CRÍTICA
Casco histórico ruinoso
No se trata de un combate dialéctico entre ideologías, con el pretexto del derrumbe de un inmueble, sino de buscar entre todos los partidos una solución eficaz al problema de balcones, casas y edificios abandonados en el casco antiguo, o mejor, viejo
Eugenio-Jesús de Ávila
Fotografía: Enrique Onís
Hace unos diez años escribí sobre el estado del edificio denominado de Los Balcones, sito en la avenida de la Feria. Se me respondió por parte del Servicio de Urbanismo del Ayuntamiento de Zamora que no había problemas, que los bomberos ya lo certificaron. Pues hete aquí que, unos meses después, se vino abajo. Cerca de esta oficina, en la calle Mariano Benlliure y Fabriciano Cid, se halla otro bonito edificio, abandonado. El estado de sus balcones, como paso todos los días al lado o por debajo, me imponía, tanto que protagonizó dos portadas de El Día de Zamora. En efecto, diversos materiales se vinieron sobre aceras y calzadas y se le colocó una protección. Ahí sigue, afeando la ya impresentable Plaza Mayor de Zamora, que clama por una reforma en profundidad. Pero eso es tema para otro artículo.
Pasear por la Rúa de los Notarios y Rúa de los Francos exige estarse al “loro”, porque fachadas y balcones ofrecen poca seguridad, como se te avisaran de que, antes o después, si la erosión mantiene su contumacia, se vendrán abajo. Recuerdo que hace unos meses otro muro, ya inclinado sobre la calzada, solar abandonado, perdió parte de sus materiales. Se arregló. Pero no se quiso derribar, por razones que desconozco, toda la pared, que, cualquier persona observadora apreciará que amenaza ruina.
Y todo el casco antiguo, más bien viejo, presenta problemas de esta índole. Pediría al actual equipo de gobierno, si no hay tiempo para desarrollar ese proyecto, o si no al próximo que realice ya una inspección técnica, interna o externa, para evaluar el estado de casas abandonadas, balcones y edificios, ante todo los barrios con inmuebles más antiguos y materiales más endebles, como ha sucedido hoy en La Horta, con la casa que se ha venido abajo y que, por suerte, no se ha llevado por delante la vida de ninguna persona. Al parecer, el dueño de ese inmueble dio parte, hace ya dos años, del estado ruinoso del edificio, pero, desde entonces, nada de nada. Si fuera verdad, el alcalde debería investigar quiénes han sido los funcionarios responsables, se supone que de Urbanismo, que obviaron esa denuncia. Me parece gravísimo. Los zamoranos ya empezamos a estar hartos del funcionamiento de un servicio fundamental de nuestro Ayuntamiento. Que se tarde la intemerata de tiempo en conceder una licencia ya resulta inexplicable, pero que se ponga en peligro la vida de las personas por pasar de inspeccionar una casa, cuyo propio dueño ya denunció, hace tiempo, tanto como dos años, que se halla en ruina, resulta kafkiano.
Y, aunque el PP intente sacar hoy partido de este derrumbe, cuando ha sido responsable de lo que acontecía en la Casa de las Panaderas entre 1995 y 2015, y, por lo tanto, se cruzó de brazos ante tanta balconada peligrosa, casas en ruina, edificios con solo fachada, resulta perentorio que todos los partidos zamoranos alcancen un consenso para aplicar, en el próximo mandato una Inspección Técnica de Edificios, con especial dedicación a los inmuebles del casco viejo. No se trata de un problema de ideología, tan solo, o tanto, de gestión. Lo dejó escrito Engels: “En el futuro pasaremos del gobierno de los hombres a la gestión de las cosas”. Ese futuro hace tiempo que nos alcanzó.
Eugenio-Jesús de Ávila
Fotografía: Enrique Onís
Hace unos diez años escribí sobre el estado del edificio denominado de Los Balcones, sito en la avenida de la Feria. Se me respondió por parte del Servicio de Urbanismo del Ayuntamiento de Zamora que no había problemas, que los bomberos ya lo certificaron. Pues hete aquí que, unos meses después, se vino abajo. Cerca de esta oficina, en la calle Mariano Benlliure y Fabriciano Cid, se halla otro bonito edificio, abandonado. El estado de sus balcones, como paso todos los días al lado o por debajo, me imponía, tanto que protagonizó dos portadas de El Día de Zamora. En efecto, diversos materiales se vinieron sobre aceras y calzadas y se le colocó una protección. Ahí sigue, afeando la ya impresentable Plaza Mayor de Zamora, que clama por una reforma en profundidad. Pero eso es tema para otro artículo.
Pasear por la Rúa de los Notarios y Rúa de los Francos exige estarse al “loro”, porque fachadas y balcones ofrecen poca seguridad, como se te avisaran de que, antes o después, si la erosión mantiene su contumacia, se vendrán abajo. Recuerdo que hace unos meses otro muro, ya inclinado sobre la calzada, solar abandonado, perdió parte de sus materiales. Se arregló. Pero no se quiso derribar, por razones que desconozco, toda la pared, que, cualquier persona observadora apreciará que amenaza ruina.
Y todo el casco antiguo, más bien viejo, presenta problemas de esta índole. Pediría al actual equipo de gobierno, si no hay tiempo para desarrollar ese proyecto, o si no al próximo que realice ya una inspección técnica, interna o externa, para evaluar el estado de casas abandonadas, balcones y edificios, ante todo los barrios con inmuebles más antiguos y materiales más endebles, como ha sucedido hoy en La Horta, con la casa que se ha venido abajo y que, por suerte, no se ha llevado por delante la vida de ninguna persona. Al parecer, el dueño de ese inmueble dio parte, hace ya dos años, del estado ruinoso del edificio, pero, desde entonces, nada de nada. Si fuera verdad, el alcalde debería investigar quiénes han sido los funcionarios responsables, se supone que de Urbanismo, que obviaron esa denuncia. Me parece gravísimo. Los zamoranos ya empezamos a estar hartos del funcionamiento de un servicio fundamental de nuestro Ayuntamiento. Que se tarde la intemerata de tiempo en conceder una licencia ya resulta inexplicable, pero que se ponga en peligro la vida de las personas por pasar de inspeccionar una casa, cuyo propio dueño ya denunció, hace tiempo, tanto como dos años, que se halla en ruina, resulta kafkiano.
Y, aunque el PP intente sacar hoy partido de este derrumbe, cuando ha sido responsable de lo que acontecía en la Casa de las Panaderas entre 1995 y 2015, y, por lo tanto, se cruzó de brazos ante tanta balconada peligrosa, casas en ruina, edificios con solo fachada, resulta perentorio que todos los partidos zamoranos alcancen un consenso para aplicar, en el próximo mandato una Inspección Técnica de Edificios, con especial dedicación a los inmuebles del casco viejo. No se trata de un problema de ideología, tan solo, o tanto, de gestión. Lo dejó escrito Engels: “En el futuro pasaremos del gobierno de los hombres a la gestión de las cosas”. Ese futuro hace tiempo que nos alcanzó.




















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