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Redacción
Miércoles, 3 de mayo de 2017
9 de mayo

Morales del Vino: otro Cristo más

Sigue sin ser festiva una fiesta que también lo fue en la capital

[Img #12340]Por Manuel Herrero Alonso

Sin ser lo que fue, sigue siendo. Sigue siendo una de las celebraciones más concurridas, bien por tradición, porque otras alternativas escasean, o porque para la fiesta todo el mundo se apunta. La reordenación, hace décadas de los días laborales en el calendario, dejó sin ser festivo nacional el día de San Pedro, y con dos fiestas locales a elegir, se optó por La Hiniesta y el del patrón de Zamora. Así siendo laborable el 9 de mayo, la romería del Cristo no alcanza la masividad de otros tiempos, pero sigue congregando a un buen número de zamoranos, los puestos de venta, las casetas de bebida y pinchos y el público  así lo atestiguan.

                Para facilitar la asistencia la empresa de autobuses urbanos, que verá en esta ocasión sus vehículos completamente llenos, ha dispuesto un servicio especial. Se puede ¡cómo no! acudir en coche particular, aún sabiendo los problemas para estacionar aunque sea lejos de la ermita. Pero, como siempre, hay quien prefiere ir andando. Paralelo a la carretera de Morales es posible esta alternativa. Trazado a veces de tierra con baches, a veces de gravilla con badenes y en algunos trozos coincide con la antigua carretera asfaltada  con socavones.

Tiene la particularidad de ser considerado carril bici y la pretendida y no lograda funcionalidad de unir la capital con el municipio vecino. Cosa que queda lejos de conseguir, por faltarle de todo, salvo los carteles indicadores. Ni existe una separación efectiva, puesto que por ella se debe permitir circular sin riesgo de atropello a los peatones, que, además no pueden hacerlo por otro sitio, ni el tan deteriorado suelo es el más adecuado para rodar, ni se hace un limpieza de los alrededores que preserve los neumáticos de la pinchazos por abrojos, ni en la intersección con la carretera hay facilidades para el cruce, ni siquiera advertencias a los conductores.

Y, llega el día, porque llegará, el del Cristo. Entre tanto barullo, jolgorio y tomando algo, pocos se darán cuenta de que este año se ha segado la hierba. ¡Qué menos se podía pedir! Que las mesas que estaban con sus bancos rotos siguen igual, que las piedras de la trasera de la ermita, allí continúan amontonadas de mala manera. Y que, en definitiva, todo sigue igual. Bueno, no: una caseta-bar, prefabricad,a distorsiona el paisaje, de su coste, uso y utilidad tendrán que pedir otras explicaciones. Nosotros solo pedimos que no llueva ese día, aunque haciendo falta el agua nunca se sabe.

 

 

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