SIN PELOS EN LA LENGUA
Indignos hijos de Arias Gonzalo
Eugenio-Jesús de Ávila
Ya sabemos que los partidos políticos nunca admiten sus errores. Los políticos, sí. En la URSS de Stalin les costó la vida a miles de comunistas, buena gente, con fe, revolucionarios que no habían hecho nada malo, pero las religiones son así: acaban con los creyentes al menor pecado venial.
A lo que voy. Esta mañana, dos hombres y una mujer, Óscar Reguera, ya experimentado, uno de los más cualificados militantes del PP de Zamora; Emilio Cabadas, al que no conozco de nada, ni de vista, pero siendo de Benavente, estará apadrinado por el ínclito e incombustible García Carnero, don Dioni; y una mujer de una vez, Isabel Blanco, hablaban, y creían cuanto dijeron, de las labores legislativas que el grupo popular ha realizado en las Cortes de Castilla y León, que ocupan un edificio extraordinario, obra faraónica, que, por supuesto, se encuentra en Valladolid.
Sucede que en nuestra provincia, ni tan si quiera los periodistas se enteran de lo que se hace en ese Parlamento de una autonomía, de una doble región, Castilla y León, porque, en principio, nadie se siente castellano-leonés, como mucho leonés, y, por supuesto, zamorano. En tantos años de autonomía, de gobiernos del PSOE, escasos, como aquel de Demetrio Madrid, y del PP, presididos por Aznar, Lucas, que todavía sigue en política –manda huevos, que diría Federico Trillo, cuando era presidente del Congreso de los Diputados-, y Herrera, los zamoranos hemos soportado esa cruz de la Junta, institución incapaz de convencernos de que aquí, como dice el célebre dicho castellano, nadie es más que nadie, porque aquí, en la meseta norte, los que viven en Valladolid, Burgos y Palencia sí son más que los zamoranos; porque, desde que se creó la Junta de Castilla y León, esas tres provincias han ido a más, a mucho más, menos la nuestra, que ha ido a menos, a mucho menos, tanto que le queda pocos años de vida como demarcación administrativa. Preveo que no habrá transcurrido una década antes de que desaparezcan las provincias, y, por supuesto, las diputaciones. O sobran las autonomías o las instituciones públicas provinciales. No va más.
Me enrollo con este asunto, porque esta mañana, creo que fue Isabel Blanco, mujer que modela muy bien su voz, que resulta agradable, que sabe gesticular, preparada, habló de vertebrar Castilla y León. Siento contradecirla. Esta doble región carece de columna vertebral. Su esqueleto muestra osteoporosis, osteogénesis y enfermedad de Paget en provincias como la zamorana. Se nos ha robado, desde hace décadas, como se ha demostrado, el dinero que llegaba de Europa, a paladas, para que Castilla y León se equilibrase, se terminase con las desigualdades provinciales. El efecto fue el contrario. Los gobiernos del PP se encargaron de redistribuir el dinero a su manera: todo para el corazón de la región, donde residen los políticos y los empresarios más importantes, de construcción, prensa y televisión, sectores hermanados por dos oligarcas, los que de verdad mandan en la sede del ejecutivo autonómico, donde todos los presidentes han obedecido sus requerimientos, sus consejos, sus deseos. Mientras hicieron caridad con la pobre Zamora, siempre sumisa, tan acostumbrada a perder que ganar le resultaría una ofensa.
Pongamos un ejemplo: ha habido financiación millonaria para grupos periodísticos, de cientos de millones; para la Renault, para Nissan, para la British Sugar, para los amigos, para los que se rebelaban como León y El Bierzo, pero para los infelices zamoranos solo algunas infraestructuras y cositas culturales. Lo de la Biorrefinería Multifuncional de Barcial del Barco, nada de nada. No hay capital financiero. Nos dijo Óscar Reguera hoy. Aquí la gentica se lo traga todo. No hay juventud, y la que hay se dedica a orinar en las rúas, en el Ayuntamiento, el viejo Consistorio, en las iglesias, o llenar de garabatos el patrimonio monumental. Y los ancianos ya residen en hoteles donde recibirán a las parcas en silencio, como si hubiera vivido, cuando solo duraron. Nacer en Zamora se ha convertido en una desgracia. Más paro, menos actividad económica, más caciquismo, más burla del poder, más persecuciones a los que piensan y reflexionan, menos publicidad, ninguna, para los que, escribiendo, criticamos al poder, aquí siempre en manos del PP y de sus empresarios.
¡Qué coños es eso de vertebrar la región! Mentira. Porque esto no es una región, sino una agrupación administrativa forzosa, para beneficio de un centralismo mucho más duro que el de Madrid, cuando era capital de España. Como jacobino, me “cargaría” todas las comunidades autónomas. Algo imposible, por cierto, dado que todos los partidos dan así trabajo, tareas que hacer y privilegios a sus dirigentes menos preparados en estos reinos de taifas católicos, apostólicos y romanos.
¡Cuándo gritaremos los zamoranos en las plazas y en las urnas para acabar, de una puta vez, con tanto jeta político, con semejante burla, con esta gigantesca mentira! Somos unos cobardicas, indignos hijos de Arias Gonzalo.
Ya sabemos que los partidos políticos nunca admiten sus errores. Los políticos, sí. En la URSS de Stalin les costó la vida a miles de comunistas, buena gente, con fe, revolucionarios que no habían hecho nada malo, pero las religiones son así: acaban con los creyentes al menor pecado venial.
A lo que voy. Esta mañana, dos hombres y una mujer, Óscar Reguera, ya experimentado, uno de los más cualificados militantes del PP de Zamora; Emilio Cabadas, al que no conozco de nada, ni de vista, pero siendo de Benavente, estará apadrinado por el ínclito e incombustible García Carnero, don Dioni; y una mujer de una vez, Isabel Blanco, hablaban, y creían cuanto dijeron, de las labores legislativas que el grupo popular ha realizado en las Cortes de Castilla y León, que ocupan un edificio extraordinario, obra faraónica, que, por supuesto, se encuentra en Valladolid.
Sucede que en nuestra provincia, ni tan si quiera los periodistas se enteran de lo que se hace en ese Parlamento de una autonomía, de una doble región, Castilla y León, porque, en principio, nadie se siente castellano-leonés, como mucho leonés, y, por supuesto, zamorano. En tantos años de autonomía, de gobiernos del PSOE, escasos, como aquel de Demetrio Madrid, y del PP, presididos por Aznar, Lucas, que todavía sigue en política –manda huevos, que diría Federico Trillo, cuando era presidente del Congreso de los Diputados-, y Herrera, los zamoranos hemos soportado esa cruz de la Junta, institución incapaz de convencernos de que aquí, como dice el célebre dicho castellano, nadie es más que nadie, porque aquí, en la meseta norte, los que viven en Valladolid, Burgos y Palencia sí son más que los zamoranos; porque, desde que se creó la Junta de Castilla y León, esas tres provincias han ido a más, a mucho más, menos la nuestra, que ha ido a menos, a mucho menos, tanto que le queda pocos años de vida como demarcación administrativa. Preveo que no habrá transcurrido una década antes de que desaparezcan las provincias, y, por supuesto, las diputaciones. O sobran las autonomías o las instituciones públicas provinciales. No va más.
Me enrollo con este asunto, porque esta mañana, creo que fue Isabel Blanco, mujer que modela muy bien su voz, que resulta agradable, que sabe gesticular, preparada, habló de vertebrar Castilla y León. Siento contradecirla. Esta doble región carece de columna vertebral. Su esqueleto muestra osteoporosis, osteogénesis y enfermedad de Paget en provincias como la zamorana. Se nos ha robado, desde hace décadas, como se ha demostrado, el dinero que llegaba de Europa, a paladas, para que Castilla y León se equilibrase, se terminase con las desigualdades provinciales. El efecto fue el contrario. Los gobiernos del PP se encargaron de redistribuir el dinero a su manera: todo para el corazón de la región, donde residen los políticos y los empresarios más importantes, de construcción, prensa y televisión, sectores hermanados por dos oligarcas, los que de verdad mandan en la sede del ejecutivo autonómico, donde todos los presidentes han obedecido sus requerimientos, sus consejos, sus deseos. Mientras hicieron caridad con la pobre Zamora, siempre sumisa, tan acostumbrada a perder que ganar le resultaría una ofensa.
Pongamos un ejemplo: ha habido financiación millonaria para grupos periodísticos, de cientos de millones; para la Renault, para Nissan, para la British Sugar, para los amigos, para los que se rebelaban como León y El Bierzo, pero para los infelices zamoranos solo algunas infraestructuras y cositas culturales. Lo de la Biorrefinería Multifuncional de Barcial del Barco, nada de nada. No hay capital financiero. Nos dijo Óscar Reguera hoy. Aquí la gentica se lo traga todo. No hay juventud, y la que hay se dedica a orinar en las rúas, en el Ayuntamiento, el viejo Consistorio, en las iglesias, o llenar de garabatos el patrimonio monumental. Y los ancianos ya residen en hoteles donde recibirán a las parcas en silencio, como si hubiera vivido, cuando solo duraron. Nacer en Zamora se ha convertido en una desgracia. Más paro, menos actividad económica, más caciquismo, más burla del poder, más persecuciones a los que piensan y reflexionan, menos publicidad, ninguna, para los que, escribiendo, criticamos al poder, aquí siempre en manos del PP y de sus empresarios.
¡Qué coños es eso de vertebrar la región! Mentira. Porque esto no es una región, sino una agrupación administrativa forzosa, para beneficio de un centralismo mucho más duro que el de Madrid, cuando era capital de España. Como jacobino, me “cargaría” todas las comunidades autónomas. Algo imposible, por cierto, dado que todos los partidos dan así trabajo, tareas que hacer y privilegios a sus dirigentes menos preparados en estos reinos de taifas católicos, apostólicos y romanos.
¡Cuándo gritaremos los zamoranos en las plazas y en las urnas para acabar, de una puta vez, con tanto jeta político, con semejante burla, con esta gigantesca mentira! Somos unos cobardicas, indignos hijos de Arias Gonzalo.


















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