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Redacción
Miércoles, 6 de septiembre de 2017
DENUNCIAS

Orines humanos y excrementos caninos para recibir a los niños

A la puerta de los colegios Jacinto Benavente y Riomanzanas

[Img #14831]Texto y fotografías: Manuel Herrero Alonso

 

Se acabaron las vacaciones. Con más o menos ánimo hay que retomar  las rutinas invernales. Comienza un nuevo curso y los niños tienen que acudir a clase. Lo primero que pueden encontrase a las puertas del edificio, antes de que olfativamente lleguen otras percepciones, son unas regueros  que, si bien, visualmente no son muy agradables, bastante menos lo parecerán conociendo su procedencia. Efectivamente, se trata de orines humanos. Es el colegio Jacinto Benavente. Cada fin de semana, las inmediaciones sirven de aparcamiento para aquellos que en la zona de marcha de la Plaza quieren tomar algo. Como estacionar en la zona no tiene costo, que menos que agradecerlo dejando además huellas.

El líquido ingerido, en cualquiera de tantos bares de copas, hay que desalojarlo  antes de volver al vehículo, y nada mas propicio, que entre dos coches, o ahí mismo en la pared de las escuelas. Afortunadamente, el primer chaparrón diluye todas esas marcas, haciéndolas desaparecer, pero llueve cuando llueve y los niños acuden al colegio desde primera hora del lunes. Cuanto ayudaría una limpieza mecánica, con agua jabonosa a presión, pero esta operación, que se realiza en la zona céntrica, no llega aunque sea conveniente para los barrios pobres.

                Cosas que los adultos hacen, porque les place y que los niños soportan por obligación,  desde los tres años tienen que ir al colegio. Allá casi en el otro extremo urbano, en el centro educativo Riomanzanas, la situación no es por orines precisamente,  ni de personas. Son los excrementos de los perros. No, no es problema de que los animales abandonados acudan a hacer sus cosas a la puerta del colegio. Son los compañeros humanos, con actitud meritoria para  recoger las deposiciones y desprenderse de la bolsa, allí precisamente en la esquina del patio del colegio, aun teniendo contenedores, no lejos.

                Actitudes particulares aparte, el entorno del colegio, está suficientemente degradado, como para necesitar una intervención exhaustiva. No solo por la cuestión de limpieza, aunque si convendría, empezar por ella. Ciertos habitáculos cercanos casi ruinosos y que no son viviendas, algunos de ellos abiertos sin que nada impida el acceso, se mantienen de momento en pie, un peligro. Los niños acuden al colegio al lado.

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