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Redacción
Lunes, 9 de enero de 2017
CUESTIONES POLÍTICAS

¡Manda huevos, Trillo!

Marino Carazo Martín

[Img #10483]Con la sensatez y saber decir las cosas que tiene Iñaki Gabilondo, después de pronosticar con total acierto el desenlace político de un año tan convulso como 2016 en la política española, manifestaba que "en cualquier país de nuestro entorno, Mariano Rajoy no hubiera podido ni presentarse siquiera a las elecciones, por todos los casos investigados que lleva tras de sí". Y añado yo, que en cualquiera de estos países, Federico Trillo, y otros antes y después que él, hubiese dimitido, o sido cesado, al minuto siguiente de producirse irresponsabilidades tan graves como el accidente del Yak42 en Turquía.

Un cese fulminante de los responsables sería el desenlace lógico en otras latitudes, pero aquí, no sólo se mantiene en el puesto a quienes se han mostrado incapaces o han cometido alguna indignidad, sino que son amparados por el Partido y, posteriormente, el Gobierno Popular les premia con "retiros" de lujo bien pagados en los mejores destinos. Ya son demasiados los ejemplos, aunque es especialmente catastrófico el que acabó con las vidas de 62 militares españoles que volvían a casa, pues es probable que con una mejor gestión y haciendo caso de las quejas y peticiones de los militares en viajes anteriores, pudiera haberse evitado.

Una gestión de los traslados tan mala y un trato posterior de la información y la investigación del accidente tan desastroso, que deberían haber hecho caer, como fichas de dominó, a los implicados con alguna responsabilidad, de una forma fulminante.

Se buscó un ahorro inconsciente en los vuelos con subcontratas y se cambió el modelo de avión por el accidentado, más barato que el modelo inicial.

Se hizo caso omiso de las quejas de los militares sobre las condiciones de los aviones que los trasladaban y, según algún mensaje de las víctimas, se les obligó a subir al que les conduciría a la muerte.

Desde el primer momento, sin investigación alguna y sin los datos de las cajas negras, una de las cuales no funcionaba, se culpó del accidente a un error humano de los pilotos.

Se dio, para quedar bien, prioridad a la repatriación de los cadáveres, pero lo que había, era demasiada prisa por echar tierra sobre el asunto y acallar el escándalo. De tal forma que, nuevamente no se ponen los medios ni la capacidad de gestión adecuados y los restos de las víctimas llegan terroríficamente mezclados y se entregan, como se ha sabido, a las familias, poco menos que a voleo.

Los altos cargos militares, a las órdenes del ministro Trillo y del Gobierno Popular, que se encargaron de semejante desaguisado, fueron los únicos encausados y condenados por una identificación de las víctimas, propia de una película de terror, en que llegaban algunos féretros, no sólo con los nombres equivocados, sino con restos pertenecientes a más de una víctima. En algún caso hasta de tres personas. El Gobierno les concedió inmediatamente el indulto de sus penas.

Tras todo ello y un camino de 13 años, largo y doloroso de los familiares de las víctimas, por fin, el Consejo de Estado ha señalado que el accidente del Yak42, donde murieron los militares españoles, es responsabilidad del Ministerio de Defensa porque tuvo indicios de los riesgos y no actuó. Ante esta tajante resolución, el Presidente del Gobierno, en su línea, calla y manifiesta que no ha leído el informe. Grave si no se ha preocupado de leerlo, pero más grave si lo ha leído y miente.

Y el Sr. Trillo, lejos de reconocer humildemente su probada responsabilidad y culpa, humilla nuevamente a los familiares de las víctimas, esbozando una malévola sonrisa, al acusarlos de querer enriquecerse con más indemnizaciones, mientras. No asume responsabilidad alguna y tira de chulería y se muestra socarrón al decir que es él quien ha pedido dejar la embajada de Londres. Su próximo destino, para colmo, incorporarse al Consejo de Estado, la misma institución que le ha señalado como máximo responsable del accidente.

Si le queda un ápice de honradez y sensatez para atajar un asunto tan grave como éste, el Sr. Rajoy debería asumir su responsabilidad, pedir perdón a los familiares y cesar a Federico Trillo de todo cargo y, sin descartar responsabilidades penales, si las hubiera, quedar, como mínimo,  inhabilitado para cualquier puesto público por una buena temporada, pero desgraciadamente, sabemos cómo cuida el Partido Popular de los suyos, aunque hayan "sido malos" y será difícil.

Tendremos que resignarnos de un atropello más y decir meneando la cabeza en un gesto de decepción: ¡Manda huevos!

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