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Redacción
Jueves, 11 de mayo de 2017
GUARDACIELOS

Chemtrails: diseñar el léxico para controlar el tópico

‘No hay nada que la opinión pública no pueda cambiar’.– Napoleón Bonaparte.

[Img #12502]Quienes manejan el devenir del mundo saben que Napoleón tenía razón. De ahí que el poder tenga que controlar el debate público en toda circunstancia, para lo que según Klaus Köpfer, ex alto cargo de Naciones Unidas y ex político alemán, ‘se gastan miles de millones de dólares en diseñar el léxico, porque quien controla el léxico controla el tópico‘ Si tenemos en cuenta que existen alrededor de 7.000 idiomas en el mundo, lo que pone de relieve la riqueza lingüística de sus habitantes, y que los finlandeses tienen más de 40 palabras para definir la nieve, ¿a qué se debe que el término chemtrails haya sido adoptado al mismo tiempo en todo el mundo como un incuestionable mantra universal?

Más aún cuando se trata de un término que requiere de traducción y de explicación, porque inexplicablemente no explica nada ni tan siquiera en inglés. Es obvio que el fenómeno de imposición universal de un vocablo nuevo obedece a una poderosa campaña de comunicación cuyo fin nos compete aclarar, visto que solo el conglomerado industrial militar tiene ese poder, capacidad e interés. Considerando que el objeto de una campaña de comunicación efectiva es informar, lograr transmitir un mensaje a un público de modo claro y entendible, sin que genere barreras de comprensión, confusión, dudas o interpretaciones erróneas, es evidente que la campaña relativa a los chemtrails incumple todos los preceptos clave de la comunicación efectiva.

Por lo tanto, si el palabro en cuestión no se entiende, ni explica nada, genera barreras de comprensión, confusión, e interpretaciones erróneas, habrá que deducir que el propósito no es el de informar si no todo lo contrario. No se trata aquí de trazar los orígenes del término chemtrails que casualmente habría acuñado la Academia del Ejército del Aire de los Estados Unidos en 1990, como título de un manual formativo inédito. Se trata más bien de analizar por qué razón un término que supera los 7 millones de referencias en internet, no ha servido para informar si no que se ha convertido en punta de lanza de desinformación masiva sobre la manipulación del clima.

La manipulación del clima requería una actuación global, visible en los cielos de todo el mundo. Con el fin de impedir que la ciudadanía se enterase de ello y se opusiera, había que recurrir a todo tipo de estratagemas desde el ocultamiento y la negación pasando el secuestro del debate, al acoso y derribo del mensajero. Pero el primer escalón para impedir que nazca una lucha social eficaz empieza con la perversión del lenguaje. En esta perspectiva había que potenciar un término que desinformara por igual a la ciudadanía mundial; uno que les permitiría lograr la cuadratura del círculo a nivel global: chemtrails.

Los diseñadores de la perversión del lenguaje trabajan con todo tipo de expertos en distintas ramas de las ciencias sociales y de la comunicación: filosofía, psicología, filología, neurología, programación neurolingüística, marketing, etc.. Pero en el caso del término chemtrails también han intervenido las ciencias militares completando el cuadro con técnicas de táctica, estrategia, logística, propaganda, información, contrainformación, creación de identidades, demolición de identidades, o la negación como respuesta, entre otros. Ante esa perspectiva real de manipulación del lenguaje, lo mejor es atenerse a lo que dicta el sentido común magistralmente expresado por el filólogo español, Lázaro Carreter, Director en su día de la Real Academia Española: "Hay que llamar a las cosas por su nombre, a las acciones por su verbo y a las cualidades por su adjetivo".

Desde el punto de vista del lenguaje nos encontramos aquí frente a un barbarismo sin sentido, exento de verbo, que impide calificar la acción y llegar al sujeto, eludiendo con ello el principio de responsabilidad. Este término no revela la naturaleza deliberada de la acción (fumigar) ni la intencionalidad de la misma, ni su eventual toxicidad visto que el término químico no equivale a tóxico. Y usar la traducción de chemtrails al propio idioma tampoco soluciona el problema de la desinformación. Su equivalente en castellano sería “estelas químicas”; esas que según nuestros metereólogos son normales estelas de condensación que dejan los aviones y que serían inocuas porque se trata de vapor de agua.

La jugada aquí consistía en promover un concepto con inferencias malas (tóxicas) que sería calificado como leyenda urbana, para convertir lo realmente malo en algo inocuo. En primer lugar todas las estelas de los aviones son químicas por definición, puesto que estos no funcionan con inocuo vapor de agua. Y en segundo lugar conviene puntualizar que las estelas de los aviones son todas tóxicas. Los gases de combustión de los aviones fueron considerados altamente contaminantes hasta finales de la década de los 90, que aparecieron las fumigaciones clandestinas de nuestros cielos.

El término en inglés chemtrails, no existía entre las más de 350.000 palabras que componen ese idioma, pero hubo que inventarlo porque era el único con el que podían controlar el tópico, es decir la información y el debate público sobre la ingeniería del clima por oposición al término contrail o estela de condensación. Por su parte el término inglés “contrails” se utiliza en la aviación desde los años 50 aproximadamente y alude a las estelas de condensación que ocasionalmente dejan tras de sí algunos aviones en determinadas condiciones metereológicas según datos de la NASA: altitud superior a los 9.000 metros, humedad relativa de 76 % y temperatura de 44ºC bajo cero. Se trataría de las gotas de agua que se forman en torno a las partículas procedentes de los gases de combustión del avión.

Estas estelas son apenas visibles y su duración antes de disiparse, va de unos segundos a contados minutos. Sin embargo, organismos hoy día desacreditados como la NASA y la NOAA realizaron estudios a finales de los 90, entre los cuales cabe citar TARFOX, ACE-Asia, ACE-I y II, INDOEX y Proyecto SUCCESS – que confirman que se pueden generar “nubes artificiales” y “contrails” en condiciones de baja humedad, dispersando partículas desde un avión; algo que coincide con los principios generales de la geoingeniería. Cuanto más pequeños son los núcleos introducidos en la atmósfera, mayor es la formación artificial.

Esto nos lleva al uso de la nanotecnología reivindicado por los geoingenieros. Pero este dato se mantiene oculto ya que significaría tener que admitir que se están dispersando materiales en la troposfera para fines de manipulación del clima, al tiempo que explicar de qué materiales se trata y con qué impacto. En efecto, las estelas formadas como consecuencia de la dispersión de partículas en la atmósfera con fines de manipulación del clima, que no solo no desaparecen si no que en cuestión de dos horas convierten un cielo azul en uno totalmente cubierto con tonos que van del blanco lechoso a un amenazador gris plomo, al amarronado o al rojo, dependiendo de la densidad y del material dispersado, han sido calificadas como estelas de condensación por determinados “expertos”, y los respectivos lacayos de los gobiernos, entrando a formar parte de este grupo los medios de comunicación y los metereólogos oficiales, quienes aseguran que esas estelas son normales, inocuas y que se trata de ¡vapor de agua!

Con concursos como las fotografías del tiempo nos han convertido a los ciudadanos en piezas de su tablero de ajedrez. Nuestras fotos les sirven para normalizar las estelas en el marco de programas de manipulación del clima y “venderlas” a la sociedad como vapor de agua o como cirros. - Por cierto, el vapor de agua (H2O), encabeza la lista de elementos con más poder de efecto invernadero, muy por encima del CO2 y del metano. En eso consiste el trabajo de los mercenarios de la desinformación, en hacernos creer que esas estelas se deben al aumento del tráfico aéreo, que son normales, que son vapor de agua y que son inocuas; todo ello falso y anticientífico. Este tipo de afirmaciones debiera tener repercusiones penales para quienes lo afirman, especialmente desde medios públicos, por difusión de información falsa y propagandística en temas relacionados con la salud.

En primer lugar si estas estelas fueran normales no habría necesidad de explicación alguna ante su aparición. - Explicatio non petita accusatio manifesta. Basta con mirar los archivos metereológicos de hace 15 años para desmontar esa falacia. De hecho, pillados en el renuncio y para curarse en salud, desde finales de 2016 los metereólogos a las estelas aéreas ya las llaman ¡nubes altas! O nubes decorativas, en palabras de Mónica López; muy en la línea delirante de otra institución en franca degeneración como las Naciones Unidas, que ha pasado de repartir certificados de inmunidad para los ingenieros del clima a repartir certificados de origen de 12 nuevas nubes que no figuraban en el Atlas de las Nubes editado por la Organización Metereológica Mundial en 1987, a pesar de que estas nuevas nubes son todo menos discretas. Para darles caché “vingtage” se ha recurrido a terminaciones latinas.

Entre estas nuevas nubes figuran los rastros de las fumigaciones de nuestros cielos bajo el nombre de ¡Homomutatus! Los peores escenarios de George Orwell en su film 1984 han sido rebasados con creces. Veamos lo que tienen esas nubes altas, decorativas o “homomutatus”, en vez de gotitas de agua. Sin contar con los materiales dispersados por los aviones para la manipulación del clima que según el científico Marvin Herndon podría tratarse de cenizas volantes de carbón, extremadamente tóxicas, los carburantes fósiles producen los siguientes gases en la combustión: dióxido de carbono; agua que se congela inmediatamente al contacto con las bajas temperaturas de más de 40º bajo cero, monóxido y dióxido de azote, dióxido de azufre, además de etileno, formaldehidos, acetileno, propeno, y 47 sustancias más entre las cuales el benceno.

El dibromuro de etileno, un pesticida prohibido en la agricultura por la EPA en 1984 por ser cancerígeno (EPA-420-R-09-902 Mayo 2009), se ha incorporado a determinados carburantes aéreos. Provoca fatiga general, vómitos, diarrea, dolor de pecho, tos, e irritación de las vías respiratorias. Esto sin contar con los aditivos de los carburantes antioxidantes, anticorrosivo, anticongelante, antiestático, aditivos biocidas antimicrobianos, y un largo etc. ¿Puede algo así considerarse inocuo vapor de agua? Los gremios de la comunicación y la metereología al servicio del engaño masivo para ocultar la geoingeniería pasarán a la historia; pero deberán un día ser juzgados como cómplices necesarios de este crimen contra la humanidad en particular el de los metereólogos.

En los Estados Unidos, como nos explica el respetable activista Dane Wigington en su web www.geoengineeringwatch.org, de referencia internacional, Raytheon, el tercer mayor contratista de armamento, implicado en áreas de investigación climática para uso militar con Weather Modification Nanotechnology, es quien elabora los partes metereológicos para el American Meterological Service, después de que la NOAA (Administración Nacional, Geográfica y Atmosférica) le vendiera esa competencia. En otras palabras, los servicios metereológicos a nivel global están militarizados, en manos de corporaciones de armamento implicadas directamente en la manipulación del tiempo y del clima, con la NOAA como correa de transmisión a los demás servicios metereológicos en el mundo incluido AEMET. - Es realmente la concreción de la fábula del zorro al cuidado del gallinero. 

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3 Comentarios
Brok Bastard
Fecha: Jueves, 18 de mayo de 2017 a las 14:26
Artículo tendencioso y paranoico más destinado a tirar balones fuera y justificar una conspiranoia que ha demostrar ningún hecho, dada la incapacidad del colectivo que la promueve para presentar ninguna evidencia contrastable sobre los hechos denunciados.
Juan
Fecha: Jueves, 18 de mayo de 2017 a las 14:21
Magufos incultos.
Josefina fraude
Fecha: Jueves, 18 de mayo de 2017 a las 14:14
Otra estupidez magufa mas.

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