PERSPECTIVAS
Envidia de Tras os Montes, nuestra región hermana
Eugenio-Jesús de Ávila
Mi amigo Gonzalo Julián y sus amigos decidieron pasar el pasado domingo en Portugal, en las tierras hermanas de Tras os Montes: Macedo de Cavaleiros, Braganza y Vimioso. Unos 150 kilómetros, con parada y fonda en la primera de las localidades citadas. De ese viaje internacional, Gonzalo ha extraído una serie de consecuencias y establecido diferencias entre las ciudades lusas vecinas y nuestra provincia, Aliste, en concreto Alcañices.
En esas humildes poblaciones lusas contemplaron mi amigo y sus compañeros limpieza, orden, alegría y…actividad económica: ingentes hectáreas de laderas, bancales, de olivos y se continúan plantado estos mágicos árboles, que después producirán ese oro que es el aceite. Las carreteras, arregladas, bien señalizadas, citando monumentos, por sencillos que fueren. En los pueblos, aceras en perfecto estado, calles sin un solo papel, todo en orden. Una delicia.
Y de regreso a España, a Zamora, se encontraron con la penosa realidad: carreteras en mal estado, pueblos dejados de la mano de Dios o de la Diputación, calles sin aceras, hormigonadas en el mejor de los casos. Y escribe Gonzalo, textualmente: “Al tomar la carretera provincial (de la Diputación, vamos) que llega a Tola, desde Rábano de Aliste, el espectáculo, el panorama, la realidad, eran, literalmente EXPERPENTICOS: la maleza, cuando no la vegetación, invadiendo la calzada. La pintura en el asfalto totalmente inexistente…!!!Las señales de tráfico, TODAS derrumbadas, caídas o tiradas!!! Por favor, cualquier usuario de esa carretera que de fe de esta penosa afirmación”.
Y concluye: “Sus habitantes, sin otra posible actividad que no sea cuidar de unas terneras…que labrar unas pequeñas cortinas…que trabajar en la cantera…en el matadero…emigrar a Zamora…a Madrid…seguramente ya no al País Vasco…ni a Cataluña… En este “Viaje Internacional”… ¿desde dónde se entra a la zona más deprimida de Europa… desde España… o desde Portugal…?
¡Qué puedo añadir! Pues que nuestra provincia, la zona occidental, la habita gente muy mayor, ancianos, a los que es muy sencillo engañar, porque, además, no protestan, solo cuando en verano regresan los hijos y los nietos que viven en otras ciudades y regiones de España, al comprobar la involución de sus pueblos, el abandono institucional, el ahorro de la miseria.
Después de lo escrito, de la descripción de Gonzalo de ese viaje internacional, de ese paseo por la región hermana lusa de Tras os Montes, uno reflexiona sobre la labor de nuestros políticos, los de allí, Junta de Castilla y León; los de más allá, gobierno central, y los de más acá, Diputación. Y me llego a enfadar. Y me digo que para qué ha servido la Diputación Provincial de Zamora que, después de casi 40 años de democracia, siempre gobernada con el PP, con momentos de corrupción política que se convirtieron en primera plana de los periódicos serios españoles, como la compra de una diputado socialista, 1 de agosto de 1987, primer caso conocido en nuestra nación durante la democracia municipal; el mal llamado “caso Zamora”, ha sido incapaz de cambiar esta provincia, con algunas de sus comarcas convertidas en Las Hurdes del siglo XXI.
Muchos empresarios de medio pelo, personas que, de la noche a la mañana, pasaron de no ser nada, a millonarios, con tantas obras públicas realizadas para la Diputación, se aprovecharon de la creación de unas infraestructuras que, pasado el tiempo, se hallan obsoletas, abandonadas, perdidas. Cierto que, a cargo de la institución provincial, hay unos 2.000 kilómetros de carreteras y que es muy complicado tener cada tramo en perfecto estado, pero, al menos, que exista un mantenimiento constante para que no tengamos que sentirnos varios peldaños por debajo de los hermanos portugueses.
Nuestros políticos siguen creyéndose que el dinero público, los millones de euros que administran son suyos y tienes derecho a hacer con tanta pasta lo que les dé la real gana, ya sea comprar medios de comunicación para que los traten bien y saquen fotos en portada de inauguraciones y otras zarandajas, y castigar a los que somos críticos retirando toda publicidad institucional. Y se equivocan. Y el pueblo llano, estabulado y analfabeto, todavía ignora que ningún presidente o presidenta de la Diputación puso un duro antes, un euro ahora, de su bolsillo para transformar esta provincia; que toda obra la paga el ciudadano, a través de impuestos, que viene del verbo imponer.
El 26 de mayo hay una remota posibilidad de cambios políticos importantes. De momento, la Diputación ya no la presidirá, bendito sea Dios, Mayte Martín Pozo, personaje que llegó ahí sin haber sido ni concejala de algún pueblo. El que la sustituya deberá cambiar, drásticamente, la forma de funcionar de esta institución. Los zamoranos no podemos sentir envidia, sana, de los pueblos de Tras os Montes.
Mi amigo Gonzalo Julián y sus amigos decidieron pasar el pasado domingo en Portugal, en las tierras hermanas de Tras os Montes: Macedo de Cavaleiros, Braganza y Vimioso. Unos 150 kilómetros, con parada y fonda en la primera de las localidades citadas. De ese viaje internacional, Gonzalo ha extraído una serie de consecuencias y establecido diferencias entre las ciudades lusas vecinas y nuestra provincia, Aliste, en concreto Alcañices.
En esas humildes poblaciones lusas contemplaron mi amigo y sus compañeros limpieza, orden, alegría y…actividad económica: ingentes hectáreas de laderas, bancales, de olivos y se continúan plantado estos mágicos árboles, que después producirán ese oro que es el aceite. Las carreteras, arregladas, bien señalizadas, citando monumentos, por sencillos que fueren. En los pueblos, aceras en perfecto estado, calles sin un solo papel, todo en orden. Una delicia.
Y de regreso a España, a Zamora, se encontraron con la penosa realidad: carreteras en mal estado, pueblos dejados de la mano de Dios o de la Diputación, calles sin aceras, hormigonadas en el mejor de los casos. Y escribe Gonzalo, textualmente: “Al tomar la carretera provincial (de la Diputación, vamos) que llega a Tola, desde Rábano de Aliste, el espectáculo, el panorama, la realidad, eran, literalmente EXPERPENTICOS: la maleza, cuando no la vegetación, invadiendo la calzada. La pintura en el asfalto totalmente inexistente…!!!Las señales de tráfico, TODAS derrumbadas, caídas o tiradas!!! Por favor, cualquier usuario de esa carretera que de fe de esta penosa afirmación”.
Y concluye: “Sus habitantes, sin otra posible actividad que no sea cuidar de unas terneras…que labrar unas pequeñas cortinas…que trabajar en la cantera…en el matadero…emigrar a Zamora…a Madrid…seguramente ya no al País Vasco…ni a Cataluña… En este “Viaje Internacional”… ¿desde dónde se entra a la zona más deprimida de Europa… desde España… o desde Portugal…?
¡Qué puedo añadir! Pues que nuestra provincia, la zona occidental, la habita gente muy mayor, ancianos, a los que es muy sencillo engañar, porque, además, no protestan, solo cuando en verano regresan los hijos y los nietos que viven en otras ciudades y regiones de España, al comprobar la involución de sus pueblos, el abandono institucional, el ahorro de la miseria.
Después de lo escrito, de la descripción de Gonzalo de ese viaje internacional, de ese paseo por la región hermana lusa de Tras os Montes, uno reflexiona sobre la labor de nuestros políticos, los de allí, Junta de Castilla y León; los de más allá, gobierno central, y los de más acá, Diputación. Y me llego a enfadar. Y me digo que para qué ha servido la Diputación Provincial de Zamora que, después de casi 40 años de democracia, siempre gobernada con el PP, con momentos de corrupción política que se convirtieron en primera plana de los periódicos serios españoles, como la compra de una diputado socialista, 1 de agosto de 1987, primer caso conocido en nuestra nación durante la democracia municipal; el mal llamado “caso Zamora”, ha sido incapaz de cambiar esta provincia, con algunas de sus comarcas convertidas en Las Hurdes del siglo XXI.
Muchos empresarios de medio pelo, personas que, de la noche a la mañana, pasaron de no ser nada, a millonarios, con tantas obras públicas realizadas para la Diputación, se aprovecharon de la creación de unas infraestructuras que, pasado el tiempo, se hallan obsoletas, abandonadas, perdidas. Cierto que, a cargo de la institución provincial, hay unos 2.000 kilómetros de carreteras y que es muy complicado tener cada tramo en perfecto estado, pero, al menos, que exista un mantenimiento constante para que no tengamos que sentirnos varios peldaños por debajo de los hermanos portugueses.
Nuestros políticos siguen creyéndose que el dinero público, los millones de euros que administran son suyos y tienes derecho a hacer con tanta pasta lo que les dé la real gana, ya sea comprar medios de comunicación para que los traten bien y saquen fotos en portada de inauguraciones y otras zarandajas, y castigar a los que somos críticos retirando toda publicidad institucional. Y se equivocan. Y el pueblo llano, estabulado y analfabeto, todavía ignora que ningún presidente o presidenta de la Diputación puso un duro antes, un euro ahora, de su bolsillo para transformar esta provincia; que toda obra la paga el ciudadano, a través de impuestos, que viene del verbo imponer.
El 26 de mayo hay una remota posibilidad de cambios políticos importantes. De momento, la Diputación ya no la presidirá, bendito sea Dios, Mayte Martín Pozo, personaje que llegó ahí sin haber sido ni concejala de algún pueblo. El que la sustituya deberá cambiar, drásticamente, la forma de funcionar de esta institución. Los zamoranos no podemos sentir envidia, sana, de los pueblos de Tras os Montes.




















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