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Redacción
Miércoles, 12 de julio de 2017
NUESTRA HISTORIA

Confesiones del viejo consistorio a García Rubio, sobre la verdadera historia de Zamora (XI)

El primer centenario del 2 de Mayo de 1808 se celebró por toda la ciudad

[Img #13746]Admirado Ayuntamiento: desearía comenzásemos relatando alguna sesión municipal, celebrada entre tus seculares muros.
“Amigo visitante: Con mucho placer y, sobre todo, memoria. Citaré una correspondiente al ya tan lejano verano del año 1906. Reuniéronse el alcalde, D. Isidoro Rubio, y los concejales señores Arribas Aguiar, Calonge, Sánchez, Álvarez, Suárez y Muñiz. Tomaron los acuerdos siguientes: Arreglar la calle del Riego, que se encuentra intransitable, debido a la gran cantidad de enfermedades que, últimamente, viene padeciendo la ciudad, sobre todo gastrointestinales, sean analizadas aguas y alimentos, comprando una estufa de cultivos que costará casi 500 pesetas, y asi ver si los líquidos contienen elementos bacteriológicos. También se propone al arquitecto municipal estudie la forma para ver si se pueden urbanizar los terrenos existentes entre las Tres Cruces y la bajad a la Estación del Ferrocarril. Que se coloquen treinta o cuarenta bancos en la avenida de Requejo, que se venda a 0,30 cts el kilogramo de pan, que se abra al público la Puerta de la Muralla, llamada del Carmen o Mercadillo; dirigir escrito a la Diputación para que ceda la tierra denominada “Los Cascajos” para el precio que la adquirió; con el fin de entregársela al Ministerio del Ejército para que construyan un Cuartel (hoy campus universitario). 
Hasta aquí, asiduo visitante, lo más destacado de aquella sesión. Ahora veamos la respuesta pública sobre el estado sanitario. Decía así: “Zamora está tan mal en lo referente a higiene que los desconocedores de cómo se administran nuestros intereses dudarán si en el presupuesto municipal hay alguna cantidad señalada para esta atención. Se consiente barrer calles sin regar previamente. Por la mañana, temprano, cuando se abren balcones, ventanas y puertas, los empleados barrenderos se dedican a eso, barriendo las calles. Sr. Alcalde: es necesario decir que la escoba municipal, sin previo riego, no limpia...¡ensucia! y levanta polvo y basuras que hay en las calles, lanzándolos a la atmósfera, a las viviendas, a los transeúntes, a los alimentos expuestos en la puerta de las tiendas, etc”.

-Amigo Consistorio: dejemos quejas para otro momento, y ahora háblame de algún momento alegre y conmemorativo.
“Asiduo visitante: sin alejarnos de la época que citamos, ahora recuerdo aquel 2 de mayo de 1.908 en que prepararon el primer centenario de la guerra contra los invasores franceses. A las seis de la mañana, después de recorrer calles y plazuelas, ya tenía aquí, frente a mí, los músicos y dulzainas haciendo sonar dianas y alegres pasacalles. A eso de las diez y media, entraron en este Ayuntamiento las autoridades, encontrándose toda la Plaza a rebosar de zamoranos, esperando la salida del Consistorio para acompañarlos al Paseo Requejo al sonido del pasodoble titulado, precisamente, “El 2 de Mayo”. Según contaban después, por aquí, se celebró misa en el templete de la Avenida, dirigiéndose más tarde hasta la Puerta del Pescado, (situada entonces en el cruce con Cardenal Cisneros, junto a la hoy Universidad). Allí, el alcalde descubrió una placa que decía así: “Arco de la Independencia, en el primer centenario de tan gloriosa epopeya”. Aquel día este Ayuntamiento donó mil kilos de pan para los pobres, haciéndose romería junto al citado Arco (Campo de los Cascajos). Llegada la noche, unas 300 personas, con antorchas encendidas, procesionaron una pirámide conmemorativa de la batalla de Villagodio. Y, para que veas, asiduo contertulio, cómo en esta vida alegría y desgracias cabalgan juntas, pocos meses después, víspera de la Nochebuena, este Ayuntamiento vistió crespones negros, pues, de rápida enfermedad, falleció nuestro alcalde, don Manuel Arribas, contando tan solo 37 años. Aquella manifestación de duelo fue difícil  de superar, pues la ciudad entera, sin distinción de clases, asistió al entierro. Mi campana de La Queda dobló hasta después de sepultado el cadáver”.

-Amigo Consistorio: Según deduzco de tu relato, el Sr. Arribas debió ser un alcalde muy apreciado en la ciudad, cosa harto difícil tanta unanimidad...
“Pues claro que era algo fuera de lo normal, pero la vida sigue, y, como suele decirse, Año nuevo, vida nueva. Así que tres meses después, marzo de 1909, la nueva Corporación Municipal acordó derribar el viejo templete que había en el Paseo de San Martín, para la música, aprobando la construcción de aquella preciosa casita para el guarda del Paseo de la Avenida de Requejo (estaba situada junto al Instituto “Claudio Moyano”, y la que hoy es Delegación de Cultura”.

-Añejo Consistorio: hasta ahora, hemos hablado de alcaldes, pero nunca de la forma de elegirlos. 
“Me alegro me lo recuerdes, asiduo contertulio. Esto trae a mi memoria la siguiente curiosidad acaecida, comenzando el año 1910. En sesión municipal, el concejal Sr. Rueda, propuso al alcalde Sr. Caldevilla, se arreglase la calle de las Damas y algunas del arrabal de Olivares, pues “¡era my penosa transitar por ellas pidiendo votos!”

-Viejo Ayuntamiento, hasta aquí hemos llegado por hoy. Deja de estrujarte la memoria, pues ya tendremos más días.

 

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