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Redacción
Miércoles, 5 de julio de 2017
DIVERTIRSE

Acaban las fiestas, los problemas siguen

La resaca de San Pedro

[Img #13628]Manuel Herrero Alonso

                Al lado del contenedor yacía un sofá completamente calcinado. Concretamente, quedaba su esqueleto, con las huellas excesivamente  evidentes del fuego sufrido. Aun permanecía adherido algún trozo de esponja y tela chamuscada, hasta el punto que resulta imposible conocer de qué color fue. Cumplió con una segunda vida útil, posterior a la que le dio una familia en su casa. Sirvió de mobiliario en el local de una peña de San Pedro, donde pudo ser utilizado hasta para sentarse. Es evidente que el fuego acabó con su existencia y que debemos felicitarnos de que no ocurrieran daños mayores. Suerte que, en el momento del siniestro, alguien de los que allí se encontraban tuvo la suficiente responsabilidad para acabar con las llamas.

                No muy lejos, y sin que el armazón hubiese sido retirado por los servicios de limpieza, los bomberos era requeridos para intervenir en un local, terminando la cuesta del Pinedo. El utilizado por jóvenes componentes de una peña los días de fiesta. Algo está pasando y queda claro. Los locales usados para estos fines no tienen que cumplir con reglamentación alguna, ni pasar ningún tipo de inspección, que les autorice. Nadie comprueba la seguridad de los mismos, a pesar de que en su interior, se reúnen un buen número de personas. Tienen patente de corso. Las consecuencias de su uso se dejan a la suerte sin exigir responsabilidades.

 Poco responsables fueron quienes cada noche impedían con sus ruidos conciliar el sueño a los vecinos. Cuántos estuvieron  toda la noche sin dormir, así un día y otro, durante todas las fiestas. Y lo peor, madrugando para ir a trabajar sin poder haber descansado, para así producir para el común; mientras, otros se quedaban en la cama pasando la resaca. ¡Qué menos que paradójico!

                Sonaba la orquesta Malibú en la plaza, pero los componentes de una de las peñas se concentraban a la puerta de su local, allí bebían, bebían y …bebían. También cantaban. Alguien salió por la ventada a decirles que callaran o llamaba a la policía. Otros vecinos ya lo habían hecho, pero de nada sirvió. Nadie impidió una concentración masiva sin autorización, donde se ingerían bebidas alcohólicas en la vía pública, de la cual participaban menores de edad y se impedía el paso de los vehículos, entre otras cosas. Como la de poner en peligro la seguridad de las viviendas cercanas y, por ende, de los vecinos. Pero lo peor, había a pocos metros un espectáculo musical de prestigio gratuito para su diversión del que directamente pasaban. Obvia comentar que no todos los componentes de las peñas se comportan de la misma manera y que, injustamente, tengan que pagar justos por pecadores.

                 

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