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Redacción
Miércoles, 2 de agosto de 2017
CARA A CARA

Lo que le diría a Francisco Prieto, gerente de Zamora 10

Eugenio-Jesús de Ávila

[Img #14204]Esta mañana asistí a la primera rueda de prensa del gerente de Zamora 10, un zamorano que lleva por nombre Francisco y un apellido muy de la tierra, Prieto, y el segundo tanto o más, Toranzo. En principio, parece profesional preparado, de verbo fácil y sencillo que confesó lo que todo zamorano con dos dedos de frente, que pasee por la ciudad y viaje por la provincia, que Zamora no está bien.  Fue bondadoso en la expresión. Yo diría que Zamora se halla en coma inducido.

Por supuesto, no pregunté. No me gusta ser parte del coro de periodistas. Las preguntas me gusta formularlas a solas, con mi interlocutor. No tengo por qué explicar la razón.  No obstante, si Francisco Prieto y un servidor hubiésemos hablado un rato, y me hubiera permitido un breve exordio, le habría dicho: Zamora, ciudad y provincia, padece, en lo positivo y en lo negativo, las inversiones del Estado.  Resulta algo histórico. Cuando el Estado se retira, hecho que aconteció en los primeros años de la década de los ochenta, Zamora se viene abajo.

Valoremos lo que acabo de escribir, que no deja de ser una de mis hipótesis más reiteradas en mi periódico. Cuando Felipe González y el PSOE que, dicho sea de paso, nada tiene que ver, salvo el nombre, con el de Pablo Iglesias, Largo e Indalecio Prieto, toman el poder, tras le hara-kiri de la derecha española, se cierran líneas férreas que perjudican seriamente a nuestra ciudad, con pérdida de cientos de puestos de trabajo en Renfe. Después, porque así lo consideraron los genios socialistas, se traslada el Regimiento Toledo a Salamanca, después de décadas de prestar sus servicios en el Cuartel Viriato. Más de mil personas que vivían en Zamora, con todo lo que ello significa: alimentarse, salir de vinos, comprar prendas y calzado, ir al cine, divertirse,  se marchan. También la cárcel deja de ser edificio que alberga internos y funcionarios. Otros cientos de personas que se van. La Universidad Laboral, creada por Carlos Pinilla, se vacía de alumnos, más de mil en su mejor momento.  Campsa, Iberduero, Caja Zamora, absorbida por Caja León,  son otras de las empresas que desaparecen, casi por completo, de nuestra tierra.  Por supuesto, víctimas de esta dinámica económica del Estado, fueron las emblemáticas firmas del comercio zamorano: Bazar J, García Casado, Almacenes Roncero, El Candado, por citar las más memorables, y el propio Mercado de Abastos. Y, además, y la gente del común no ha caído en la cuenta, el felipismo, porque así se lo pidió Europa para entrar en el Mercado Común, además de las reconversiones siderúrgicas, navales, mineras, ejecutó otra, de forma silenciosa, pero cruel: la agroganadera. 

La agricultura y ganadería zamorana se desangró, la quebraron, la vendieron por un plato de lentejas con bichos. Ahí están las pruebas. Los habitantes del medio rural que gastaban en la capital de la provincia dejaron de venir, porque se fue, su población más joven, lejos de las fronteras geográficas zamoranas. El comercio local padeció este durísimo golpe, porque si la provincia perdía habitantes, tanto como para definirla como un  desierto demográfico en sus comarcas más occidentales, el consumo tendría, por fuerza, que disminuir drásticamente.

Solo me quedaba por pronunciar mi corolario: Zamora sin inversiones del Estado no es nada. Zamora solo tiene futuro si el Estado la trata con cariño, cómo merecen los zamoranos. Ahora mismo, hay un paisano que manda mucho en la formación política que administra la res pública: Fernando Martínez-Maíllo. Por lo tanto, hablen los prohombres de Zamora 10 cuanto antes con esa figura política zamorana para que intente, en la medida de su fuerza política, cambiar la actual dinámica económica, social, demográfica de nuestra ciudad y provincia. Es un asunto de vida o muerte. No son palabras. Hechos cotidianos. 

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