DENUNCIAS
El transformador neomudéjar, en ruinas
Restauración o destrucción de otro de nuestros bienes, en el Campo de la Verdad
Tenemos turismo. A falta de otros reclamos, la ciudad es visitada por el atractivo del rico patrimonio, principalmente románico y modernismo, pero hay mucho más. Es obvio que merece la pena cuidar al máximo los bienes que tenemos, para conseguir continuar interesando a los transeúntes, de lo contrario, careciendo de arte y monumentos que enseñar, o si estos no están en buen estado de conservación, perderemos visitantes, que elegirán otro destino, aún con menos bienes, pero notablemente más cuidados.
Allá en el Campo de la Verdad, junto a la iglesia de Santiago el Viejo, sigue en pie un exponente de nuestro pasado, reciente, pero valioso. El transformador mudéjar. Evidentemente en desuso, pues ni tiene servicio ni tendría objeto que sirviera de estación eléctrica actualmente. Pero allí pervive la construcción. Edificado a principios del siglo XX, con decoración exterior neomudejar, con escaleras en redondo, que conducen a la primera planta. Cubiertas a cuatro aguas, en pésimo estado de conservación, faltando gran parte en una de las vertientes, permitiendo la entrada del agua de lluvia exponiendo a las vigas y a todo su interior a los efectos devastadores de las inclemencias del tiempo, que, de no actuar convenientemente, afectaran a toda la estructura de la edificación.
El coste de su rehabilitación no es excesivo, pues, principalmente, se reduce a la reposición de la techumbre de escasos metros cuadrados. Una cubierta en buen estado es la garantía de conservación, tanto del forjado del altillo como de los muros exteriores, al preservarlos de la humedad que favorece la fatiga del material y acorta su vida útil.
Su recuperación viene avalada por tratarse de un edificio con protección estructural, como recoge el catalogo arquitectónico del PGOU aprobado en el 2011, cuestión que garantiza, debería ser así, su conservación y mantenimiento, quedando incluido en esta propuesta como parte integradora del futuro parque, previsto junto a la iglesia de Santiago el Viejo. Si bien el futuro destino dentro del proyecto del Campo de la Verdad puede esperar, se hace inminente una recuperación arquitectónica que evite que por descuido y falta de atención, como es el caso, los daños se agraven.
La resistencia a la humedad de los materiales de los muros tiene un límite, llegando a un punto en que será irrecuperable, lo cual supondría una pérdida irreparable. Esta, como otras, por negligencia. Y, aun insistiendo, el coste de su reparación no es excesivo.
Tenemos turismo. A falta de otros reclamos, la ciudad es visitada por el atractivo del rico patrimonio, principalmente románico y modernismo, pero hay mucho más. Es obvio que merece la pena cuidar al máximo los bienes que tenemos, para conseguir continuar interesando a los transeúntes, de lo contrario, careciendo de arte y monumentos que enseñar, o si estos no están en buen estado de conservación, perderemos visitantes, que elegirán otro destino, aún con menos bienes, pero notablemente más cuidados.
Allá en el Campo de la Verdad, junto a la iglesia de Santiago el Viejo, sigue en pie un exponente de nuestro pasado, reciente, pero valioso. El transformador mudéjar. Evidentemente en desuso, pues ni tiene servicio ni tendría objeto que sirviera de estación eléctrica actualmente. Pero allí pervive la construcción. Edificado a principios del siglo XX, con decoración exterior neomudejar, con escaleras en redondo, que conducen a la primera planta. Cubiertas a cuatro aguas, en pésimo estado de conservación, faltando gran parte en una de las vertientes, permitiendo la entrada del agua de lluvia exponiendo a las vigas y a todo su interior a los efectos devastadores de las inclemencias del tiempo, que, de no actuar convenientemente, afectaran a toda la estructura de la edificación.
El coste de su rehabilitación no es excesivo, pues, principalmente, se reduce a la reposición de la techumbre de escasos metros cuadrados. Una cubierta en buen estado es la garantía de conservación, tanto del forjado del altillo como de los muros exteriores, al preservarlos de la humedad que favorece la fatiga del material y acorta su vida útil.
Su recuperación viene avalada por tratarse de un edificio con protección estructural, como recoge el catalogo arquitectónico del PGOU aprobado en el 2011, cuestión que garantiza, debería ser así, su conservación y mantenimiento, quedando incluido en esta propuesta como parte integradora del futuro parque, previsto junto a la iglesia de Santiago el Viejo. Si bien el futuro destino dentro del proyecto del Campo de la Verdad puede esperar, se hace inminente una recuperación arquitectónica que evite que por descuido y falta de atención, como es el caso, los daños se agraven.
La resistencia a la humedad de los materiales de los muros tiene un límite, llegando a un punto en que será irrecuperable, lo cual supondría una pérdida irreparable. Esta, como otras, por negligencia. Y, aun insistiendo, el coste de su reparación no es excesivo.






















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