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Redacción
Sábado, 31 de diciembre de 2016
OPINIÓN

Susana, “la mandamás” que se espera en Ferraz

El PSOE actual ha pasado a ser una sombra de lo que fue y está lejos del papel que debe representar dentro y fuera del Congreso

[Img #10177]Se acaba 2016, un año que, como todos, habrá traído cosas negativas para unos y positivas para otros. Un año en que se nos han ido grandes figuras de la música, David Bowie, Leonard Cohen, George Michael... pero en el que también se ha recompensado, por primera vez, a un poeta cantante con el premio Nobel de Literatura en la persona de Bob Dylan.

Un año que, para el Partido Socialista, ha sido un “annus horribilis”, a pesar de que se presentaba en las elecciones de las navidades pasadas, como la alternativa al gobierno Rajoy, pero que la aparición de partidos emergentes, graves divisiones internas y la falta de un proyecto verdaderamente ilusionante, dieron un vuelco a los resultados y el partido fue derivando, con ayuda interna, hacia el hundimiento en que se encuentra. 

Se le han abierto, este año superelectoral, al PSOE, diversas vías de agua, que no han sabido achicar, sino que han agravado, empeñados, los pesos pesados, en remar hacia el abismo con tozudez. Finalmente, en contra de toda lógica y por otros intereses, prefirieron entregar el gobierno de la nación a su oponente, y evitar el pacto en ciernes para un gobierno de cambio, que hoy sabemos que fue posible, a “golpe de Ferraz” contra Pedro Sánchez, para impedir que éste se invistiera presidente y eso redujera a cero las posibilidades de Susana Díaz de conseguir el trono socialista. 

Una salida, la de descabezar el partido y dar el gobierno a Marino Rajoy, con graves consecuencias presentes y futuras, inexplicablemente apoyada y aplaudida por los barones socialistas, a pesar de la opinión contraria de la militancia a la que no quisieron preguntar, y, desde luego, la decepción generalizada de la masa social que les había votado con una intención completamente opuesta, la del cambio político en la Moncloa.

El PSOE actual, ha pasado a ser sombra de lo que fue y está lejos del papel que debe representar dentro y fuera del Congreso, aunque se esfuerce en mostrar una fuerza que no tiene. En el Hemiciclo, aparenta que domina la situación y juega a ser oposición, pero ejerce, de hecho, con escasa dignidad, de partenaire del PP, comiendo de su mano y hermanados, más que nunca ambos partidos, afanados en ningunear a Ciudadanos y Podemos, poniendo así, sello de realidad, de facto, a la “Gran Coalición” que el Partido Popular, perdida la mayoría, necesitaba y pidió al PSOE insistentemente. La misma insistencia con que los socialistas, una y otra vez, la habían negado.

Fuera del Congreso, en Ferraz, el partido está aún más desdibujado. Las fuerzas vivas que lo decapitaron, han colocado provisionalmente, en la dirección del partido, a una gestora tan parcial como inoperante, que intenta pasar desapercibida, resistiéndose a convocar un Congreso extraordinario que ponga definitivamente timonel al barco. Al más puro estilo Rajoy, no hacen nada y, cuando aparecen, contestan con absurdas evasivas, a las lógicas preguntas de los periodistas, parece que esperando órdenes del sur. A todo esto, Susana Díaz, a todas luces la “elefanta blanca” que se espera en Ferraz, responsable, con sus líneas rojas, de que su Secretario General no pudiera pactar y convertirse en Presidente, se deja querer y va sumando adeptos entre las “vacas sagradas”, pero no acaba de hacer público su conocido deseo de ser la “Mandamás” socialista y próxima candidata socialista a la Presidencia del Gobierno. Quizás espera a que el herido, el PSOE, se recupere y los contrincantes que puedan oponerle resistencia, pierdan fuelle, para dar el paso con la seguridad de coronarse. 

Cuando lo consiga, si lo hace, mucho le costará, o a cualquier otro, reconstruir el Partido de las ruinas en que lo han dejado los responsables de encender la mecha y dinamitarlo por completo. Y todavía le costará más, que su partido vuelva a obtener una mayoría suficiente para gobernar, tal y como han dilapidado la confianza de simpatizantes y votantes socialistas, que, más que barones o militantes, son, a la postre, los que hacen ganar o perder elecciones. Una pérdida puede que irrecuperable en próximos comicios.

Así las cosas, con el PSOE entregado, C’s desaparecido y Podemos envuelto en guerras fraticidas, el panorama político español, sin una izquierda unida, se ha convertido en el “cortijo” del PP, que, hasta en minoría, campa a sus anchas y va a acabar haciendo de su capa un sayo, aunque concedan, a Antonio Hernando, pequeños logros para maquillar el desaguisado. 
Y Susana, después de poner demasiada “carne ajena” en el asador, puede que consiga su  “Toisón de oro”, para dirigir, probablemente... ¡la NADA!

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