HISTORIA
Los romances: Literatura “del corazón”
Alicia Valmaseda Merino
Hace varios años que, en frase que posteriormente he visto repetida por diversas personas, afirmé que estudiar la Historia Medieval a la luz de los romances, sería como estudiar la Historia del Siglo XX a la luz de la prensa llamada “del corazón”. ¿Cual sería el grado de veracidad que dicho método otorgaría a nuestra historia actual?
O bien, ¿qué sucedería si, en lugar de tomar como base, documentos, grabaciones, y demás medios fehacientes del propio siglo XX se empleasen como base novelas, escritas dos o tres siglos más tarde, con un fondo más o menos histórico pero en las que se mezclasen personajes reales y fictícios y otorgásemos a todos ellos carta de naturaleza?
Pues bien, esto es lo que sucede cuando tratamos de contar la historia de la ciudad de Zamora y la de su famoso cerco a través del romancero.
No deja de ser curioso cómo se han venido aceptando, como si del Evangelio se tratara, un relato procedente de un supuesto romance desaparecido, cuya fecha, en cualquier caso, se ignora y reescrito dos siglos más tarde de que sucedieran los hechos y sin contar con ninguna base documental.
Pero lo que más llama la atención es la aceptación, precisamente, por los descendientes de quienes fueron atacados sin piedad por el invasor castellano.
A la luz de los hechos conocidos, lo que sucedió en realidad es que Sancho I de Castilla (no puede llevar el ordinal II el primer rey de un reino recién nacido) no respetó el testamento de sus padres y trató de despojar a todos sus hermanos de su correspondiente parte de la herencia por lo que, bajo ningún concepto nos encontramos ante una víctima sino ante un agresor.
Estamos en enero de 1072 y tras la huida de Alfonso VI de León, desde Sahagún, donde Sancho pretendía que profesara como monje para incapacitarle para reinar) a Toledo, reino musulmán feudatario del de León y al cual pagaba parias (impuestos), Sancho se dirige a la ciudad de León donde, el día 12 de dicho mes, se autocorona rey de León, convirtiéndose en Sancho II de León.
Se da entonces la circunstancia esclarecedora de que, en los diplomas que firma, a partir de esa fecha sólo se identifica como rey de León, título que llevaba aparejada la dignidad imperial y que Sancho ambicionaba desde que su padre le deja en herencia el condado de Castilla, recién ascendido a “Reino”.
A continuación marcha sobre Zamora con la pretensión de apoderarse de la amurallada “Perla del Duero” para poder reunir así todo el reino de sus padres.
Sin embargo, su hermana, la infanta Doña Urraca, señora de Zamora, y apodada por este hecho como “la Zamorana”, se niega a rendirle la ciudad y con el apoyo de todos sus habitantes resiste el intento de invasión del ejército castellano, comandado por un rey ambicioso que era, además, su propio hermano.
Puesto que según la tradición el Cerco duró 7 meses y 7 días, podemos decir con bastante certeza que se inicia el 29 de febrero ya que la fecha aceptada generalmente para la muerte de Sancho a manos de Vellido Dolfos es el 7 de octubre.
En dicho momento, y tras más de siete meses de asedio, los víveres empiezan a escasear en Zamora y esa circunstancia lo que decide a Vellido Dolfos, probablemente de origen gallego (no olvidemos que Galicia formó parte del Reino de León desde los mismos inicios de éste y que, incluso después de la formación de España, durante el Antiguo Régimen, era precisamente la ciudad de Zamora la que votaba en Cortes por Galicia) a salir de Zamora y dirigirse al campamento castellano para tratar de liberar a su ciudad.
El 7 de octubre de 1072, Vellido consigue herir de muerte al usurpador Sancho y se refugia en Zamora para evitar las represalias castellana.
Al morir Sancho sin descendencia, su hermano Alfonso VI de León recupera su reino y hereda el efímero reino de Castilla que había tenido una existencia independiente de apenas seis años y se sigue intitulando “rey de León y de Galicia” hasta la conquista de Toledo y “rey de León y de Toledo” a partir de dicho momento y, sobre todo, en múltiples ocasiones “Imperator Totius Hispaniae”.
En cualquier caso, si las propias leyes reconocen el derecho a la legitima defensa en caso de agresión y robo o intento de robo, estaremos de acuerdo en que defenderse contra un invasor, incluso llegando a matarle, nunca puede considerarse traición sino, como queda dicho, legítima defensa.
Sin embargo, desde los romances, escritos para agradar a una de las partes interesadas en aquélla historia, se ha tratado de “héroe” al “usurpador” y de “villano” a quien, cumpliendo con su honor de caballero, defendió a su Señora y a su ciudad.
Es normal que cada ejército trate de “arrimar el ascua a su sardina”, sin embargo, es mucho más extraño que el pueblo que se supo defender con dignidad y honor del injusto ataque de sus atacantes, acepte, defienda y perpetúe unos hechos que sólo existieron en el imaginario de su enemigo de entonces.
No deja de resultar tan paradójico como divertido que Sancho I de Castilla y II de León, que nació en la ciudad de Zamora y murió ante sus murallas, haya sido el único rey de León que no llegó a reinar sobre la ciudad de Zamora ya que dicha ciudad fue el único territorio leonés que Sancho nunca consiguió doblegar.
Y volviendo al inicio de este pequeño trabajo, tengo que confesar que esta historia siempre me hace pensar, salvando las distancias, en la de Bonnie & Clyde, fugitivos, ladrones y criminales estadounidenses, considerados “enemigos públicos” que fueron, sin embargo, representados como héroes en una canción del pasado siglo XX.
La historia sólo puede y debe basarse en documentación fehaciente, contrastada y, en la medida de lo posible, de la época en que acontecieron los hechos. Los romances, las obras de teatro, las novelas más o menos históricas, escritos dos, tres o diez siglos después de acaecidos los hechos pueden ser un magnífico pasatiempo y contribuir a potenciar el interés y la curiosidad por conocer la historia pero jamás deben servir para sustituirla ni, mucho menos para estudiarlos en lugar de la realidad.
Espero que estas letras sirvan para que los zamoranos conozcan mejor la historia, su propia historia, a sus héroes y a los verdaderos traidores.
Hace varios años que, en frase que posteriormente he visto repetida por diversas personas, afirmé que estudiar la Historia Medieval a la luz de los romances, sería como estudiar la Historia del Siglo XX a la luz de la prensa llamada “del corazón”. ¿Cual sería el grado de veracidad que dicho método otorgaría a nuestra historia actual?
O bien, ¿qué sucedería si, en lugar de tomar como base, documentos, grabaciones, y demás medios fehacientes del propio siglo XX se empleasen como base novelas, escritas dos o tres siglos más tarde, con un fondo más o menos histórico pero en las que se mezclasen personajes reales y fictícios y otorgásemos a todos ellos carta de naturaleza?
Pues bien, esto es lo que sucede cuando tratamos de contar la historia de la ciudad de Zamora y la de su famoso cerco a través del romancero.
No deja de ser curioso cómo se han venido aceptando, como si del Evangelio se tratara, un relato procedente de un supuesto romance desaparecido, cuya fecha, en cualquier caso, se ignora y reescrito dos siglos más tarde de que sucedieran los hechos y sin contar con ninguna base documental.
Pero lo que más llama la atención es la aceptación, precisamente, por los descendientes de quienes fueron atacados sin piedad por el invasor castellano.
A la luz de los hechos conocidos, lo que sucedió en realidad es que Sancho I de Castilla (no puede llevar el ordinal II el primer rey de un reino recién nacido) no respetó el testamento de sus padres y trató de despojar a todos sus hermanos de su correspondiente parte de la herencia por lo que, bajo ningún concepto nos encontramos ante una víctima sino ante un agresor.
Estamos en enero de 1072 y tras la huida de Alfonso VI de León, desde Sahagún, donde Sancho pretendía que profesara como monje para incapacitarle para reinar) a Toledo, reino musulmán feudatario del de León y al cual pagaba parias (impuestos), Sancho se dirige a la ciudad de León donde, el día 12 de dicho mes, se autocorona rey de León, convirtiéndose en Sancho II de León.
Se da entonces la circunstancia esclarecedora de que, en los diplomas que firma, a partir de esa fecha sólo se identifica como rey de León, título que llevaba aparejada la dignidad imperial y que Sancho ambicionaba desde que su padre le deja en herencia el condado de Castilla, recién ascendido a “Reino”.
A continuación marcha sobre Zamora con la pretensión de apoderarse de la amurallada “Perla del Duero” para poder reunir así todo el reino de sus padres.
Sin embargo, su hermana, la infanta Doña Urraca, señora de Zamora, y apodada por este hecho como “la Zamorana”, se niega a rendirle la ciudad y con el apoyo de todos sus habitantes resiste el intento de invasión del ejército castellano, comandado por un rey ambicioso que era, además, su propio hermano.
Puesto que según la tradición el Cerco duró 7 meses y 7 días, podemos decir con bastante certeza que se inicia el 29 de febrero ya que la fecha aceptada generalmente para la muerte de Sancho a manos de Vellido Dolfos es el 7 de octubre.
En dicho momento, y tras más de siete meses de asedio, los víveres empiezan a escasear en Zamora y esa circunstancia lo que decide a Vellido Dolfos, probablemente de origen gallego (no olvidemos que Galicia formó parte del Reino de León desde los mismos inicios de éste y que, incluso después de la formación de España, durante el Antiguo Régimen, era precisamente la ciudad de Zamora la que votaba en Cortes por Galicia) a salir de Zamora y dirigirse al campamento castellano para tratar de liberar a su ciudad.
El 7 de octubre de 1072, Vellido consigue herir de muerte al usurpador Sancho y se refugia en Zamora para evitar las represalias castellana.
Al morir Sancho sin descendencia, su hermano Alfonso VI de León recupera su reino y hereda el efímero reino de Castilla que había tenido una existencia independiente de apenas seis años y se sigue intitulando “rey de León y de Galicia” hasta la conquista de Toledo y “rey de León y de Toledo” a partir de dicho momento y, sobre todo, en múltiples ocasiones “Imperator Totius Hispaniae”.
En cualquier caso, si las propias leyes reconocen el derecho a la legitima defensa en caso de agresión y robo o intento de robo, estaremos de acuerdo en que defenderse contra un invasor, incluso llegando a matarle, nunca puede considerarse traición sino, como queda dicho, legítima defensa.
Sin embargo, desde los romances, escritos para agradar a una de las partes interesadas en aquélla historia, se ha tratado de “héroe” al “usurpador” y de “villano” a quien, cumpliendo con su honor de caballero, defendió a su Señora y a su ciudad.
Es normal que cada ejército trate de “arrimar el ascua a su sardina”, sin embargo, es mucho más extraño que el pueblo que se supo defender con dignidad y honor del injusto ataque de sus atacantes, acepte, defienda y perpetúe unos hechos que sólo existieron en el imaginario de su enemigo de entonces.
No deja de resultar tan paradójico como divertido que Sancho I de Castilla y II de León, que nació en la ciudad de Zamora y murió ante sus murallas, haya sido el único rey de León que no llegó a reinar sobre la ciudad de Zamora ya que dicha ciudad fue el único territorio leonés que Sancho nunca consiguió doblegar.
Y volviendo al inicio de este pequeño trabajo, tengo que confesar que esta historia siempre me hace pensar, salvando las distancias, en la de Bonnie & Clyde, fugitivos, ladrones y criminales estadounidenses, considerados “enemigos públicos” que fueron, sin embargo, representados como héroes en una canción del pasado siglo XX.
La historia sólo puede y debe basarse en documentación fehaciente, contrastada y, en la medida de lo posible, de la época en que acontecieron los hechos. Los romances, las obras de teatro, las novelas más o menos históricas, escritos dos, tres o diez siglos después de acaecidos los hechos pueden ser un magnífico pasatiempo y contribuir a potenciar el interés y la curiosidad por conocer la historia pero jamás deben servir para sustituirla ni, mucho menos para estudiarlos en lugar de la realidad.
Espero que estas letras sirvan para que los zamoranos conozcan mejor la historia, su propia historia, a sus héroes y a los verdaderos traidores.


















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