NOCHEVIEJA
Menos jóvenes, menos fiesta, menos Nochevieja
Hasta en las celebraciones, se nota que cada año somos menos
Manuel Herrero Alonso: texto y fotografías
Amanecía, como lo hizo el día antes, como sucedería el día después, como es de esperar que no deje de hacerlo, pero esa mañana que nacía tenía la particularidad de considerarse, día primero de un nuevo año, nada menos. Llegaba la primera luz natural, con la que las cosas se ven de otra manera y se aprecia aquello que la oscuridad ha conseguido ocultar. Nada especial. No era de esperar, porque el resultado de aquel día del año era el propio de una noche de marcha; solo eso, una noche más, como la de cualquier fin de semana, puede que hasta menos concurrida. Había,¡cómo no!, regateras de orines en los rincones, de las calles alguna que otra vomitona y poco más.
Sí alguien celebra, puede hacerlo, que cuente como noticia que, después de una Nochevieja no haya incidentes, otros nos preguntamos el motivo para que no los haya. La falta de gamberradas no se corresponde, podría, y lo celebraríamos, con un aumento del civismo, porque, a poco razonar, con unas copas de más y en esta despedida del año, bebe algo quien habitualmente no lo hace y quien lo hace normalmente bebe más de lo habitual.
Estaban, y hasta con un toque de elegancia algunos, otros con la ropa un poco encogida, desde la última puesta, pero para para echarse la copa encima no tardando, qué más da. Pero, cuando a primera hora la calle, como si solo hubiera una, de Santa Clara, no conocía el ir y venir de los fiesteros rezagados, algo se echa de menos.
No hubo incidentes, no. Pero tampoco hubo gente que los provocara. Expliquémoslo. El número de participantes celebrando la Nochevieja descendió considerablemente, con respecto a años anteriores. ¿Los motivos? Sería la pregunta a responder. Pero queda claro que es solo uno de otros síntoma de la ciudad, que pierde población. Son jóvenes, principalmente, los que salen en Nochevieja. Los jóvenes que ya no están aquí, se han ido, han tenido que marcharse, obligados por la necesidad, la de tener un empleo que les permita vivir de su trabajo. Causa perdida o reversible, depende de todos, de momento nada hay, para evitar esta sangría demográfica, el año próximo seremos menos aún. ¿No?
Manuel Herrero Alonso: texto y fotografías
Amanecía, como lo hizo el día antes, como sucedería el día después, como es de esperar que no deje de hacerlo, pero esa mañana que nacía tenía la particularidad de considerarse, día primero de un nuevo año, nada menos. Llegaba la primera luz natural, con la que las cosas se ven de otra manera y se aprecia aquello que la oscuridad ha conseguido ocultar. Nada especial. No era de esperar, porque el resultado de aquel día del año era el propio de una noche de marcha; solo eso, una noche más, como la de cualquier fin de semana, puede que hasta menos concurrida. Había,¡cómo no!, regateras de orines en los rincones, de las calles alguna que otra vomitona y poco más.
Sí alguien celebra, puede hacerlo, que cuente como noticia que, después de una Nochevieja no haya incidentes, otros nos preguntamos el motivo para que no los haya. La falta de gamberradas no se corresponde, podría, y lo celebraríamos, con un aumento del civismo, porque, a poco razonar, con unas copas de más y en esta despedida del año, bebe algo quien habitualmente no lo hace y quien lo hace normalmente bebe más de lo habitual.
Estaban, y hasta con un toque de elegancia algunos, otros con la ropa un poco encogida, desde la última puesta, pero para para echarse la copa encima no tardando, qué más da. Pero, cuando a primera hora la calle, como si solo hubiera una, de Santa Clara, no conocía el ir y venir de los fiesteros rezagados, algo se echa de menos.
No hubo incidentes, no. Pero tampoco hubo gente que los provocara. Expliquémoslo. El número de participantes celebrando la Nochevieja descendió considerablemente, con respecto a años anteriores. ¿Los motivos? Sería la pregunta a responder. Pero queda claro que es solo uno de otros síntoma de la ciudad, que pierde población. Son jóvenes, principalmente, los que salen en Nochevieja. Los jóvenes que ya no están aquí, se han ido, han tenido que marcharse, obligados por la necesidad, la de tener un empleo que les permita vivir de su trabajo. Causa perdida o reversible, depende de todos, de momento nada hay, para evitar esta sangría demográfica, el año próximo seremos menos aún. ¿No?























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