Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Redacción
Lunes, 4 de septiembre de 2017
TRIBUNA LIBRE

“No tinc por”... sin miedo, sin venganza, sin odio

Marino Carazo Martín

[Img #14786]Apenas iniciada la tarde del 17 de agosto, soplaron vientos de muerte en la Ciudad Condal. De Canaletas hasta el emblemático mosaico de Miró, una veloz trayectoria asesina cubrió de muertos y heridos el suelo de la Rambla barcelonesa y heló todos los corazones. Las víctimas, inocentes, no albergaban otra culpa que dedicar su descanso a visitar tan hermosa ciudad o pasear por ella. 

En Barcelona, como antes en Madrid y otras ciudades del mundo, un grupo radical yihadista sembró el terror con su barbarie criminal, planeando y llevando a cabo un nuevo y cruel atentado. 

Los atropellos de la Rambla provocaron de inmediato, en todos nosotros, la indignación y total repulsa por unos salvajes asesinatos sin sentido, pero también, como pretendían los terroristas, dividieron a la población, despertando en muchas personas, no sólo el odio más exacerbado contra los criminales, sino también, injustamente, a toda la comunidad musulmana. 

Desde el primer momento, la respuesta de los ciudadanos, que estaban en disposición de hacerlo, fue de ayuda y apoyo a las víctimas. La solidaridad desbordó en todos los sentidos, del mismo modo que fue total la colaboración con las fuerzas de seguridad que así, en tiempo récord, los Mossos pudieron detener o abatir a los miembros del comando terrorista y, unos días después, completar el círculo con la muerte del conductor de la furgoneta, que había buscado refugio entre unos viñedos de San Sadurní. 

Una solidaridad y colaboración ciudadana y un rápido éxito policial que contrasta, tristemente, con la aparición, también casi inmediata, en la calle y sobre todo en las redes sociales, de una islamofobia que yacía latente y que estos actos de Barcelona y Cambrils despertaron de golpe. Mensajes de todo tipo, dictados por el odio, inundaron las redes sociales. En alguno de ellos, simplemente se pedía a los musulmanes una condena pública de los actos. Condenas y manifestaciones que se fueron sucediendo. Otros, más encendidos, reflejaban auténticas barbaridades y deseos de acciones irracionales contra la comunidad islámica. El tremendo dolor por las víctimas y la enorme rabia del momento, nunca puede ser suficiente para justificar tanta crueldad vertida, tanto odio y deseo de venganza como algunos de estos mensajes destilaban. 

Pero más grave, si cabe, es cuando emitían este tipo de proclamas, incendiarias para la convivencia, personas a las que, por su nivel cultural y educativo, se les supone un criterio más racional a la hora de valorar hechos tan luctuosos y saber distinguir entre la responsabilidad de los autores de la masacre y sus familiares y/o miembros de su comunidad. El Tweet de la periodista Isabel San Sebastián, anunciando la expulsión de los islamistas como se hizo en la Reconquista, no tiene desperdicio. 

No más afortunados y, por ello, son más despreciables quienes, desde su posición social de cierto privilegio, usaron las muertes producidas en el atentado para atacar gravemente a personajes que no les son afines ideológicamente. Tanto a Santiago Martín, cura de Madrid, desde su púlpito, como a David Pérez, alcalde de Alcorcón, no les dolieron prendas en acusar de los atropellos de la Rambla, aunque fuera indirectamente, a Ada Colau, por “allanar el recorrido a los asesinos”. El “curita”, metió también en el saco de su mierda oratoria, a Manuela Carmena, calificando a ambas alcaldesas de “comunistas radicales de extrema izquierda”. Ni la Iglesia, ni el PP, han tomado medidas al respecto. Ambos siguen, inexplicablemente, en sus puestos.

El contrapunto de tanto odio resucitado lo dieron, sin duda, los padres de Xavi, el niño de 3 años de Rubí, víctima del atentado, al fundirse en un abrazo generoso e intenso con el Imán de esa localidad cercana a Barcelona. Un abrazo en el que compartieron llanto sincero y empatía con el dolor del otro. Fue la mejor versión del ser humano en semejantes circunstancias.

La convivencia y la integración es fundamental, y el mestizaje de razas y culturas supone riqueza, más que motivo de preocupación. Ningún atentado, por grave que sea, puede desviarnos del camino emprendido de conciliación social. No podemos caer en la intolerancia de rechazar cualquier cultura diferente a la nuestra. Debemos huir de la xenofobia contra emigrantes o refugiados y desterrar el racismo que supone el poder creernos superiores por haber nacido aquí o tener una piel más o menos clara. Del mismo modo, hemos de evitar la tentación de culpar a toda una comunidad por los actos de unos cuantos radicales asesinos de entre sus miembros.

Volverán a darse atentados terroristas, aquí o en cualquier parte del mundo, y cualquier aumento de la seguridad nunca debería ser a costa de la merma de nuestros derechos o la propia libertad. Pero una vez ocurridos, las decisiones que se tengan que tomar, a nivel personal e institucional, nunca han de ser fruto del dolor inmediato, la venganza y el odio. La radicalización nunca es buena, venga de donde venga. 

Mi dolor y total solidaridad con todas las víctimas de Barcelona, mi condena más rotunda de los salvajes atentados y mi absoluto rechazo a los terroristas asesinos. Pero nunca conseguirán mi miedo, ni mi odio... “No tinc por”.

¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
El Día de Zamora • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress