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Redacción
Miércoles, 4 de enero de 2017
LA VELETA

El año 2016 fue el del AVE, perdón, el del Alvia... y ¿el 2017?

Pero Mato

[Img #10437]Fue el año del AVE... matizo, el del Alvia. Se nos muere. Pero, con sinceridad, Zamora no ha notado que el viaje desde la capital de España se haya reducido hasta tan solo hora y media, e incluso menos. Creo que las fuerzas vivas zamoranas, mundo empresarial y político, han perdido una gran oportunidad. Viajes hasta Lérida, donde el AVE Madrid-Barcelona transformó la ciudad catalana, pero no se ha sabido remedar lo que los políticos y empresarios ilerdenses realizaron para aprovechar el paso del Tren de Alta Velocidad por su urbe. 
Pero es lógico, porque aquí se vive de la subvención política desde el franquismo.

Pensar provoca náuseas, dolores de cabeza e impotencia sentimental. Habría que vender Zamora, pero, eso sí, después de darle una manita de pintura, de iluminarla, de suturar las heridas de la muralla, de, verbigracia, hacer accesible la torre de la Catedral, de reconstruir las dos puertas de entrada a la ciudad del puente románico; de meter más losetas de granito en las rúas del casco antiguo, que facilitarían el paseo y no provocarían, como las rústicas piedras y cantos actuales, esguinces de tobillos y juanetes en los pies... y convencer a los zamoranos de que las calles, las plazas, los jardines son suyos, patrimonio colectivo, para que no orinen en los sillares de las iglesias, ni tiren papeles, plásticos, inmundicias en la vía pública y  que los dueños recojan las heces de sus canes.

Traer ahora turistas a Zamora podría dar lugar a que no volvieran nunca más en su vida y se llevaran una falsa idea de lo qué es la ciudad del Románico, una joya del modernismo y del eclecticismo. Nuestra ciudad es una ancianita que necesita un tratamiento cosmético, una limpieza de cutis, un maquillaje en su epidermis. Y, cuando logremos entre todos, políticos, pequeños empresarios y ciudadanos (imprescindible su concurso) adecentar, acicalar y purificar la ciudad del alma, entonces hay que gastarse la perra pública en la venta de su patrimonio, de su belleza, de sus manjares, en la capital de España o allende dónde sea menester captar un turista, un bon vivant, para que se pase, como poco, un fin de semana, conociendo esta reserva espiritual, medieval, temporal que es Zamora. Lo que nos llevará a ninguna parte se llama desunión, calumnia y felonía. Trabajen, tirios y troyanos; propongan ideas, montescos y capuletos, porque esta ciudad ya no aguanta otro achaque de dejadez.

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