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Redacción
Sábado, 6 de mayo de 2017
NUESTRA HISTORIA

Confesiones del viejo consistorio a García Rubio, sobre la verdadera historia de Zamora (VIII)

Anéctodas y curiosidades acontecidas en la ciudad en el año 1867

[Img #12393]Muy buenas, añejo Consistorio. Nuevamente, me aposento en tu relajante escalinata para que me cuentes alguna de tantas curiosidades como habrás vivido pacientemente en este lugar. Y para tocar nuevo tema: ¿Por qué no dedicamos el siguiente a la correspondencia recibida en este viejo Ayuntamiento?
-No es mala idea, asiduo visitante, por eso voy a relatarte una publicada en periódico de la época: denominado El Iris de Zamora. Dirigida al alcalde, decía así: 
“Por Dios, Sr. Alcalde: Usía no sabe lo qué pasa, y lo que pasa es harto grave, porque lo que pasa es un centenar...¡qué digo un centenar! ¡Un millar de gallos y gallinas robando el sueño a los pacíficos habitantes de esta muy noble ciudad que usía tan dignamente representa: ¡Que ciertos criadas pululen por las calles a ciertas horas de la noche, embalsamando el ambiente con aromas de cuyo nombre no quiero acordarme (bacinillas repletas). Que las calles estén convertidas en gallinero desde que apunta el alba hasta ponerse el sol, es insufrible. Créalo así: Aún no ha amanecido Dios, cuando ya los pintados gallos dan al viento sus cantos despertadores. Usía lo sabe bien cuando una y cien veces se oye el quiquiriquí que crispa los nervios. ¡Por Dios, Sr. Alcalde, ponga remedio a esto!
-Esto, más que carta, ha sido una curiosa denuncia por la que podemos hacernos idea del estado en que se encontraba la ciudad, pero no me importaría escuchar alguna más.
-Escucha la siguiente, correspondiente a una noche de verano delante de mis narices, en plena Plaza Mayor. Dice así: “Parece increíble, pero sucede en la plaza principal y en las aceras más concurridas por todos los que gustan pasear al fresco en las primeras horas de la noche, tengan que huir si no quieren recoger los residuos caídos de los balcones al sacudir manteles y manteos, o ser víctimas de asfixia por las conservas de bacinilla y algunas aguas no potables que se arrojan con frecuencia. ¡Alcalde: que esto suceda delante de la vieja Casa Consistorial, donde suele haber municipales y vigilantes! ¿Qué lindezas ocurrían en los demás puntos de la población?”.
-Amigo, me parece que olvidamos de arreglos en calles y plazuelas. ¿Recuerdas alguno?
-“Escucha este: En el verano de 1867, y en esta Casa, los munícipes acordaron que “el 16 de agosto tenga lugar subasta pública con las debidas formalidades para realizar los remates de las obras del empedrado y aceras de la plaza de los Descalzos (hoy plaza de Fernández Duro), bajo el precio de 725 escudos, y la calle Carniceros, por 140 escudos. Hablando de pavimentación: ¡Cómo debía estar el que hoy llamamos parque de la Avenida (entonces parque de la Glorieta)! Escucha la siguiente crítica dedicada a los munícipes. Decía así: “En el delicioso Paseo de la Glorieta , el más a propósito para las noches veraniegas, se observa poca concurrencia, debido, sin duda, al insoportable polvo que por allí se agita. Sr. Alcalde: La Casa Hospicio tiene un carro con buena cuba y mejores mulas, propóngale que dos o tres horas cada tarde vaya a regar dicho paseo. Pueden hacerlo sin desatender el servicio de la casa y, además, compensaría en parte el beneficio que este Ayuntamiento le dispensa por dejar colocar sillas para los paseantes, a los que exigen una retribución de la cual el municipio nada percibe”.
-Pues no fue mala la idea, de hecho, creo que llegaron a un acuerdo. Aquel verano de 1867, fue un verdadero incordio para los municipales y su alcalde. Llovieron quejas desde todas las partes. Escucha: “La calle Cortinas de San Miguel, situada en uno de los mejores puntos de la ciudad, de ser empedrada cuanto antes. Al final de esa rúa, tenemos la calle San Pablo, y sus malas aceras. Es preferible caminar por el medio de la calle, aún siendo golpeados por los borricos de los aguadores. Y, hablando de aceras, los encargados de servir vino a las tabernas desde las bodegas circulan por ellas cargados con el pellejo, con el riegos de manchar a los transeúntes. ¿Por qué no o hacen por el medio de la calle? Como ves, asiduo escuchante, los temas municipales eran interminables. Y para que vayas haciéndote mejor idea de aquella Zamora con las continuas críticas a este Ayuntamiento, finalizo por hoy con la siguiente curiosidad, denunciada en plan jocoso. Escucha: “dicen que los sábados aquí, en Zamora, nadie debe salir a la calle, pues es día de limpieza. En el balcón colocan los muebles las criadas, siendo fácil que, ante tanta confusión, caiga al suelo algún mueble y te quiebre las costillas o te rompa la cabeza. “Dicho esto, señores guardias municipales, os informo que si vuelvo a ver tantos peligros, seré yo quien os multe, y el dinero lo enviaré al Cuerpo Benemérito de Alguaciles.”
-Querido Consistorio, debo reconocer que hoy lo he pasado muy bien y relajadamente, escuchando algunas de tantas curiosidades y anécdotas, con lo que supongo que este viejo edifico esconde en su memoria. ¡Espero otros días tan buenos como este!

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