ZAMORANA
Año nuevo, vida... ¿cómo siempre?
Mª Soledad Martín Turiño
Creo en los cambios que se producen despacio, paulatinamente, sin apremio, porque las mudanzas drásticas, ya sean de hábitos o de vida, me asustan y no confió en que lleguen a buen puerto; tal vez sea que mi mente no está preparada para afrontarlos y necesita de una pausada secuencialidad para conformar otras rutinas.
Con la llegada de cada nuevo año, la gente se hace firmes propósitos, en su mayoría de manera contundente y a toda prisa: dejar de fumar, apuntarse a un gimnasio, aprender un nuevo idioma… y al cabo de unos meses acaban abandonando con una sensación de culpabilidad que se suele achacar a la falta de tiempo. Es preferible elaborar una lista de objetivos e ir cumpliéndonos poco a poco para tacharlos de la lista una vez conseguidos; sino todo se queda en palabras y proyectos incumplidos; eso se lo dejamos a los políticos porque es lo que se les da bien: hablar, prometer y no cumplir.
Tal vez sea que con la edad se aprende a apreciar las cosas más sosegadamente; lejana la euforia de los veinte años en que había que comerse el mundo, hacer mil cosas, tener mil objetivos... luego llega una etapa de serenidad en la que valoramos lo gratificante que resulta leer con reposo un libro, dar un paseo sin sentir que estamos perdiendo el tiempo, o sentarnos tranquilamente en la calle a meditar mientras pasa la gente.
En lo que respecta a mi ciudad, Zamora, espero con fervor que las cosas cambien, que se revierta su estado de postración para convertirla en una ciudad dinámica y abierta. Espero que los poderes locales, autonómicos y nacionales le hagan justicia y no la dejen atrás como han hecho casi siempre, que se potencien sus fortalezas –que son muchas-, que se destruyan sus debilidades, que haya oportunidades para los jóvenes y no se sigan marchando, que se construyan espacios ajardinados para solaz de los mayores y embellecimiento de la ciudad, que se adecenten fachadas y calles, que se haga una oferta turística contundente y seria que ofrezca al resto de España y fuera de ella las excelencias de una ciudad que cuenta con todos los atractivos que cualquier visitante demanda: paisaje, gastronomía, románico, un comercio variado donde se publiciten sus productos… etc, que se respeten y ejecuten las buenas ideas sin mirar el color político de quien las propone, que se tome conciencia, en fin, de que tenemos una gran ciudad con mucho potencial aún por descubrir, por preservar, por dar a conocer.
Esto es lo que yo pido al nuevo año, y que se haga bien, sin prisas, sin vanas promesas porque hay elecciones a la vuelta de la esquina, sin que nos engañen para después olvidarnos. Los Reyes Magos no han llegado aún ¡ojalá leyeran esta carta y, como son magos, concedieran estos deseos para una ciudad que no pide, para unos zamoranos que están acostumbrados a que se les denieguen las prebendas que gozan sus otras ciudades hermanas sin rechistar!; por eso, en estos días de ilusión donde todo puede ser posible, clamo a las autoridades y a quienes poseen los medios adecuados para que luchen por Zamora, para que la pongan en el mapa con mayúsculas y para que quienes nacimos allí y estamos orgullosos de ella, lo estemos más aún si sentimos que se la valora como merece.
Creo en los cambios que se producen despacio, paulatinamente, sin apremio, porque las mudanzas drásticas, ya sean de hábitos o de vida, me asustan y no confió en que lleguen a buen puerto; tal vez sea que mi mente no está preparada para afrontarlos y necesita de una pausada secuencialidad para conformar otras rutinas.
Con la llegada de cada nuevo año, la gente se hace firmes propósitos, en su mayoría de manera contundente y a toda prisa: dejar de fumar, apuntarse a un gimnasio, aprender un nuevo idioma… y al cabo de unos meses acaban abandonando con una sensación de culpabilidad que se suele achacar a la falta de tiempo. Es preferible elaborar una lista de objetivos e ir cumpliéndonos poco a poco para tacharlos de la lista una vez conseguidos; sino todo se queda en palabras y proyectos incumplidos; eso se lo dejamos a los políticos porque es lo que se les da bien: hablar, prometer y no cumplir.
Tal vez sea que con la edad se aprende a apreciar las cosas más sosegadamente; lejana la euforia de los veinte años en que había que comerse el mundo, hacer mil cosas, tener mil objetivos... luego llega una etapa de serenidad en la que valoramos lo gratificante que resulta leer con reposo un libro, dar un paseo sin sentir que estamos perdiendo el tiempo, o sentarnos tranquilamente en la calle a meditar mientras pasa la gente.
En lo que respecta a mi ciudad, Zamora, espero con fervor que las cosas cambien, que se revierta su estado de postración para convertirla en una ciudad dinámica y abierta. Espero que los poderes locales, autonómicos y nacionales le hagan justicia y no la dejen atrás como han hecho casi siempre, que se potencien sus fortalezas –que son muchas-, que se destruyan sus debilidades, que haya oportunidades para los jóvenes y no se sigan marchando, que se construyan espacios ajardinados para solaz de los mayores y embellecimiento de la ciudad, que se adecenten fachadas y calles, que se haga una oferta turística contundente y seria que ofrezca al resto de España y fuera de ella las excelencias de una ciudad que cuenta con todos los atractivos que cualquier visitante demanda: paisaje, gastronomía, románico, un comercio variado donde se publiciten sus productos… etc, que se respeten y ejecuten las buenas ideas sin mirar el color político de quien las propone, que se tome conciencia, en fin, de que tenemos una gran ciudad con mucho potencial aún por descubrir, por preservar, por dar a conocer.
Esto es lo que yo pido al nuevo año, y que se haga bien, sin prisas, sin vanas promesas porque hay elecciones a la vuelta de la esquina, sin que nos engañen para después olvidarnos. Los Reyes Magos no han llegado aún ¡ojalá leyeran esta carta y, como son magos, concedieran estos deseos para una ciudad que no pide, para unos zamoranos que están acostumbrados a que se les denieguen las prebendas que gozan sus otras ciudades hermanas sin rechistar!; por eso, en estos días de ilusión donde todo puede ser posible, clamo a las autoridades y a quienes poseen los medios adecuados para que luchen por Zamora, para que la pongan en el mapa con mayúsculas y para que quienes nacimos allí y estamos orgullosos de ella, lo estemos más aún si sentimos que se la valora como merece.



















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