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Redacción
Viernes, 30 de diciembre de 2016
POESÍA

Del canto a la mudanza eterna, el camino entre la vida y la nada de Gregorio Cardoso

El poeta y cardiólogo zamorano edita su tercer libro a beneficio de Cáritas de Zamora, que ya está a la venta en Librería Milhojas y Semuret

[Img #10156]A Gregorio Cardoso, la poesía le surge como la necesidad de ponerle palabras al camino que recorre el ser humano, pero nunca olvida un mensaje superior a su verso: el de la solidaridad. Por eso, estas Navidades ha regresado con un nuevo poemario: “De la nada y la vida”, íntimo, existencialista y sincero, cuya venta íntegra será a beneficio de Cáritas Diocesana de Zamora, con la siempre sensible colaboración de Caja Rural de Zamora y librerías como Milhojas y Semuret.

 

“Han salido a la venta 220, al precio de 10 euros, que irán íntegros para Cáritas”, como nos explica el propio Gregorio Cardoso, en una entrevista concedida a “El Día de Zamora”. “Me gustaría que la gente que lo compre lo haga porque le apetece, porque le gusta la poesía o porque quiere hacer un regalo que, además, ayude a la labor de Cáritas en Zamora”. 

 

Lo primero por lo que le preguntamos es por el título de su poemario, casi un oxímoron entre la vida y la muerte: “De alguna forma, al menos buena parte del libro trata de lo que es la existencia del ser humano, del Universo, la creación de la vida, el origen del hombre, en realidad este libro está formado por dos poemarios en paralelo: uno que nos lleva a lo existencial y otro que hace puente constantemente con este, que es un poemario más concreto, que habla de situaciones concretas que has vivido, de emociones que has sentido, situaciones, a veces muy duras, como los últimos años del alzheimer de una madre, otras más filosóficas, como la primavera árabe en Egipto, también hay poemas más antiguos, como situaciones que se viven con los hijos, cuando luchan por su independencia... Son poemas que estaban ahí y son una evolución de los cantos rodados, del concepto de la eterna mudanza...” 

 

“Yo, que sigo siendo un aprendiz de poeta, no sabría escribir de otra cosa, aunque sea duro. Hay un poema dedicado al hijo de una pareja que se suicidó hace tres años, es el poema de David, para él y para mi tranquilidad interior, pero también para unos padres que yo tengo muy en el fondo de mi corazón, es un poema existencial también, en ese sentido, porque su muerte trajo un cambio, porque se fue la nada y quedó la vida. Yo veo, dentro de esa autodestrucción del ser humano, un fondo de belleza indestructible. Tras todo lo que sufrieron, ahora esa familia fluye de una forma más digerible, más fácil, con dos hijos, con nietos y sin esa energía negativa que lo consumía todo”.

 

“Hay dureza, pero intento que mis poemas, aparentemente tristes, tengan una parte de luz, esa parte positiva que te ayude a vivir. Por ejemplo, en el poema a la muerte de mi madre, no escribo solo de esa catarsis de su deterioro, sino que surgen preguntas sobre dónde está todo lo que fue, qué pasó con su generosidad y, dentro de ese “ubi sunt” quiero que surja esa vida que ella tenía y se quede en mí y en mis reflexiones o en las personas que me lean, no quiero vomitar sobre el papel todo lo más asqueroso del ser humano, sino  intentar darle un contexto de luz, de vida.”

 

Siempre hay un miedo común en los poetas: construir un poemario redondo con poemas distantes en el tiempo o en las experiencias: “Los poemas tienen que tener un acomodo dentro del libro y, una vez que los tienes seleccionados, tienes que procurar no ser muy repetitivo, hay que lograr que la poesía fluya, que sea fresco, que no sea demasiado redundante y que, una vez que pase el tiempo, incluso dos o tres años, vuelvas a enfrentarte a esos poemas y, a pesar de que hayas evolucionado en todos los aspectos de tu vida, que te sientas bien en él, sin haber cambiado nada de la esencia de esos poemas...”

 

Para terminar con nuestro encuentro, invitamos a Gregorio Cardoso a recomendar su “De la nada y la vida”: “Yo espero emocionar a alguien, espero que a alguien le guste acudir al poemario para encontrar consuelo o soltar una lágrima, pero espero, sobre todo, no incomodar a nadie, no frustrar a nadie, porque es cierto que, cuando compras un libro y no te gusta, sientes una sensación muy desagradable de decir: yo quería comprarlo porque me apetecía, conozco al autor y no me dice nada. Aunque no sea más que un poema o un verso, espero dar un poco de arrope a quien lo pueda necesitar y, en algún momento, se sienta aliviado”.

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