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Redacción
Miércoles, 16 de agosto de 2017
DENUNCIAS

Los conejos: isla de libre acceso.

El bajo caudal permite que se llegue caminado sobre el azud

Manuel Herrero Alonso

De las islas urbanas del Duero, privilegiada con sendas pasarelas, está la de Las Pallas, a la que, sin otra oferta que la del paseo, se accede durante todo el año. Desde la mencionada, en verano se habilita una balsa que ideara el señor Bernardo, para pasar a la que acoge al club Náutico. Aguas abajo de ambas, allá donde la desaparecida toma de aguas de la ciudad, nace la de los Bañaderos, donde, dejándose de utilizar como zona de baño, se descartó para otro uso recreativo y, por atender otros intereses, se le privó de un puente de acceso, a pesar de que ello no entrañaría excesivas dificultades por separarla de la orilla escasos metros.

 No hay, no estimaron oportuno colocarlo, ningún puente de acceso. Pero, llegando el verano, y sin mojarse, se puede a acceder, caminando sobre el azud del puente de los Tres Arboles  o bien desde la pequeña represa  a la altura de la piscina sindical. Sin que sea habitual y este año, debido a la gran sequía, también puede hacerse hasta la isla de los Conejos desde el azud, bien por la parte donde se inicia, en el puente del Ferrocarril, o donde concluye en las aceñas de Cabañales.

Caminar sobre las piedras no resulta difícil, para algunos menos, seguir sobre el lomo de la represa no tiene perdida, está completamente seco. Aunque sí que se puede encontrar algún tropiezo, porque no es precisamente una pasarela para andar sobre ella. Pero, también es verdad, que muchas aceras de la ciudad no están mucho mejor.

 La aventurapuede iniciarse desde el comienzo del azud, en las inmediaciones del puente del Ferrocarril, donde los dos mayores obstáculos son salvar los cortes de las dos compuertas, que tuvieron que crear por aquello de que en la planificación de las reconstrucción erraron los cálculos y quedaban  la margen derecha completamente a secas. Cosa que resuelve la ingeniería popular de quienes por el lugar deambulan, mediante la colocación de troncos por los que pisar salvando el obstáculo, con barandilla y todo.

 Antes de llegar siguiendo el azud a la isla del Duero entre los puentes de Hierro y de Piedra, hay otras de menor tamaño, como la que habita el conocido Robinsón, bien visible desde el puente de Hierro, de la que ya hablaremos. Llegando a los Conejos, se nota algo casi salvaje, con restos de que allí ha llegado alguien de la civilización y no por las huellas en la arena de sus pisadas, sino por otros restos dejados. Entre grandes pinos y  sus piñas en el suelo, acacias, almendros y hasta alguna viña, puede verse un panorama diferente de la ciudad, el puente medieval, las aceñas y La Horta. El regreso puede hacerse dando media vuelta o siguiendo la continuación de la represa hasta las aceñas, claro que el trayecto también puede hacerse siempre  a la inversa.

 

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