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Redacción
Viernes, 8 de septiembre de 2017
ME QUEDA LA PALABRA

Preguntas sobre la concesión del premio "Embajador de Zamora"

Eugenio-Jesús de Ávila

[Img #14872]El Jurado de los Premios “Tierras de Zamora” falló. Nada qué decir en general; pero sí en la designación del galardón “Embajador de Zamora”. Me explico: se lo conceden a El Correo de Zamora por sus 120 años de vida. Primera pregunta: ¿Por qué no se lo otorgaron cuando cumplió cien años, una cifra redonda, auténtica, bonita?

 

Han tenido que pasar otras dos décadas para que recayese en este medio que se fundó en el siglo XIX, en concreto, en 1897. Les juró que yo no había nacido. Como trabajador, durante siete años de mi vida, de El Correo de Zamora, periódico en el que comencé mi carrera profesional, y al que amé, algo me toca.

 

No obstante, continúo con mis preguntas, lógico en toda persona que se dedica a esto de la comunicación: ¿El premio se le concede a El Correo de Zamora, como embajador de nuestra ciudad y provincia, como propagandista de los 40 años del franquismo; o por tomar partido por el bando nacional en la Guerra Civil, acaso realizó proselitismo internacional de la II República, o de la Dictadura de Primo de Rivera, o de la Restauración borbónica? ¿El galardón se lo merece El Correo de Zamora privado o el que perteneció a la Prensa del Movimiento o del Estado?

 

Yo trabajé en El Correo cuando fue adquirido por una serie de empresarios, profesionales e intelectuales zamoranos. Conocí la censura. Correría el año 1987. Se me encargó escribir la columna más destacada. Y así lo hice. Recuerdo que se la entregué al entonces director en funciones, el inolvidable Antonio Horacio Martín Jiménez, “Zabalo”, que, al leer el texto y comprobar que citaba a Manuel Azaña, me llamó a su despacho para comentarme que quizá no gustase al Consejo de Administración que apareciese el nombre y apellido del último presidente de la II República Española. Por lo tanto, sufrí mi primer tijeretazo a uno de mis artículos. A partir de ese momento, me autocensuré. Lorenzo Pedrero, muy duro con la derecha de aquellos primeros años de la Transición, colaborador habitual, también fue censurado, tanto que dejó de enviar sus artículos. Los chistes de Guarido, gran dibujante, y los textos de Molina, muy celebrados, también dejaron de publicarse. Para qué seguir por ese camino.

 

En la prensa, también en la TVE, porque yo lo viví, se censuró durante la democracia. ¿Hay libertad de prensa en este 2017? ¿La dirección actual de La Opinión o de TVCYL censuró, censura o censurará? Los periodistas, los capataces de los empresarios carecen de libertad. Los jóvenes redactores sufren y padecerán esta forma de hacer periodismo, de percibir salarios miserables, de subsistencia. ¿De qué presumen los editores?

 

 

Después de estas confesiones personales, sigo preguntando al lector: ¿Se le concede el premio de Embajador de Zamora a un periódico que censuró también en democracia, que sirvió al franquismo, que obedeció a Primo de Rivera? Voy a dejarlo ahí.

 

 

Cambio de tercio. Cuando El Correo de Zamora cayó en manos de este grupo de comunicación que nada tenía que ver con nuestra ciudad, se demostró la incapacidad (felonía en algún caso) de los empresarios zamoranos para mantener un periódico provincial, con capital propio.

 

Errores en la administración acabaron con el zamoranismo de nuestro Correo, de la llamada Hoja Parroquial, con más tradición que muchas cofradías de nuestra Semana Santa.

 

En esta denominada economía de mercado, eufemismo que esconde explotación, amiguismo, informaciones privilegiadas, una empresa puede adquirir otra de acuerdo a unas reglas de juego. El ABC y El Norte de Castilla, comprados por una gran multimedia, mantuvieron sus cabeceras, porque tenían historia, años de ejercicio periodístico. El grupo de comunicación que se hizo con esos dos grandes periódicos, uno, de ámbito nacional, y el otro, regional, respetó el pasado, la Historia.

 

Sin embargo, el grupo que compró El Correo de Zamora, a finales de los años 80, jibarizó la cabecera del centenario periódico zamorano, hasta el punto que, en la actual, apenas se distingue a tres metros de distancia. La mejor celebración del 120 aniversario consistiría en colocar como cabecera importante a El Correo de Zamora, y dejar a La Opinión con las características de tamaño y cuerpo del centenario periódico. Sería todo un detalle. Quizá falta sensibilidad y la historia del periodismo provincial importe poco.

 

Premio Martin Luther King

Lo más grave de esta decisión del jurado, lo que me aflige, lo que carece de racionalidad, de una explicación contundente, es que también se presentó la candidatura de Gil Bernardino Osorio, un zamorano, nacido en Tapioles, que vive en Nueva York desde 1974, ciudad en la que realiza una labor educativa excepcional con los niños hispanos más desfavorecidos, a los que, de manera gratuita, educa y enseña. Su gigantesca labor recibió el premio Luther King, galardón de una excepcional fuerza y prestigio en la capital de la cultura norteamericana. Además, Bernardino forma parte de los cien españoles más importantes en el mundo, entre los que se encuentran médicos de extraordinaria categoría internacional; el tenor y director de orquesta Plácido Domingo; el actor y director de cine Antonio Banderas o la doctora Ochoa Foster. Pues hete aquí que el jurado de los Premios Tierra de Zamora eligió a El Correo de Zamora, con argumentos que carecen de fuerza, de trascendencia, de verdad, mientras obvió a una personalidad de tal envergadura como el profesor zamorano, al que el primer canal de la TVE dedicó un espacio cuando fue galardonado con el Luther King.

 

Intrahistoria

Y voy a contarles la intrahistoria de este galardón. Unas dos semanas antes del fallo del jurado, un trabajador de La Opinión les comentó a dos amigos del que escribe que no se esforzaran en presentar la candidatura de Gil Bernardino, porque el premio sería para el periódico en el que trabaja. ¿Cómo sabía este señor que el galardón se lo llevaría el periódico que jibarizó la cabecera de El Correo de Zamora? Este rumor también corrió por otros cenáculos zamoranos. Cuestiono: ¿Estaba concedido de antemano desde que se presentó la candidatura del periódico?

 

 

Más cotilleos: conozco y aprecio, de verdad, a varios miembros del jurado. Pues hete aquí que hoy mismo, uno de ellos, comentó a personas con las que me une una gran amistad, que hubo debate serio en torno a la concesión del galardón, que suscitó discusión y diferencias hasta el punto que el voto de calidad del presidente del jurado, el diputado José Luis Prieto, resultó decisivo. ¿Hay que entender, pues, que ha sido un premio político?

 

 

Preguntas y más preguntas, que no obtendrán respuesta. Nuestra ciudad y provincia sigue viviendo en el pasado, con todas las rémoras, inquisiciones, presiones y felonías que nos han condenado a ser la provincia anal de España y una ciudad moribunda. No va más.

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