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Redacción
Lunes, 20 de marzo de 2017
DULCINEA DEL DUERO

"Cuánto más conozco a los hombres más quiero a mi perro" o ¡Cómo te coja te vas a enterar!

Beatriz Recio

[Img #11690]La modernidad de una civilización se mide, entre otros indicadores, por el trato que en su seno se dispensa a los animales. Máxima que nos habla del grado de educación y sensibilidad de los seres humanos que en ella se han formado. Según estos parámetros habría que decir que España es mal país para nuestros hermanos no humanos y no solo para los toros, que también, sino para perros, gatos, asnos y demás especies que conviven con nosotros.
Todos los días se ve algún caso no sólo de abandono, sino de maltrato extremo, perritos robados que sirven de sparring y de comida a otros más lucrativos para sus mal llamados dueños. Pero sin irnos a casos tan denigrantes, en Zamora también se dan odiadores  de nuestros peluditos. Existe un ser, por denominarlo de algún modo, que habita nuestra ciudad, al que las mascotas le molestan sobremanera, considera el individuo que sus derechos valen más que los de cualquiera de los zamoranos que paseamos por las calles, digo esto, dada su reacción de esta mañana ante mi pobre Curro.  
De todos es sabido que a los perros les encantan las esquinas, pues tal día como este viernes, Curro olía extasiado una de ellas, un poquito más arriba del bar Crespo, bar muy recomendable por cierto, cuando semejante ‘ente’ se empeña en pasar entre la pared y la nariz de mi perrillo, intenté, lo juro ante la Biblia, como diría un americano delante de un tribunal, dejarle sitio, a pesar, de que la acera por detrás de mí es espaciosa y está bien adoquinada, no contento con el espacio que conseguí dejarle, sin venir a cuento, ni mediar palabra soltó, semejante acémila, una coz, que gracias a Dios no acertó en el cuerpo de Curro porque si no acabamos en Comisaría. He de confesar que después de eso le ofrecí un trozo de pan consagrado con voladura de gafas incluida, a lo que el aficionado al salto de la grulla me contestó con voces, no pareciéndole bien mi reacción ante su mala acción. No me extraña que viendo semejantes comportamientos con seres indefensos, estemos cómo estamos en este país nuestro.

Aquí solo se sacude al débil, al pobre, al enfermo, al que vive de una pensioncilla, a la madre que saca a sus hijos adelante como puede (que hasta para insultarse la sacan a relucir) somos muy gallitos con mujeres, abuelos y animalillos; con todo aquél que sabemos no nos va a plantar cara. Me pregunto si el ‘meatiestos' hubiera reaccionado igual con un perro más grande y un varón al otro lado de la correa, estoy por apostarles a que no.  
La sociedad y los tribunales empiezan a dar la razón a todos aquellos que detestamos la crueldad con otro ser, sea de la especie que sea. Siento dar a semejante sujeto la mala noticia de que los que amamos a los animales empezamos a ser mayoría y que no le quepa la menor duda de que es batalla ganada.

Recomendaría a tal individuo unas cuantas ‘tilitas’ y unas sesiones de yoga, en la ciudad hay centros muy cualificados que, a buen seguro, le atenderán con muchísima más educación de la que es merecedor.

Caballero, la vida suele devolver con creces lo que se le da y lo de usted va a ser de antología.

¡Qué Santa Lucía me conserve la vista para disfrutar del espectáculo!

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