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Redacción
Viernes, 21 de abril de 2017
ANÁLISIS

La victoria es un Jinete del Apocalipsis

Paco Molina

[Img #12174]Puesto que se me habían olvidado quienes eran Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, no tuve otro remedio que buscarlos.

Encontrándome con la sorpresa de que son: La Guerra, la Muerte, el Hambre y….¡¡¡la Victoria!!!.

No sé por qué razón me parecía que el que se me olvidaba era la peste, pero resulta que era  ¡¡la Victoria!!

Salvo que se nos ocultara a los niños porque en aquella época celebrábamos el año de la Victoria (de Franco contra la República), el asunto merece un estudio; ya que, vamos a ver.

Si tenemos en cuenta que los Cuatro Jinetes del Apocalipsis simbolizan cosas malas para el ser humano, repasemos a ver si esos cuatro citados cumplen ese vaticinio (ser cosas malas).

La Muerte está clara que es algo malo porque, incluso por instinto, todos queremos vivir más.

El Hambre es sinónimo de pobreza, a parte del factor explícito que supone el sufrimiento de no tener para comer y desesperarte.

La Guerra, como fuente de todo tipo de desgracias y de sangre, es también un jinete fácil de asimilar con lo que causa dolor (sin límites) a las personas.

Pero ¿y la Victoria?. ¿Por qué la sabiduría Popular ha nombrado jinete del mal a lo que suena tan bien?.

Démosle al coco. Analicemos.

Es indudable que obtener una victoria de cualquier orden supone una alegría, y como tal se celebra.

¿Entonces? Tendrán que ser los efectos secundarios de una Victoria lo que habrá que estudiar.

No cabe duda que obtener una victoria aprobando una oposición (por ejemplo) trae con ello unos efectos secundarios tan buenos o mejores que la propia victoria.

Pero en la época de las Sagradas Escrituras (que es cuando empiezan a cabalgar como leyenda literaria los 4 Jinetes) no existían oposiciones.

El Apocalipsis es un libro del Nuevo Testamento (inspirado por tanto por Dios en opinión de los creyentes; y por la Sabiduría Popular, según los ateos), y aunque en esa época no había “oposiciones”, es fácil que ya se utilizara el dicho de “Enhorabuena”, que se le decía a quienes habían obtenido una “victoria”.

Ese vocablo, “en-hora-buena”, en realidad es una contracción de la expresión más extensa que afirma: “Que esto bueno que te ha ocurrido haya sido en buena hora (porque a veces cuando cambian las circunstancias de una persona, cambia la vida) y si a partir de ahora produces envidia (una victoria sólo se obtiene contra alguien que pierde) no te arriendo las ganancias”.

De hecho hay otro dicho que refuerza lo afirmado, y es ese consejo de la madre a sus niñas: “Hijas mías, si os va bien, ¡¡haceros las cojas!!”.

Pero la Victoria, como Jinete del Apocalipsis, como Atila del Mal, no puede limitarse a una escala tan personal, pequeña y mezquina (la envidia).

Por fuerza que ese maridaje (que casa Victoria y Males) tiene que estar advirtiéndonos de algo más preocupante, de un mal mayor.

Y en efecto así es. La Victoria que equivale a la Guerra, la Muerte y el Hambre, es algo pavoroso para los pueblos (las gentes) porque nos advierte de los desastres que acarrea una Victoria en la guerra.

No hablamos de que nuestra Victoria cause mal al derrotado (que por supuesto).

Hablamos de que la Victoria causa mal al vencedor (en realidad al pueblo del vencedor).

Por no ir muy para atrás, conviene recordar que fueron las primeras victorias de los romanos las que les llevaron a una prolongada guerra de ocupación. Lo mismo podemos decir de los árabes cuando entraron en la península Ibérica. Idem de las guerras de Napoleón motivadas por sus primeras victorias. Por no hablar del sanguinario actuar de Hitler y los nazis.

Si Hitler no obtiene una victoria tras otra al empezar la 2ª Guerra Mundial, no se habría llegado al Holocausto que se alcanzó.

La psicosis de un triunfador (alguien a quien le acompañan las victorias) le precipita en una enfermedad (considerarse infalible) peligrosa para quienes le rodean.

En este momento EE.UU, que encima tiene las mejores bombas (tanto atómicas como caseras) puede buscar una Victoria que le convierta de nuevo en el País Más Grande del Mundo (cómo prometió su actual presidente, alguien que sólo conoce victorias), y a partir de ahí, y cuatro o cinco nuevas Victorias, meternos en la 3ª Guerra Mundial.

¡Por culpa del deseo de Victoria pues, y por culpa de que una Victoria te pide otra, habrá Guerra, Hambre y Muerte!

Cabalgando así, de nuevo juntos, Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

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