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Redacción
Martes, 3 de enero de 2017
HISTORIA

Confesiones del viejo consistorio a García Rubio, sobre la verdadera historia de Zamora (IV)

Debido al gran terremoto de Lisboa, que causó graves daños en la ciudad, se organizó lo que hoy llamaríamos Cuerpo de Bomberos, entonces, “Cuadrilla contra Incendios”

[Img #10416]Amigo y viejo Consistorio, aquí me tienes, nuevamente, para continuar escuchando cualquier curiosidad acaecida en estas dependencias y que dieron forma, o transformaron, el cotidiano vivir de los zamoranos… ¡Por cierto, aún no hemos tocado el tema de los derribos!

“¡Sin ningún problema, asiduo visitante! Sabes, sobradamente, dónde estaba situada la Puerta de San Cipriano! Pues transcurría el año 1725 cuando, en este viejo ayuntamiento, acordaron que, para bajar a la plazuela de Santa Lucía, construyesen una calzada desde la iglesia de San Cipriano, dirección a la muralla (hay que tener en cuenta que no existía aún la cuesta de Alfonso XII). Pues bien, aquella bajada, llamada de San Cipriano, tenia tanto desnivel que hubo que ser rebajada en la parte superior, hasta tal punto que la puerta de la muralla se resintió, teniendo que ser derribada, y todas sus piedras aplicarlas para dicha calzada. Testimonio de ello una inscripción grabada en piedra y colocada en el citado lugar, que dice: “Reinando la Majestad del Monarca Felipe V, hízose esta calzada, siendo Corregidor D. Ginés Hermosa y Espejo”. ¿Verdad que los apellidos parecen de cachondeo? ¡Hermosa y Espejo!

-Querido Consistorio: cambiemos de tema y hablemos de alguna transformación decidida por nuestros ediles en estas dependencias de antaño, pero de esas que consideres negativas.

“Estás resultándome demasiado curioso, asiduo visitante. A lo que sigue podemos ponerle titular: “Los corralillos de las iglesias”. Transcurría la primera mitad del siglo XVIII, cuando los curas de varias iglesias solicitaron permiso a este Ayuntamiento para cercar algunos ábsides y portadas con una tapia, formando así pequeños corralillos o paneras. Ya de paso tapaban la joya del románico. Algunos de aquellos horrorosos cercados se mantuvieron en pie hasta bien entrado el pasado siglo XX. Por ejemplo, San Cipriano: totalmente cerrado el acceso al ábside y el mirador al Duero. Santiago del Burgo, cerradas las tres portadas con obra de mampostería, y, a la vez, enrejada la entrada principal (se conservan fotografías). Santo Tomé y Santa María la Nueva, tapados los ábsides. La iglesia de San Juan, rodeada de paneras.”

-Por lo que percibo, pétreo Consistorio, aquel siglo XVIII dio mucho de sí para tomar decisiones importantes y curiosas, aunque, a veces, no lo vieran así…

“Llevas razón, asiduo visitante. Ahora, para variar de tema, escucha lo siguiente: Por aquellos años, debido al gran terremoto que destrozó Lisboa y causó graves daños en nuestra ciudad, este Ayuntamiento decidió que, en vez de improvisar voluntarios, como venía haciéndose, organizar lo que llamamos Cuerpo de Bomberos, entonces “Cuadrilla contra incendios”, suministrándose palas, azadones y aguaderas para que las tuviesen siempre dispuestas en sus domicilios en caso de emergencia.  Y para que no cites más al siglo XVIII, relacionado con este viejo Ayuntamiento, escucha la última curiosidad, acaecida, concretamente, en el año 1789, en Zamora cuando la proclamación de C,arlos IV como rey. ¡Escucha, escucha, parece una película de época, pero es pura realidad: Llegó a este Ayuntamiento el Duque de Frías, acompañado de numerosos caballeros, con sus caballos ricamente enjaezados, tremolando el pendón de la ciudad, que, previamente, le había entregado el Corregidor. Ante tanto repique de campanas en esta Plaza Mayor, la vecindad se acercó a ella, pues los citados, desde sus caballos, arrojaban monedas al suelo. Llegada la noche, fue iluminado dicho lugar con antorchas, instalando arco triunfal y diversas decoraciones, mientras las bandas de música ofrecían pasacalles.

-Antañón y admirado Ayuntamiento: yo sé que, cuando tuviste aquí a los franceses, comenzando el siglo XIX, lo pasaron muy mal los zamoranos, pero olvidemos aquello y, de vuelta a tu memoria, para recordar lo que ocurría después.

“Asiduo visitante, aquella triste experiencia sirvió para que una vez expulsados los gabachos fuesen demolidos los signos de vasallaje, como aquí en la Plaza Mayor las argollas, y en esta pared frontal me colocaron una placa bien visible que decía: “Plaza de la Constitución”, en alusión a la creada en las Cortes de Cádiz, con participación del zamorano Juan Nicasio Gallego. Pero volvieron las rivalidades internas. Como la citada placa la habían colocado los liberales, entonces los monárquicos reaccionaron quitándola a la que gritaban su adhesión al rey Fernando VII, restableciendo así el gobierno que había antes de venir los franceses. Pero, como siempre ocurrió aquí, la falta de unión y la miseria general deterioró la situación, hasta tal punto que el primer día del año 1820, se hicieron cargo los liberales, teniendo el rey que jurar la Constitución, acompañaba un grupo de vecinos , proclamándose liberales, aturdiendo con el ruido de sus tambores, luciendo enormes plumeros y molestando, al máximo posible, a los monárquicos. ¡Está visto que no había arreglo! Así que, si te parece, finalicemos por hoy estas memorias. Tiempo tendremos otro día de continuar interminables enredos.

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