Eugenio de Ávila
Miércoles, 27 de Febrero de 2019
PERSPECTIVAS

Zamora necesita empresarios de verdad

Le sobran políticos mediocres y periodistas cobardes, fauna muy abundante, y una población pusilánime y apática

[Img #25885]Eugenio-Jesús de Ávila

 

Pablo Fernández, líder de Podemos, me parece el político más carismático de esta anacrónica, ahistórica y ridícula comunidad autónoma, manejada desde el eje empresarial y periodístico que forman Valladolid y Burgos, y con Palencia como la tercera pata de la mesa. Hoy, 27 de febrero, a tres meses de los comicios locales, se pasó por Zamora donde ofreció una rueda de prensa a unos medios incapaces de criticar al poder establecido, pues se alimentan en el pesebre de las instituciones públicas.

Pablo habló de una provincia, la nuestra, que languidece, víctima de la despoblación y el envejecimiento, ambas desgracias vinculadas, sin duda.  Dio datos que conocemos. El del desierto demográfico, una realidad, hace una década que lo expuse en el teatro Princpal al entonces presidente de la Diputación, Fernando Martínez-Maíllo, y a la alcaldesa de la capital de la provincia, Rosa Valdeón. Me miraron como si les hubiera mentado la aparición de un OVNI sobre la cúpula de la Catedral.

Desde entonces Zamora agoniza. ¿Culpables? Me reitero, por si Fernández lo ignora: nuestros políticos, los que dicen representarnos, pero que solo son los comerciales de sus partidos –los socialistas tienen escasa culpa por lo que respecta a esta comunidad-, y el propio pueblo zamorano, pusilánime, merecedor, como los toros mansos, de banderillas negras; siempre apoyando a sus verdugos, bendiciendo en las urnas a los que después les tomarían el pelo, una vez asentados en los respectivos parlamentos. Y, por supuesto, la prensa, cómplice, salvo alguna excepción, y ya ni eso.

Pablo Fernández no solo se limitó a exponer la realidad de esta tierra nuestra, sino que también aportó soluciones para intentar aliviar a este enfermo que es Zamora. Quizá las medicinas hayan llegado demasiado tarde. Pero, sin duda, si la aportación del Estado, nuestra provincia y su capital, se consumirán, se convertirán en una reserva de ancianos, en la que los jóvenes trabajarán en residencias de la tercera edad, ya como auxiliares, operarios, enfermeras y médicos.

Por supuesto, el secretario general podemita encuentra en la industrialización de las ricas materias primas zamoranas la principal salida a nuestra decadencia económica y demográfica. Citó la formación profesional como esencial para nuestros jóvenes y su incorporación al sector secundario, el de la transformación de nuestra riqueza agroalimentaria. Pero, si no hay empresarios cualificados, con asuman riesgos, tampoco habrá futuro. Y, en Zamora, si exceptuamos a firmas como Moralejo, las del sector quesero, con algunas empresas emblemáticas, como Quesos el Pastor, Marcos Conde o Vicente Pastor, por citar a tres de las más conocidas aquí y lejos de nuestra geografía; GAZA, algunas cárnicas y…para usted de contar. Necesitamos gente joven que se incorpore al mundo empresarial, personas preparadas, que conozcan la tierra y tengan ideas. Mano de trabajo sobra. Quizá sin preparación suficiente para comenzar en este sector de nuestra economía, pero nadie nace enseñado, ni todo el mundo debe tener un título universitario.

Zamora 10, que se ha convertido en una verdadera cúpula de empresarios, pues en la CEOE no surgen ideas, ni tampoco en la Cámara de Comercio, que ha tenido que evitar embestidas políticas desde la Diputación y luchar contra una quinta columna, incapaz de construir, solo preparada para la destrucción, nos ha demostrado que, si se quiere, se puede: Escuela Nacional de Industrias Lácteas, por ejemplo.

Porque, a decir verdad, a Zamora le faltan empresarios, ideas y valentía para transformar nuestra sociedad, y le sobran políticos mediocres, malandrines periodísticos y gente pusilánime.

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