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Redacción
Martes, 7 de noviembre de 2017
TURISMO

El Palacio de la Aljafería de Zaragoza

Edificio que nos transporta a pretéritas épocas, cuando España estuvo dominada por españoles árabes

[Img #16080]Concha Pelayo

 

La última Exposición Universal de Zaragoza ha dado a la ciudad nuevos perfiles de transformación y modernización que hace que los zaragozanos sientan legítimo orgullo de tener una de las ciudades más bellas de España lo que hace que sea constantemente visitada por gentes de toda España y de diferentes países. Ha contribuido a ello el tren de alta velocidad que desde diferentes puntos geográficos acercan al mundo a esta ciudad atrayente y cosmopolita.

 

Pero si algo atrae y subyuga al viajero es su Palacio de la Aljafería, un edificio que nos transporta a pretéritas épocas cuando España estuvo dominada por los árabes y éstos construían los más importantes edificios de arquitectura musulmana.

 

Este Palacio fortificado fue construido en  Zaragoza en el siglo XI siendo residencia de los reyes hudíes. Lo mandó construir  Al-Muqtadir como residencia de los reyes de Saraqusta. Era palacio de recreo  se llamaba Palacio de la Alegría, "Qasr al -Surur", reflejando toda la belleza del reino taifa en el periodo de mayor esplendor.  Su importante diseño es el mejor testimonio de la arquitectura islámica en Al-Andalus del  siglo XIV junto a la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada, conformando tan singular triada.

 

En sus orígenes, el Palacio se construyó extramuros de la muralla romana, lugar donde los musulmanes practicaban sus alardes militares. A través de los años, por mor de la expansión urbana, el edificio ha quedado ubicado dentro de la propia ciudad. Hoy es sede de las Cortes de Aragón y en él conviven el funcionariado y la natural complejidad de su funcionamiento con los miles de turistas que lo visitan diariamente. Rodean al Palacio bellos y cuidados jardines.

 

Introducirse por las filigranas de su estructura es pasear por la historia de un tiempo remoto cuando España era ejemplo de convivencia de culturas tan dispares. Este Palacio de la Alegría, denominado así por su propio rey, fue el principal receptor de los emotivos versos que el monarca le dedicó. El eco fue el encargado de transportarlo a través de sus estancias.

 

"¡Oh Palacio de la Alegría!, ¡Oh Salón Dorado!

Gracias a vosotros llegué al colmo de mis deseos.

Y aunque en mi reino no tuviera otra cosa,

para mí sois todo lo que pudiera anhelar."

 

 

Emocionantes versos que impregnan de belleza el Palacio y nos transportan a aquel subyugante pasado.

 

Además de su belleza estética, su importancia radica en que es el único testimonio conservado de un gran edificio de la arquitectura islámica hispana de la época de las Taifas... Los restos mudéjares del palacio de la Aljafería fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2001 como parte del conjunto «Arquitectura mudéjar de Aragón».

 

Con respecto a la ornamentación de la Aljafería destaca  la utilización de arcos mixtilíneos y la  esquematización de las yeserías de carácter vegetal que influyeron en el arte almorávide tanto en el Magreb como en la Península Ibérica. El Palacio fue residencia de los reyes cristianos de Aragón lo que contribuyó en el principal foco difusor del mudéjar aragonés.

 

Pero también hay otros aspectos muy atrayentes y desconocidos que nos obligan a referir aquí. Pocos saben, incluso algunos zaragozanos ignoran, que el origen de la famosa ópera  Il Trovatore de Giuseppe Verdi tuvo lugar en el Castillo de la Aljafería, concretamente en el torreón conocido como Torre del Trovador

 

Esta leyenda o trama, se debe a la imaginación del escritor Antonio García-Gutiérrez cuyo texto fue base para el libreto de la citada ópera verdiana.

 

No vamos a detenernos en la historia de aquel doncel, Manrique Lara que cultivó el canto y la poesía hasta convertirse en un trovador. Apuntar, solamente, que se enamoró de una joven de la corte de la Aljafería llamada Leonor. Y como ocurre en casi todas las historias operísticas, acabaría en tragedia.

 

Los que tengan el privilegio de acercarse a este Palacio podrán disfrutar ante la contemplación de sus filigranas y arabescos mientras se dejarán llevar por la imaginación al recorrer sus estancias .,

 

Concha Pelayo

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