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Redacción
Miércoles, 12 de julio de 2017
DENUNCIAS

Los responsables no se han mojado con el último asfaltado

De hacerlo, pondrían remedio

[Img #13767]Manuel Herrero Alonso

Hace unos meses, asistimos al asfaltado de un buen número de calles de la ciudad. Eran muchas las calzadas necesitadas. Buena parte de ellas se encontraban en muy mal estado. Para algunas llegó el nuevo firme, otras esperan que llegue su momento. Como en otras tantas cosas, hay opiniones sobre si se debió de actuar entonces sobre estas, o sobre aquellas que  quedaron pendientes. Está claro, nunca llueve a gusto de todos.

Y para satisfacción de algunos llovió. Sirvió para comprobar los defectos. Para los coches la circulación aceptable: estaría bueno que no fuese así después de lo que nos ha costado. Para los peatones, no tanto. Después de que deja de llover y la gente se anima a salir de casa tienen que seguir mojándose, eso, o correr algún que otro riesgo.

 Expliquemos que algunos, faltaría más que pasara en todos los casos, de los pasos peatonales que han visto renovado su firme, los días de chaparrón se llenan de agua. Charcos que cubren completamente el espacio específico y destinado a cruzar y que no desaparece acabado el aguacero. Ante tal circunstancia. el viandante, que ha evitado dentro de lo posible mojarse, tiene dos opciones: o pisar directamente sobre la acumulación de líquido con el resultado esperado, o bien buscar una alternativa de cruce por otro lugar, que evidentemente no es el adecuado y afrontar las posibles consecuencias. Un ejemplo de tantos como ahi se da en Pablo Morillo, esquina con Juan II.

 Podría servir como disculpa, que resulta difícil  conocer el resultado, hasta que no llega el primer día de lluvia. Parece mentira que, con los medios técnicos de hoy en día, esto pase, y más con la capacitación que se le supone a alguno y que puede que algún día demuestre tener. Pero lo que resulta inasumible es que, comprobada, tanto la chapuza señalada como otras, no se ponga remedio para solventarlo. Lagunillas al lado de la acera y hasta un poco más allá, por las que nos tenemos que mojar, nosotros. Ellos, los responsables, no parecen hacerlo. No quieren mojarse.

 

 

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