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Redacción
Lunes, 3 de abril de 2017
DENUNCIAS

El palomar de Carrascal, restaurarlo o perderlo

Un edificio protegido por su singular arquitectura, en un mal estado aún remediable

[Img #11956]Manuel Herrero

“Se equivocó la paloma, se equivocaba”. En esta capital, como en cualquier otra, se dejan ver, con todo su atractivo y simbolismo. Puede que, en algunos casos, no muy acertadamente. 
Cuando su presencia es masiva-habría que determinar a partir de qué número pudiera considerarse-, dejan de ser inofensivas, empezando a ser molestas. 
A quien le toque un nido cerca de su  vivienda, comprobará como dejan su rastro en ese ir y venir. Excrementos que, acumulados, rompen con la estética y dañan el patrimonio. 
La palomina, un abono orgánico, muy utilizado antiguamente, produce una degradación del material de nuestros monumentos, amén de otros posibles riesgos sanitarios.
Las medidas prudentes  a tomar, para minimizar el problema de las palomas pasan por la captura, mediante la colocación, en sitios estratégicos, de jaulas para atraparlas sin causarles daño y su traslado posterior a palomares del medio rural, donde se quieran hacer cargo.
Rural, porque el palomar de la ciudad, el único en el término municipal de Zamora, allá en la carretera de Carrascal, se encuentra en un estado tan ruinoso que ni las palomas pueden utilizar. 
Y, si bien no es deseo de sus propietarios que siga en funcionamiento y que mantenga la actividad, por no interesarles, sí que la administración debería tomar medidas para evitar la pérdida del edificio, por su arquitectura singular. 
En el PGOU, se encuentra incluido en el listado de edificios con protección estructural B, incumpliéndose sus directrices claramente.
Dos de sus paredes exteriores, que sostienen la estructura, dejan notar el mal estado de su cubierta; son brechas que se irán agrandando, conforme pase el tiempo. 
El barro de sus adobes se desmorona. La teja curva, asentada sobre tabla, ya no protege los muros; tampoco el interior, donde ya hay grandes agujeros, de momento,  remediables.
Cierto que, por su condición, la edificación no admitiría, por tamaño y ubicación, otros usos muy distintos para los que fue construida. Pero ello no equivale a que, porque no sirva de momento, haya que perderla para siempre y después arrepentirse, como buen ejemplo tenemos en el caso de las murallas, aun salvando las distancias. 
Por su proximidad al Duero, siempre podría incluirse en cualquier proyecto de paseo fluvial, que pudiera realizarse. 
Y, en cualquier caso, quedaría el tractivo visual. Dentro de lo posible, sí a tu ventana llega una paloma…

 

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