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Redacción
Lunes, 23 de enero de 2017
HISTORIA

Confesiones del viejo consistorio a García Rubio, sobre la verdadera historia de Zamora (V)

Con el fallecimiento de Fernando VII, llegaron momentos negativos para la ciudad

[Img #10782]-Muy buenas noches, veterano Consistorio: El último día me dejaste intrigado con la movida entre liberales y monárquicos, después de la marcha de los franceses,  en el primer tercio del siglo XIX. Así que vengo dispuesto a escuchar cómo quedó todo aquello.
-Asiduo visitante: aquello quedó en que a los liberales del tambor les duró poco la alegría, una vez repuesto Fernando VII, resultando que aquí, delante de mí, en plena Plaza Mayor, no tuve un solo momento para aburrirme, pues en días de mercado, cuando más gente había, el clero, nuevamente a sus anchas, organizaba misiones religiosas, según ellos para “inculcar al pueblo dichos deberes”. Y ahora viene la curiosidad: Cuando cierto monje franciscano, desde uno de los balcones explicaba la doctrina cristiana, observó que en otro balcón de los soportales de enfrente, tras los cristales, una persona no paraba de gesticular, haciendo muecas y raros movimientos. Se trataba de un deficiente mental y físico, llamado Sr. Gandara, cuyo padecimiento le hacía estar en continuos y muy llamativos movimientos. Pero el franciscano, al ser forastero, lo desconocía, y pensaba que se estaba burlando de él. Entonces, dirigiéndose a la multitud, indicó que, desde aquel balcón alguien se burlaba de la religión. Tras ello, la muchedumbre giró la cabeza hacia el balcón en el que permanecía el deficiente mental, lo que provocó que el Sr. Gandara se pusiese más nervioso, exagerando aún más sus movimientos, motivo por el que se lanzaron al asalto del piso, no pasando nada gracias a mis guardia municipales, quienes conocían, sobradamente, la desgracia de aquel vecino.

-Querido consistorio, creo que, con el fallecimiento del rey Fernando VII, llegaron tan negativos momentos que, hasta tus  añejas piedras se echaron a temblar.
-Asiduo visitante, sucedió en septiembre de 1833, quedando Zamora en uno de los momentos más nefastos, con el comercio arruinado, la educación en total abandono y, como apenas entraba en este Ayuntamiento dinero de arbitrios, pues la pobreza era absoluta, y los pudientes procuraban pagar lo menos posible, mis municipales viéronse obligados a suspender el alumbrado nocturno, a base de petróleo. Hicieron lo mismo con el servicio a serenos, motivo por el cual la llegada de la noche hacía que Zamora pareciese una ciudad abandonada. Si añadimos también que este municipio suspendió el servicio de limpieza, podemos imaginar el dantesco aspecto que ofrecía la población, añadiendo edificios desmantelados y sin repasar desde la marcha de los franceses. Los ingleses habían dejado cortado el puente de piedra, siendo reparado con madera, motivo por el cual constantemente necesitaba arreglos, trayendo al Ayuntamiento, constantemente, de cabeza, pues no había dinero hasta que se pudiese arreglar en condiciones.

-Veterano consistorio, volviendo a temas menos tristes, creo que en los días navideños de 1833, aquí, en este edificio, sus ediles organizaron festejos con motivo de la subida al trono de la reina Isabel II.
-“Asiduo visitante, así sucedió…Volviendo a lo que hoy llamamos películas de época, con la diferencia que aquello era realidad: Pomposos actos oficiales con ricas vestimentas, caballos enjaezados paseando por las principales calles, cuyos balcones habían sido engalanados por los propios vecinos. Este Ayuntamiento  ofreció baile hasta las tres de la madrugada, y, al finalizar cada rigodón, las señoras repetían vivas a la reina. Ahora escucha más curiosidades de estos festejos: el duque de Frías dio dote de doce mil reales, a repartir entre seis doncellas huérfanas, propuestas por este Ayuntamiento. Y llamado Cuerpo de Abogados pagó espléndida comida a los presos de la cárcel, siéndoles servida por las esposas de aquellos; teniendo en la mesa pavos y otros manjares. En cuanto a los funcionarios de Hacienda dejaron el sueldo de aquel día en beneficio de los pobres de la ciudad.

-Añejo consistorio, a lo largo de tanto tiempo,  seguro que recuerdas alguna invasión de tus dependencias, propiciada por el pueblo…
-¡Ya lo creo, asiduo visitante! Nos aproximábamos a la mitad del siglo XIX, cuando los ciudadanos, para celebrar la caída de los carlistas, entraron aquí en masa y deponiendo asientos políticos. Pero, como suele decirse, “se dio vuelta a la tortilla” rápidamente. Así que aquellos que habían celebrado la subida al poder del general Espartero organizaron fiestas por su caída, siendo muchas las familias zamoranas que, privadamente, celebraron en sus domicilios la desaparición de estos. Cuando, por fin, terminó la guerra carlista, este Ayuntamiento, ayudado por el gobierno, comenzó el desmonte rocoso de lo que conocemos Peñas de Santa Marta, con el fin de comunicar con el Puente de Piedra, ya que llegaban justamente hasta la orilla del río, motivo por el cual los vecinos de Olivares y Alto de San Isidro tenían que ir al centro de la ciudad por Puerta de la Feria. Fue cuando este nuevo tramo lo adornaron con pétrea y llamativa puerta, diseñada por don Práxedes Mateo Sagasta: la llamada Puerta del Pescado que hoy se encuentra situada en medio de la rotonda, junto al Cementerio…
-Creo que por hoy ya está bien de charla, asiduo contertulio. Espero tu pronta visita.

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