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Redacción
Sábado, 22 de abril de 2017
HISTORIA

Confesiones del viejo consistorio a García Rubio, sobre la verdadera historia de Zamora (VII)

En el mes de abril del año 1867, se instaló en la Casa de las Panaderas el llamado Casino Zamorano, con todas las comodidades de la época, como una mesa de billar

[Img #12203]-Amigo y a la vez emblemático Ayuntamiento, como s de suponer, después de tantos siglos sobre tus espaldas, no serán pocas las obras acometidas para procurar tu conservación hasta la actualidad: ¡Ya siglo XXI!
“Asiduo visitante, ya que abre el tema de restauraciones, escucha esta larga parrafada que relato a continuación: Transcurría el año 1618, cuando vieron que mis paredes no ofrecían seguridad, a pesar de ello, tardaron cuatro años en publicar condiciones de la obra, con presupuesto de 2.000 ducados. Parece ser que no conformes con el plan, recibieron todo para mejorarlo y, por tanto, encarecerlo; siendo adjudicada la obra a un tal Cristóbal Oviedo, en 48.000 reales, más 200 que pusieron de su bolsillo los regidores, porque no había dinero. A un lado hicieron una torre para la campana de la Queda, y, queriendo lograr simetría, mandaron construir otra en el lado opuesto, cuyo costo fue sufragado por el Conde de Alba y Aliste, cediendo parte de los salarios que le correspondían como regidor de la ciudad…
Fue acaba la obra sies años después, colocando una inscripción que decía: “Reinando la católica majestad de Felipe IV, la noble y leal ciudad de Zamora reedificó esta casa, siendo corregidor D. Luis Baeza Mendoza. Año 1624”
En el siglo siguiente, 1 de noviembre de 1755, un gran terremoto hizo resentir este viejo Consistorio, obligando a efectuar obras de reparación rápidamente. Para ello hubo que sacar el archivo de su lugar, manifestándose que lo menos tardaron tres años en ordenarlo. Pero no acaba allí sus males, ya que 44 años después (invierno de 1799), unas persistentes lluvias arruinaron gran número de casas en la ciudad, así como la pared posterior de este Ayuntamiento, junto sus casas colindantes en la hoy calle de Los Herreros (entonces Alcazaba). Esto sucedió, concretamente, el 11 de enero de 1800, quedando sepultado parte del archivo; el resto se lo llevaron los regidores para sus casas, mientras duraron las obras de reedificación (tres años). Y, una vez vuelto a instalar, fue notada la desaparición de importantes e históricos documentos de la ciudad”.
 

-Añejo Consistorio, a veces resulta triste escuchar relatos como el que me acabas de contar, aunque supongo que, al cabo de tanto tiempo, habrás tenido de todo. Otro suceso de este estilo debió ser del cambio de placas en tu pétreo muro frontal…
“Asiduo visitante, ese capítulo sucedió a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, escucha: con la marcha de los franceses en 1814, una entusiasmada multitud llenó la Plaza Mayor para ver cómo colocaban una placa con letras doradas, diciendo: “Plaza de la Constitución”. Poco después llegó a España el rey Fernando VII, y las monárquicos volvieron a la Plaza Mayor, quitando y destrozando la placa anterior. Transcurren seis años (1820) y es restablecida aquella constitución, nacida en Cádiz: ¡Vuelven a colocar otra placa igual en el mismo lugar. Pero tres años más tarde, tuve que soportar otro ataque. ¡Y volvieron a arrancar la placa!¡Peor, además, se recibió un comunicado real ordenando: “Sean cortadas las hojas del libro de actas municipales donde había constancia de los sucesos de la ciudad”. Y volvieron a colocar nueva palca, que esta vez decía “Plaza Real”. Pero esta no fue la última placa que vue que soportar, pues  fue sustituida por otra que decía: “Plaza de Isabel II”, que fue inaugurada a bombo y platillo el 18 de marzo de 1836. Pero solo duro cuatro meses, pues colocaron, por tercera vez “Plaza de la Constitución”. ¿Qué te ha parecido semejante enredo?”. Eran cuatro zamoranos y mal avenidos (como suele decirse). ¡No obstante, más o menos, continuó sucediendo en el futuro!”.
“Pues qué quieres que te diga, asiduo contertulio. Aquella era una población cercana a los 9.000 habitantes, donde continuaron surgiendo polémicas como el derribo de la iglesia románica de San Salvador de la Vid, donde después construirían el Mercado de Abastos. O las provocadas por los “aguadores”, quienes recorrían las calles principales vendiendo agua del Duero. ¡Pasaban por mi lado con sus borricos cargaos de cántaros. Y parece que no tenían cuidado alguno en recogerla lejos de las lavanderas  con lo que tenía sabor a jabón. O el poco cuidado que ponían los faroleros, llevando la escalera al hombro en posición horizontal, en vez de vertical para no golpear a nadie cuando se giraban. 
Continuaba siendo la Zamora por donde en calle Santa Clara imperaban las gallinas picoteando en el terroso suelo o pasaban vacas y ternos en busca del pasto de Valorio, añadamos el transitar de carros y borricos, todo ello animado por los cánticos de los gallos y así te seguirían contando. Pero vayamos a lo nuestro, que son las curiosidades acaecidas en este viejo Ayuntamiento y sus inmediaciones. Por ejemplo: Transcurría el mes de abril de 1867, cuando en el hoy desaparecido edificio que había frente a mí, popularmente denominado “Casa de las Panaderas”, instalaron el llamado “Casino Zamorano” y con todas las comodidades de la época. ¡Hasta la primera mesa de billar de carambolas! Desde aquí veían entrar a la alta sociedad para celebrar sus pomposos bailes, mientras en muchas travesías de la ciudad aún existía un rótulo diciendo: “Bajo multa de un ducado, se prohíbe verter aguas mayores y menores en esta calle”. 
Pero mejor será que dejemos por hoy la tertulia, porque estos recuerdos me ponen de mala humor”.

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