Miércoles, 28 de Enero de 2026

Eugenio de Ávila
Martes, 26 de Febrero de 2019
HISTORIA

Pedro Sánchez debería leer al Azaña de la Guerra Civil y a Negrín

Cuando metabolice el legado intelectual e histórico del último presidente de la II República, quizá no se le volverá a ocurrir pactar con la ultraderecha más racista de Europa: la catalana de Puigdemont y Torra

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Intuyo que Pedro Sánchez no ha leído a Manuel Azaña. De haber dedicado un cierto esfuerzo, un tiempo importante a la figura del último presidente de la II República no habría ido ayer a Montauban (Francia) a rendirle homenaje, como si él fuera el verdadero sucesor del gran político español. Porque el diálogo con la ultraderecha catalana, esencialmente racista, convencida de su superioridad étnica sobre el resto de los españoles, me parece una traición a don Manuel. Recordemos. Historia. No solo memoria.  Ya lo he transcrito en distintos artículos sobre la actualidad política y social de nuestra patria. Lo reitero una vez más. Dicho en plena Guerra Civil, en clara referencia a los separatistas catalanes: “Yo nunca he sido patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco. Y mientras, venga poderes, dinero y más dinero".

Y, como el secretario general del PSOE tampoco sabrá nada de Negrín, he considerado tirar, de nuevo, de la historia. Veamos lo que dijo el doctor canario y presidente del gobierno republicano sobre los separatistas catalanes, con los que tanto gusta negociar Sánchez, con los que ha gobernado durante sus casi nueve meses -¡Qué parto!- de gobernanza desde La Moncloa. Lea: “No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan gravemente los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España! No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista, y tiene que ser cortada de raíz. Nadie se interesa tanto como yo por las peculiaridades de su tierra; amo entrañablemente todas las que se refieren a Canarias y no desprecio sino que exalto las que poseen otras regiones, pero por encima de todas esas peculiaridades, España”.

No haría mal en leer a Besteiro, el más grande entre todos los socialistas de la II República, personalidad política que advirtió de lo que se nos venía encima en 1936: “Estáis envenenando la conciencia de los trabajadores con una propaganda falsa, que solo puede llevar a un baño de sangre y luego a luchas entre las propias izquierdas." Y, para la desgracia de España, su advertencia resultó profética y fatídica.

Y voy a colocar también algo de Largo Caballero, que resulta muy instructivo: “"Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos." Y otro pensamiento del Lenin español que descubre su talante revolucionario, pero, en absoluto, democrático: “La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución."

No me invento nada. Pura historia. Otros que añadan lo de memoria.  Pedro Sánchez, si quiere salvar su carrera política, tiene que estudiar los acontecimientos del tiempo pretérito, y aprenderá que el PSOE del siglo XXI ya no es marxista, ni tiene nada que ver con Largo Caballero, y que la figura a la que imitar se llamó Julián Besteiro.

¿Cuál es el problema del PSOE sanchista? Creo que tiene más de uno. El Partido Socialista de Felipe González se centró, más y más, para gobernar la nación entre 1982 y 1996. Tanto buscó el equilibrio entre la derecha y la izquierda, que los sindicatos convocaron varias huelgas generales. El gran político andaluz, el dirigente socialista más importante de la España contemporánea, intelectual y políticamente a años luz de los ínclitos Zapatero y Sánchez, se encontró con un país descentrado, con una derecha huérfana de Franco y una UCD que se autoinmoló. Recuerdo un titular de El País, aparecido en portada (año 1983), en el que el socialista sevillano confesaba: “El PSOE deberá realizar la revolución burguesa que nunca conoció España”. Modernización. Descarga de ideología.

El presidente Sánchez sabe que tiene que girar hacia el centro para quitarle votos a Ciudadanos, pero, si descuida la izquierda, Podemos le sustraería electores. Y, supongo que ya habrá reconocido, que pactar con los enemigos de la nación, los ultraderechistas catalanes y la izquierda bien de aquel territorio, le restará apoyos de otros socialistas que se sientan españoles. Ese es el dilema del sanchismo que, además, si aspiraba a pactar con la formación naranja, ya sabe que no hay nada que hacer al respecto. Los pactos de Sánchez, si puede llegar a acuerdos para regresar a La Moncloa, solo los encontrará en lo que quede del partido de Iglesias. Porque el pacto que le llevó a desalojar a Rajoy fue, ante todo, coyuntural. Gobernar con el secesionismo abriría profundas grietas en el PSOE.

Mientras, haría bien Pedro Sánchez en leer a Manuel Azaña, aunque la ideología del intelectual de Alcalá de Henares diste muchísimo del PSOE, el de antes y, por supuesto, el contemporáneo, y, por supuesto a Besteiro, el socialista más honrado y clarividente que conociera el PSOE en toda su historia, y Negrín. Después, si sabe analizar ese legado intelectual e histórico, no se le ocurrirá buscar un relator internación, un mamporrero político, para llegar a pactos con la ultraderecha, más ciega y racista de Europa. 

Por cierto, también le convendría leer a Antonio Machado y, por supuesto, a su hermano Manuel. Verbigracia: "Hay dos clases de hombres: los que viven hablando de las virtudes y los que se limitan a tenerlas”

 

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