Eugenio de Ávila
Viernes, 15 de Febrero de 2019
PERSPECTIVAS

Funcionarios y autónomos

Eugenio-Jesús de Ávila

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Yo creo que existen unas cuantas izquierdas. Me lo demostró el viejo maestro Gustavo Bueno. Quizá es que hay muchos partidos de izquierdas que son de derechas, y  muchas personas que militan o se creen de izquierdas, pero ignoran que son de la diestra. Por sus hechos los conocerías.

Insisto en que todo funcionario es conservador. ¿Por qué? Sencillo. Un hombre y una mujer que, finalizada su carrera, grado, bachiller superior oposita al cualquiera de las administraciones del Estado busca asegurar su estabilidad económica hasta la jubilación. Pregunto: ¿Existe algo tan conservador como mantener toda la vida laboral bajo control? No. En absoluto. Filosofe todo lo que quiera el funcionario de uno u otro partido. También, desde la seguridad laboral se puede incordiar, presionar, exigir.  No hay problemas. Sospecho que más que muchas izquierdas, siete pongamos, si respeto a mi maestro, existen muchas izquierdas de derechas. Verbigracia: el PSOE es un partido de izquierdas. Durante la II República intentó un golpe de Estado en 1934, porque consideraba que el centro derecha no era bueno para el régimen. Se quería una España socialista. Después ya saben lo que sucedió entre Largo Caballero y Prieto, entre Prieto y Negrín, y las advertencias del mejor de todos ellos, por su puesto en capacidad intelectual y sabiduría, Besteiro.

Regreso al presente de esta España conservadora y lo que nos espera. Casi todos los alumnos de carreras de Letras enfocan su futuro hacia la administración, y, en concreto, la enseñanza; también haya mucha gente que elige el Derecho, a sabiendas que las oposiciones al Estado, más o menos importantes, exigen conocimientos profundos en esta materia. O bien se oposita para ser un funcionario de carrera, o si posees una memoria prodigiosa para Notarías, Registrador de la Propiedad, Judicaturas, Fiscalía, Abogado del Estado.

Por lo que respecta a las Ciencias, Medicina y Enfermería, en concreto, aspiran a ser también funcionarios de Sanidad, del Servicio Público de Salud. Los más destacados, los genios, pueden dedicarse al ejercicio privado. Pero la gran mayoría aspira a ser funcionario. Ingenieros y Arquitectos, si es menester, opositan a la Administración del Estado, ayuntamientos, diputaciones, autonomías.

En una nación democrática, como la nuestra, España, aunque falte  al sistema mayor calidad, mandan y ordenan funcionarios. Los principales dirigentes del PP de Aznar y Rajoy fueron funcionarios, como ellos mismos lo son. No obstante, aquel gana mucho más dinero lejos de la función pública, labor que abandonó tras ser presidente de Gobierno. Si nos sumergimos en Podemos, todos funcionarios. En el PSOE, una gran mayoría. Felipe y Guerra, no; pero se rodearon de altos cargos de la función pública.

Descendamos al ámbito local. Presidenta de la Diputación: funcionaria del Ayuntamiento, mientras una gran mayoría de sus compañeros también lo son. Alcalde de la capital de la provincia: Francisco Guarido, funcionario; Laura Rivera, funcionaria; Miguel Ángel Viñas, funcionario; Romualdo Fernández, funcionario; Calzada de la Calzada, funcionario; Soraya Merino, funcionaria; Adoración Martín, funcionaria. Pasemos al PP, Clara San Damián, funcionaria; Julio Eguaras, también, de enseñanza, y Belén Sánchez. El portavoz de Ciudadanos es empresario, el único junto a los ediles del PP Armando González (Multicolchón) y Javier Ratón, que posee un estudio de Arquitectura.

En mi propia familia, mi abuelo paterno, mi padre, mis tres hermanos, funcionarios. Sin embargo, todo lo contrario en la de Juárez Pichel, emprendedores.

A lo que voy: la función pública imprime carácter. La forma de ver la vida de un funcionario no tiene nada que ver con la del autónomo, con la del pequeño empresario, que se la juegan desde el primer día que abren el negocio y nunca están seguros de que, al día siguiente, habrá trabajo y negocio. El funcionario siempre estará seguro de cobrar al final de mes y así hasta la jubilación. No hay riesgo ninguno. El autónomo crea riqueza o se arruina. El funcionario, nunca. Administra. Y, por supuesto, resulta prácticamente imposible que se quede sin trabajo.

No hay nada tan conservador como el dinero, aunque su utilización adquiera dinamismo. Si no existe gasto, no hay ingresos. Cuando un funcionario ejerce de político juega con el dinero de los demás con enorme alegría: gasta más de lo que puede. Y si las cuentas no salen, más impuestos a los autónomos y pequeños empresarios, que son los que pagan el funcionamiento del Estado.  

España, pues, es una nación muy conservadora. Todos los jóvenes y las jóvenas, que dirían algunas progres, aspiran a ser funcionarios. Y si tienes amigos en la política, todo hecho. Hay en esta nación un gran árbol  genealógico de nepotismo: cuánto más pequeña es la administración, diputaciones y ayuntamientos, más enchufismo se genera.

Y, aunque nos creamos de izquierdas, no somos más que conservadores con fe en que somos lo que parecemos. Un reto: el que se crea de izquierdas que escriture un testamento a favor del Estado, que todo el patrimonio realizado a lo largo de su vida para lo público. Es la prueba del algodón para el izquierdista. Lenin quiso acabar con el dinero. Durante el Terror jacobino, también. Maduro, por supuesto. Ni un duro para nuestras familias. Todo para el Estado.

Concluyo con una íntima confesión: cuando yo era muy de izquierdas, quise ser funcionario. ¡Paradojas de la vida!

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