SENTIMIENTOS
Lluvia y sol, mujer y hombre
Eugenio-Jesús de Ávila
La lluvia es femenina; el sol, masculino. Sin agua y sin luz, la tierra, que es nuestra madre, no podría sembrarse, ni, por tanto, germinar las semillas, recoger cosechas y frutos. No hay vida sin el yin y yang, sin lo masculino y lo femenino. Si se impone un sexo sobre el otro, se muere la sociedad. En todo hombre, hay un toque de distinción femenino; en toda mujer, también se distingue cierto aroma masculino. No hay machotes ni tiorras. Solo orfandad de talento, inteligencia y sensibilidad.
La mujer crea vida después del placer para esculpir un nuevo ser a través del dolor. El hombre, en esencia, es un ser hedonista. Si no gozase en la cópula, no existiría la Humanidad. Cuando el varón solo se mueve por hedonismo, desvirtúa su masculinidad para transformarse en un machista que persigue a la fémina para su propia satisfacción.
A la mujer hay que preñarla con poesía, llevarla al nirvana con sensibilidad, hacerla feliz escuchándola, atendiéndola, mimándola. Pero el sexo no define el bien y el mal. Hay canallas hombres y arpías femeninas. Políticas nefastas y políticos extraordinarios. Verbigracia: Francisco Guarido es hombre, Mayte Martín, mujer.
Yo no soy enemigo de la mujer por nacer hombre, por crecer como hombre, por amar como hombre, por morir como hombre. Yo soy rival de la mujer si la considero inferior a mí, si, en el trabajo, la trato como a un instrumento; si, como empresario, seduzco a mis trabajadoras, bajo la amenaza del despido; si quiero, a través de mi poder alquilar su sexo; si la discrimino por haber nacido con vagina.
¡Que mayor dignidad y honor que ser madre o encontrarse en potencia de serlo! ¡Qué sentimiento más profundo que el de perpetuar la especie, engendrar vida, amar con todo el corazón del alma, mientras el hombre solo percibe el aroma de la rosa, pero ignora como brota la sangre cuando se te clava una espina del rosal! La mujer goza y sufre. El hombre huye de sí mismo, porque se encontró con su pene y advirtió que le faltaba algo para ser una diosa!
No me odies, mujer, por ser hombre; por amarte, por haberte ignorado cuando tú me quisiste enseñar a amar. No puede ser mujer. Me moriré como hombre. Una mujer, la muerte, me recogerá en su vientre de nada para convertirme en polvo, en sueño, en recuerdo.
Sin ti, Dama del Esla, mi vida habría carecido de sentido, se hubiera transformado en muerte viva.
Postdata: Escrito por Eugenio-Jesús de Ávila, que no fue un marido ideal, ni tampoco un padre modélico, un 8 de marzo de 2019, Día Internacional de la Mujer.
La lluvia es femenina; el sol, masculino. Sin agua y sin luz, la tierra, que es nuestra madre, no podría sembrarse, ni, por tanto, germinar las semillas, recoger cosechas y frutos. No hay vida sin el yin y yang, sin lo masculino y lo femenino. Si se impone un sexo sobre el otro, se muere la sociedad. En todo hombre, hay un toque de distinción femenino; en toda mujer, también se distingue cierto aroma masculino. No hay machotes ni tiorras. Solo orfandad de talento, inteligencia y sensibilidad.
La mujer crea vida después del placer para esculpir un nuevo ser a través del dolor. El hombre, en esencia, es un ser hedonista. Si no gozase en la cópula, no existiría la Humanidad. Cuando el varón solo se mueve por hedonismo, desvirtúa su masculinidad para transformarse en un machista que persigue a la fémina para su propia satisfacción.
A la mujer hay que preñarla con poesía, llevarla al nirvana con sensibilidad, hacerla feliz escuchándola, atendiéndola, mimándola. Pero el sexo no define el bien y el mal. Hay canallas hombres y arpías femeninas. Políticas nefastas y políticos extraordinarios. Verbigracia: Francisco Guarido es hombre, Mayte Martín, mujer.
Yo no soy enemigo de la mujer por nacer hombre, por crecer como hombre, por amar como hombre, por morir como hombre. Yo soy rival de la mujer si la considero inferior a mí, si, en el trabajo, la trato como a un instrumento; si, como empresario, seduzco a mis trabajadoras, bajo la amenaza del despido; si quiero, a través de mi poder alquilar su sexo; si la discrimino por haber nacido con vagina.
¡Que mayor dignidad y honor que ser madre o encontrarse en potencia de serlo! ¡Qué sentimiento más profundo que el de perpetuar la especie, engendrar vida, amar con todo el corazón del alma, mientras el hombre solo percibe el aroma de la rosa, pero ignora como brota la sangre cuando se te clava una espina del rosal! La mujer goza y sufre. El hombre huye de sí mismo, porque se encontró con su pene y advirtió que le faltaba algo para ser una diosa!
No me odies, mujer, por ser hombre; por amarte, por haberte ignorado cuando tú me quisiste enseñar a amar. No puede ser mujer. Me moriré como hombre. Una mujer, la muerte, me recogerá en su vientre de nada para convertirme en polvo, en sueño, en recuerdo.
Sin ti, Dama del Esla, mi vida habría carecido de sentido, se hubiera transformado en muerte viva.
Postdata: Escrito por Eugenio-Jesús de Ávila, que no fue un marido ideal, ni tampoco un padre modélico, un 8 de marzo de 2019, Día Internacional de la Mujer.
















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