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Redacción
Domingo, 15 de octubre de 2017
VIAJES

Visita al geoparque de la comarca de Molina-Alto Tajo, en Guadalajara

Concha Pelayo.
Escritora. Miembro de AECA y FEPET.

[Img #15630]Organizado por la Diputación de Guadalajara con la colaboración de la CEOE CEPYME, se ha desarrollado una visita de dos días para prensa especializada en turismo, donde ha participado un nutrido grupo de periodistas  procedentes de diferentes puntos del país para conocer el Geoparque de la comarca y  Molina de Aragón donde han podido descubrir lugares como la Cueva de los Casares, el Monasterio de Buenafuente, enclavado en un bellísimo paraje, el Mirador de Zahorejas, el castillo de Zafra en la Ruta del Señorío de Molina, famoso en la actualidad porque en él se rodó la serie Juego de Tronos, y la histórica ciudad Molina de Aragón.

 

Los periodistas fueron recibidos por diferentes autoridades de la provincia de Guadalajara, entre las que se encontraba el Presidente de la Diputación, algunos diputados y concejales y los diferentes guías que acompañaron al grupo en todo momento.

 

Comenzó la visita por la Cueva de los Casares a la que se accede por una empinada cuesta tras cruzar el puente sobre el río Salado en medio de un paisaje desértico y llano. La cueva es uno de los hitos del arte Paleolítico, de origen kárstico. Fue utilizada en diferentes periodos prehistóricos entre los que destacan los Neandertales entre 200.000 y 30.000 años. La cueva fue declarada Monumento Nacional en 1935. Los grabados que vamos a encontrar en la cueva combina la presencia de rasgos técnicos, temáticos y estilísticos típicos del Paleolítico. Además también existen signos abstractos del interior de la Península. Destaca un grupo de figuras humanas, antropomorfas que se prestan a diferentes interpretaciones.  Algunos nos sugieren ritos religiosos, funerarios, esotéricos y llenos de misterio. Llama la atención un grabado donde se aprecian dos figuras humanas que pudieran estar copulando. Este hallazgo es el primero que se ha descubierto en esa actitud.

Se han hecho varios estudios y se investiga constantemente para interpretar el significado de estos grabados y para descubrir los que sin duda están por descubrir. Al respecto se ha creado una Agrupación de Amigos de la Cueva de los Casares y del Arte Paleolítico que se viene a sumar a los estudios realizados por Juan Cabré.

 

A continuación nos dirigimos a Buenafuente para conocer el Monasterio de Santa María de Buenafiente, que debe este nombre, precisamente, a que allí mismo, en el interior del Monasterio brota el agua que sale de una bonita fuente. Agua, por cierto, cristalina y muy apreciada por los que allí se acercan. El Monasterio, de la orden del cister  está situado en el corazón del Alto Tajo. Su arquitectura es típica del siglo XIII. Sus orígenes se remontan cuando el rey Alfonso VIII quiso repoblar las tierras. Para salvarlo del estado ruinoso en que se encontraba, el capellán Ángel Moreno, en 1971 propició la iniciativa para su recuperación  y creó la FUNDACIÓN BUENAFUENTE del Sistal en 1980. Gracias a ello se acometieron obras importantes. En 1931 fue declarado Monumento Histórico-Artístico.

Como curiosidad, el guitarrista Narciso Yepes participó con mucho entusiasmo en esta Fundación dando conciertos desinteresadamente que dieron renombre al Monasterio. Incluso, cuando falleció, quiso que sus cenizas fueran enviadas al Monasterio para ser esparcidas por el huerto de clausura.

 

Seguimos ruta hacia el Puente  de San Pedro situado entre los ríos Tajo y Gallo. Las aguas transparentes invitan al baño y al relax. Un lugar muy frecuentado por los lugareños en los días de estio.  Además de sus cristalinas aguas, el entorno es de lo más variado. Avellanos, cornejos, abedules o fresnos conforman la flora de este bellísimo lugar. La fauna es también muy variada; el mirlo, la lavandera cascadeña, el petirrojo o el mosquitero común hacen las delicias de los ornitólogos y de los muchos amantes de la naturaleza que frecuentan la zona. Estos dos ríos corren por lechos muy diferentes. Mientras que el Gallo arrastra arcillas y arenas de color rojizo el Tajo se  vuelve blanco debido a que en su arrastre lleva  consigo partículas de caolín. Esta combinación hace que en este espacio las aguas tengan la característica transparencia que las diferencias de otras.

 

Tras la comida en el Hotel Peñarubia de Zahorejas en medio de un ambiente distendido que sirvió para intercambiar opiniones y conocerse unos y otros, salimos hacia el Barranco de la Hoz, uno de los parajes más escarpadas y bellos de la Península Ibérica junto a los Arribes del Duero en la frontera hispano portuguesa. Se trata de un hermoso cañón con farallones de más de trescientos metros donde habita una abundante fauna. Este lugar es uno de los reclamos más importantes de la provincia por el sobrecogedor paisaje, en cualquier estación del año. Llama la atención la morfología de las rocas con sus afloramientos estratigráficos que sirven para reconstruir el clima y las condiciones de la Tierra alrededor de 250 millones de años. Casi todos los miembros del grupo de periodistas hicieron el descenso sobre rústicos e irregulares escalones de piedra, mientras se sujetaban a una de las gruesas amarras. El descenso se hizo en medio de un silencio absoluto, sólo roto por el sonido de las cautas pisadas. Por otro lado  había que prestar toda la atención para no resbalar. Una experiencia emocionante que compensó al grupo que quedó maravillado con este espectacular barranco. En las paredes de este barranco hay varias vías de escalada. Según los periodos de nidificación, las escaladas están reguladas.

 

La noche nos acogió en diferentes puntos. Uno de ellos el Molino del Batán, donde tuvo lugar la cena y el posterior espectáculo musical. Este molino se conserva en perfecto estado y en él se guardan numerosos elementos que servían para realizar las faenas propias de  todo lo que conllevaba una instalación de estas características. El murmullo del agua corriendo en torno al edificio confiere al lugar un doble atractivo.

 

Y así transcurrió el primer día del encuentro. Tras el desayuno salimos hacia Zafra para conocer su esbelto y famoso castillo, muy conocido en la actualidad por haberse rodado allí la serie Juego de Tronos. Este castillo es de origen musulmán y se alza sobre una atalaya rocosa que se divisa a bastantes kilómetros a la redonda. Desde él se domina toda la paramera molinesa. Fue uno de los enclaves más importantes en la Edad Media y se dice que pudo albergara a unos 500 hombres.  El castillo es privado, propiedad de Antonio Sanz Polo quien puso todo su empeño en dejarlo tal y como se presenta en la actualidad. Aquí tuvo lugar la famosa “Concordia de Zafra”. El rey Fernando III se encontraba en tierras andaluzas lo que aprovecharon algunos señores feudales para rebelarse contra él a favor de  Alfonso IX. El rey reaccionó llevando las tropas hacia Zafra. El conflicto se resolvió firmando el famoso tratado siendo desheredado Gonzalo Pérez de Lara a favor de su hija Mafalda quien contrajo matrimonio con Alfonso de Molina.   De hecho el suceso quedó patente en el escudo de Molina donde se ve una mano mostrando el anillo con el escudo de Molina.

 

Concluye este interesante periplo en la ciudad Molina de Aragón donde pasamos parte de la mañana recorriendo sus históricas calles y conociendo sus iglesias, todas ellas de gran importancia arquitectónica.  Esta ciudad cuenta con 3500 habitantes. Destaca su castillo-alcázar y la Torre de Aragón. Muy interesante el Museo Comarcal que trata sobre la evolución de la vida que descubre los numerosos fósiles y minerales. Sin duda, la riqueza de este Geoparque es excepcional. El castillo de Molina es uno de los más grandes de la geografía española. En sus orígenes fue antiguo Alcázar árabe.

Destaca también,  el Puente Viejo, o Puente Románico sobre el río Gallo, del siglo XIII.  El barrio de la judería y de la Morería revela un pasado multicultural. También el denominado “Prao de los judíos” muestra restos arqueológicos  de un antiguo arrabal judío  habitado entre  los siglos X y XV..

Recorrer las calles de esta histórica ciudad nos va dando señales inequívocas de un pasado glorioso y señorial así como de gran opulencia.  Entre las calles de Molina de Aragón se escribe gran parte de la historia de España.

 

Hay que destacar la limpieza de sus bien trazadas calles, la armonía de sus fachadas, la conservación de sus monumentos y, como no, la amabilidad de sus gentes y el entusiasmo y orgullo con los que muestran su patrimonio.

 

La comida en el Hotel Los Acebos de Peralejos de las Truchas , donde degustamos unas exquisitas truchas guisadas al estilo de la zona dio por concluido este apasionante viaje de dos días. El  asado de cordero también fue otro de los exquisitos manjares que pudimos degustar. Hay que destacar la rica y variada gastronomía de la zona, así como su miel.

 

Un lugar para descubrir y para recomendar.

 

Concha Pelayo

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