues, a buen seguro, hay numerosas y muy distintas opiniones sobre tema tan delicado, producto del atraso en el cual se vivía. Pero olvidando tema tan escabroso y ya que hemos hablado de cuestiones doctrinales, cuéntame aquel conflicto que este viejo Ayuntamiento tuvo con la Iglesia allá por el año 1696.

-Amigo visitante: pasaba la población por otra de tantas crisis, cuando este Ayuntamiento recibió órdenes de Madrid para celebrar honras fúnebres por el fallecimiento de la reina y viuda de Felipe IV, doña Mariana de Austria. Como el dinero escaseaba, los municipios indicaron al cabildo catedralicio moderase el pago a los clérigos. Parece ser que no iba a ser así, motivo por el cual los ediles, en vez de en la Catedral, trasladaron el funeral al convento de la Concepción (actual Casa de Cultura), para ahorrar dinero, aunque no dejaron de invitar al obispo para que predicase el sermón, rechazando este la invitación. Y como este ha sido un tema desagradable, te contaré que, allá por aquel año de 1713, fue realizado un censo en la ciudad, dando como resultado 5.350 habitantes, y el mismo Ayuntamiento bajo e cual estamos, debido a que había demasiados mendigos por las calles, estableció que, a partir de entonces, solo podían pedir limosna los impedidos nacidos en la ciudad, debiendo estar registrados en este Ayuntamiento, lo cual tenían que demostrar llevando colgada una medalla con el escudo de Zamora, la cual les era facilitada-

-Bueno, amigo Consistorio, creo que por hoy ya está bien la velada. Espero volver muy  pronto y sentarme en esta tu escalinata para seguir escuchándote.

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