SIN PELOS EN LA LENGUA
Análisis electoral a cuatro meses de los comicios locales
Eugenio-Jesús de Ávila
Convengamos que existe una diferencia abismal, más allá de sus respectivas ideologías, si las hubiere, entre el candidato a la Alcaldía de IU, el actual alcalde de la ciudad, Francisco Guarido, y la del PP, presidenta de la Diputación, Mayte Martín Pozo, entre el carisma de uno, tanto que le votarán hasta los zamoranos conservadores, y el de la otra, a la que no elegirían ni la gente de su formación. Puestos a elegir entre el caballero y la dama, no hay dudas, no hay color: el blanco y el negro. El regidor lleva décadas en la política, más en la oposición que en la gobernanza, mientras la licenciada en Derecho paso de no ser nadie, ni concejala, a presidir la Corporación Provincial, un hecho inexplicables, para algunos, que escapa a la razón.
Pero no se trata de elegir entre uno y otra, porque hay más gente por el medio, que pueden perjudicar a las dos candidaturas: la de IU y la del PP. Analicemos el panorama con perspectiva. No queda tanto para que la campaña electoral, la ortodoxa, la que se iniciará el 10 de mayo, porque la extraoficial comenzó meses atrás. Pregúntele al PSOE de Antidio Fagúndez desde cuándo se anda trabajando el voto, cuándo lanzó sus primeras semillas en las tierras de la capital de la provincia para recoger la cosecha en primavera.
Guarido no ha sido un izquierdista de libro, ni mucho menos. Creo que ha intentado ser el alcalde de todos, no solo del proletariado –¿existe en nuestra ciudad?-, sino también de las clases medias, de la que él y sus concejales proceden, porque en IU no hay un solo obrero sentado en el Salón de Plenos de la Casa de las Panaderas, y tampoco ha perseguido a los empresarios zamoranos con saña, como si hubiera sido un leninista revolucionario. Por lo tanto, si pierde votos en estos comicios se le escaparán por el sumidero de la izquierda más ortodoxa, pongamos Podemos. Ahora Decide también atacará a IU, pero afeándole también, además de su falta de cercanía con los más desfavorecidos, que no haya tenido un proyecto de ciudad, ideas para que Zamora saliera de su decadencia económica y social. El PSOE, porque ha formado parte del equipo de gobierno, realizará una campaña electoral en positivo. No habrá, pues, ni una sola crítica explícita a Guarido, aunque en círculos cerrados salgan a relucir distancias entre los ediles de IU y los socialistas.
Le vendrá bien a Fagúndez hablar de proyectos. Las elecciones se ganan hablando del futuro, de cambios profundos en el urbanismo: qué hacer con los solares, décadas dejados de la mano de Dios, de las ratas, de la vegetación salvaje, del abandono; plantear un Plan del Casco Antiguo serio, eficiente y con pretensiones de futuro; aplicar un Plan Director de las Murallas, reconstruir las torres del Puente de Piedra, aunque se luche contra la burócrata de turno. Y, por supuesto, todo con proyección sobre el sector turístico, clave para el desarrollo de la ciudad.
Izquierda Unida solo tiene dos rivales por la siniestra: Podemos y Ahora Decide, los mismos que los socialistas, porque todas estas formaciones pescan en el mismo río. Quizá también Ciudadanos robe algunos votos por el centro izquierda, de personas descontentas con los socialistas zamoranos; pero la formación naranja recibirá votantes del PP, descontentos con la oposición de Clara San Damián y enojados con el nombramiento de Martín Pozo.
Y los populares se encontrará con dos nuevos enemigos, descontando, por supuesto, al partido de Requejo, Vox, que anda buscando candidato, dada su proyección regional y nacional de los últimos tiempos, y ese otro partido en formación, que lo liderará un excelente político, con gran capacidad verbal, potencia intelectual y conectado, desde que era un mozo, con la vida política local y provincial.
El PP tendrá que luchar, pues, contra su errónea elección de candidata, error, inmenso error; Ciudadanos, que ya no es el partido cándido y nuevo de hace cuatro años; Vox, en crecimiento en toda la nación, por lo que en Zamora también se prevé recolecte tantos votos como para entrar en la corporación local, y esa otra formación de la que todavía no puedo dar ni su nombre ni el de sus candidatos. Pero, como digo, también gente con clase, con conocimientos, con potencial político y sin tener que rendir cuentas a Valladolid y Madrid.
E insisto: estos comicios municipales los entiendo como los más importantes de la democracia. ¿Por qué? El PP podría perder la mayoría absoluta en la Diputación y llevarse un durísimo golpe político en las tres ciudades de la provincia: Zamora, Benavente y Toro. Y, además, los zamoranos nos jugamos nuestro ser o no ser económico y demográfico. Porque así no se puede aguantar mucho más tiempo. Y, desde el día siguiente de saberse los ganadores de las elecciones, hay que ponerse a trabajar. No hay segundo que perder.
¡Ah, se me olvidaba! Pregunto: ¿El grupo popular en el Ayuntamiento de Zamora, liderado por Clara San Damián, que estrategia adoptará a partir de ahora para favorecer los intereses de Martín Pozo? Y otra cuestión de interés político: ¿Mientras sea presidenta de la Diputación, podrá trabajar la política citada con anterioridad en su campaña electoral? ¿Cómo y cuándo? Quizá en sus ratos libres. ¿Le dará tiempo?
Convengamos que existe una diferencia abismal, más allá de sus respectivas ideologías, si las hubiere, entre el candidato a la Alcaldía de IU, el actual alcalde de la ciudad, Francisco Guarido, y la del PP, presidenta de la Diputación, Mayte Martín Pozo, entre el carisma de uno, tanto que le votarán hasta los zamoranos conservadores, y el de la otra, a la que no elegirían ni la gente de su formación. Puestos a elegir entre el caballero y la dama, no hay dudas, no hay color: el blanco y el negro. El regidor lleva décadas en la política, más en la oposición que en la gobernanza, mientras la licenciada en Derecho paso de no ser nadie, ni concejala, a presidir la Corporación Provincial, un hecho inexplicables, para algunos, que escapa a la razón.
Pero no se trata de elegir entre uno y otra, porque hay más gente por el medio, que pueden perjudicar a las dos candidaturas: la de IU y la del PP. Analicemos el panorama con perspectiva. No queda tanto para que la campaña electoral, la ortodoxa, la que se iniciará el 10 de mayo, porque la extraoficial comenzó meses atrás. Pregúntele al PSOE de Antidio Fagúndez desde cuándo se anda trabajando el voto, cuándo lanzó sus primeras semillas en las tierras de la capital de la provincia para recoger la cosecha en primavera.
Guarido no ha sido un izquierdista de libro, ni mucho menos. Creo que ha intentado ser el alcalde de todos, no solo del proletariado –¿existe en nuestra ciudad?-, sino también de las clases medias, de la que él y sus concejales proceden, porque en IU no hay un solo obrero sentado en el Salón de Plenos de la Casa de las Panaderas, y tampoco ha perseguido a los empresarios zamoranos con saña, como si hubiera sido un leninista revolucionario. Por lo tanto, si pierde votos en estos comicios se le escaparán por el sumidero de la izquierda más ortodoxa, pongamos Podemos. Ahora Decide también atacará a IU, pero afeándole también, además de su falta de cercanía con los más desfavorecidos, que no haya tenido un proyecto de ciudad, ideas para que Zamora saliera de su decadencia económica y social. El PSOE, porque ha formado parte del equipo de gobierno, realizará una campaña electoral en positivo. No habrá, pues, ni una sola crítica explícita a Guarido, aunque en círculos cerrados salgan a relucir distancias entre los ediles de IU y los socialistas.
Le vendrá bien a Fagúndez hablar de proyectos. Las elecciones se ganan hablando del futuro, de cambios profundos en el urbanismo: qué hacer con los solares, décadas dejados de la mano de Dios, de las ratas, de la vegetación salvaje, del abandono; plantear un Plan del Casco Antiguo serio, eficiente y con pretensiones de futuro; aplicar un Plan Director de las Murallas, reconstruir las torres del Puente de Piedra, aunque se luche contra la burócrata de turno. Y, por supuesto, todo con proyección sobre el sector turístico, clave para el desarrollo de la ciudad.
Izquierda Unida solo tiene dos rivales por la siniestra: Podemos y Ahora Decide, los mismos que los socialistas, porque todas estas formaciones pescan en el mismo río. Quizá también Ciudadanos robe algunos votos por el centro izquierda, de personas descontentas con los socialistas zamoranos; pero la formación naranja recibirá votantes del PP, descontentos con la oposición de Clara San Damián y enojados con el nombramiento de Martín Pozo.
Y los populares se encontrará con dos nuevos enemigos, descontando, por supuesto, al partido de Requejo, Vox, que anda buscando candidato, dada su proyección regional y nacional de los últimos tiempos, y ese otro partido en formación, que lo liderará un excelente político, con gran capacidad verbal, potencia intelectual y conectado, desde que era un mozo, con la vida política local y provincial.
El PP tendrá que luchar, pues, contra su errónea elección de candidata, error, inmenso error; Ciudadanos, que ya no es el partido cándido y nuevo de hace cuatro años; Vox, en crecimiento en toda la nación, por lo que en Zamora también se prevé recolecte tantos votos como para entrar en la corporación local, y esa otra formación de la que todavía no puedo dar ni su nombre ni el de sus candidatos. Pero, como digo, también gente con clase, con conocimientos, con potencial político y sin tener que rendir cuentas a Valladolid y Madrid.
E insisto: estos comicios municipales los entiendo como los más importantes de la democracia. ¿Por qué? El PP podría perder la mayoría absoluta en la Diputación y llevarse un durísimo golpe político en las tres ciudades de la provincia: Zamora, Benavente y Toro. Y, además, los zamoranos nos jugamos nuestro ser o no ser económico y demográfico. Porque así no se puede aguantar mucho más tiempo. Y, desde el día siguiente de saberse los ganadores de las elecciones, hay que ponerse a trabajar. No hay segundo que perder.
¡Ah, se me olvidaba! Pregunto: ¿El grupo popular en el Ayuntamiento de Zamora, liderado por Clara San Damián, que estrategia adoptará a partir de ahora para favorecer los intereses de Martín Pozo? Y otra cuestión de interés político: ¿Mientras sea presidenta de la Diputación, podrá trabajar la política citada con anterioridad en su campaña electoral? ¿Cómo y cuándo? Quizá en sus ratos libres. ¿Le dará tiempo?


















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