PERSPECTIVAS
¿Es mentira que la Semana Santa de Zamora haya dejado de ser religiosa, por tanto, católica?
Eugenio-Jesús de Ávila
Cómo voy a creer en Dios si no creo en el Hombre, creado –se lee en La Biblia- a su imagen y semejanza! Aquí, en esta ciudad del alma, donde debió venir al mundo Caín, los que se manifiestan en procesiones religiosas nunca ponen la otra mejilla, más bien buscan la del enemigo como frontón para estrellar un soplamocos; hasta parecerse al fariseo de los Evangelios.
Como he escrito con reiteración, por coherencia, porque dejé de creer en todo, perdí la fe en Dios y en la política, nunca más me cubrí con túnica y caperuz –eso sucedería hace unos 40 años-, mientras me acostumbré a castigar con mi voto al peor entre los malos. Por lo tanto, me da igual lo que cada cual piense de la Semana Santa de nuestra tierra. Yo la defiendo hacia fuera, porque es la fe de mis mayores y de algunos hermanos y hermanas que creen en algo, Dios o lo que sea. Pero, si la Pasión de Zamora alcanzó fama nacional e internacional por una serie de valores, disueltos en el agua del tiempo, tengo que criticar a los que la han convertido en otra cosa, en una especie de feria de vanidades, de fiesta de la calumnia, de la conspiración, como si cada cofradía y hermandad fuesen partidos políticos, con enfrentamientos domésticos y críticas mordaces al enemigo.
Voy a cuestionar, pues, una serie de preguntas para que cada cual responda en conciencia, si es cofrade, o desde otra perspectiva ajena al interior de la Semana Santa, si, simplemente, gusta contemplar los desfiles procesionales, y encontrar las razones que han conducido a la Pasión de Zamora a esta serie de diatribas verbales, traiciones, desavenencias entre amigos y hermanos, que se dejaron de hablar por estupideces de cofradías.
Hoy, merced al incidente, gravísimo de ayer,domingo, durante la Asamblea General de la Congregación, hemos sido, para nuestra desgracia, noticia nacional, motivo de escarnio y burla. Se entiende, se podría disculpar, que tampoco, que la gente se insulte, se agreda, se vuelva violenta en competiciones deportivas, pero en una reunión de hermanos, vinculados por una misma fe, resulta patético.
Formulario
¿Es mentira que directivos de cofradías asisten a los desfiles como si fueran a un acto que nada tiene que ver con la religión, y los propios hermanos de fila y cargadores tampoco poseen una fe sólida?
¿Es mentira que hay marchas inapropiadas, que han impuesto algunas juntas directivas para sus desfiles?
¿Es mentira que hay muchas hermandades donde falta de compostura en los desfiles procesionales?
¿Es bonito, forma parte de nuestras tradiciones, ese espectáculo de aplausos cerrados cuando entran los grupos escultóricos en el Museo de Semana Santa?
¿Es mentira que se blasfema debajo de los pasos?
¿Es mentira que la asistencia a los actos de culto religiosos es prácticamente nula por parte de hermanos de fila, cargadores y presidentes de las cofradías y hermandades?
¿Es mentira, verbigracia, que no llegan al centenar de mujeres las que asisten al Quinario de la Soledad, cuando el Sábado Santo, a la puesta del sol, se dan cita cuatro mil damas en el pórtico sur de la iglesia de San Juan para acompañar a la Virgen de la Soledad?
¿Es mentira que en todos los actos religiosos que preceden a la Semana de Pasión el porcentaje de asistentes semanasanteros es bajísimo?
¿Es mentira que, ya antaño, de los 22 cargadores de un determinado grupo escultórico, solo asistían tres al Quinario de la Soledad?
¿Es mentira que ha existido una entrada masiva de cargadores sin fe, que ahora también andan a la greña por problemas de vanidad, de cargos, de fuerza, de poder?
¿Es mentira que la Iglesia, desde el célebre artículo “Luces y Sombras de la Semana Santa, de Buxarrais Ventura, obispo de Zamora, en el verdadero El Correo de Zamora, no en este sucedáneo de periódico que se publica ahora, ha mirado para otro lado para evitar conflictos con las cofradías?
¿Es mentira que se ha sustituido la fe por la vanidad, el figuroneo por la sencillez, la religión por cualquier otra cosa, en la mayor parte de las cofradías y hermandades zamoranas?
¿Es mentira que en el seno de la Junta Pro Semana Santa sigue existiendo una lucha cerrada entre unas cofradías y otras?
¿Es mentira que la Semana Santa solo se vive de cara a la galería y no se busca una catarsis religiosa durante esos días?
¿Es mentira que cofrades de fila y cargadores acuden a las procesiones sin dedicar ni cinco minutos a la reflexión sobre lo que fue la Pasión y Muerte del Cristo?
¿Es mentira que importa más el turismo que la religión a la Junta Pro Semana Santa de Zamora?
¿Es mentira que se utiliza la Semana Santa para entrar en política y que algunas formaciones buscan entre presidentas y presidentes de cofradías y hermandades candidatos a formar parte de sus listas electorales?
¿Es mentira que la felonía protagoniza la vida interna de muchas cofradías?
¿Es mentira que son muy pocos los que, de verdad, intentan hacer de sus cofradías unas verdaderas hermandades cristianas, plenas de fraternidad?
¿Es mentiras que solo un pequeño número de hermanos y hermanas, presidentes y presidentas acuden a misa los domingos y fiestas de guardar?
¿Es mentira que la Semana Santa de Zamora ha dejado de ser religiosa, y, por tanto, católica, y, no hace honor al legado de nuestros padres y abuelos, cuando apenas atraía turistas, y solo era una demostración de fe, un intento de catarsis del alma?
¿Es mentira que los cargadores de diferentes grupos escultóricos disfrutan más con la cena anual, en la que, para nada, se comenta nada referente a la religión, la penitencia en nombre del Hijo de Dios que murió crucificado?
¿Es mentira que obvio la Semana Santa, que solo me interesa estudiarla desde el punto de vista de la Psicología, la Antropología y la Sociología, pero que tanta hipocresía, este fariseísmo en el tiempo, no me permiten evitar la crítica?
¿Es mentira que alguien me comento, no ha mucho tiempo, que podría hacer un buen Pregón de Semana Santa y le respondí que “sería la primera vez en la historia de la Pasión de Zamora un ateo la pregonara; ahora bien, existe tanto surrealismo en esta tierra moribunda, desestructurada, entregada a la peor política, que todo es posible. Menos mal que Dios no me permite ser creyente?
Finalizo. Preguntas que quizá no obtengan respuesta. Yo solo cuestiono para que se me responda desde dentro y también para que los otros zamoranos, los que contemplan la Semana Santa desde fuera, ofrezcan su opinión. Yo no afirmo nada. Solo pregunto. Y me he asesorado por personas que aman profundamente la Pasión zamorana para formular ese cuestionario a quién sea menester. Quizá todo sea mentira y nuestra Pasión sigua siendo una demostración de fe, austeridad, sobriedad y profunda religiosidad, y yo un ateo que cree en Dios.
Me temo que, entre la cobardía de la jerarquía eclesiástica, incapaz de criticar comportamientos de cofradías y cofrades, impropios de gente que se proclama católica; un afán desmedido, hiperbólico, por figurar, por exhibirse con túnicas por las calles, por fardar de fuerza y poderío físico, una penitencia que no exige el Nazareno, conducirá a la Semana Santa de la fe, la austeridad y la sobriedad hacia el despeñadero de su propia negación.
Porque un día la amé, cuando era un adolescente, hoy me duele hasta causarme náuseas, la deriva de la Semana Santa de mi ciudad, la del alma, a la que ya solo le queda el esqueleto.
Cómo voy a creer en Dios si no creo en el Hombre, creado –se lee en La Biblia- a su imagen y semejanza! Aquí, en esta ciudad del alma, donde debió venir al mundo Caín, los que se manifiestan en procesiones religiosas nunca ponen la otra mejilla, más bien buscan la del enemigo como frontón para estrellar un soplamocos; hasta parecerse al fariseo de los Evangelios.
Como he escrito con reiteración, por coherencia, porque dejé de creer en todo, perdí la fe en Dios y en la política, nunca más me cubrí con túnica y caperuz –eso sucedería hace unos 40 años-, mientras me acostumbré a castigar con mi voto al peor entre los malos. Por lo tanto, me da igual lo que cada cual piense de la Semana Santa de nuestra tierra. Yo la defiendo hacia fuera, porque es la fe de mis mayores y de algunos hermanos y hermanas que creen en algo, Dios o lo que sea. Pero, si la Pasión de Zamora alcanzó fama nacional e internacional por una serie de valores, disueltos en el agua del tiempo, tengo que criticar a los que la han convertido en otra cosa, en una especie de feria de vanidades, de fiesta de la calumnia, de la conspiración, como si cada cofradía y hermandad fuesen partidos políticos, con enfrentamientos domésticos y críticas mordaces al enemigo.
Voy a cuestionar, pues, una serie de preguntas para que cada cual responda en conciencia, si es cofrade, o desde otra perspectiva ajena al interior de la Semana Santa, si, simplemente, gusta contemplar los desfiles procesionales, y encontrar las razones que han conducido a la Pasión de Zamora a esta serie de diatribas verbales, traiciones, desavenencias entre amigos y hermanos, que se dejaron de hablar por estupideces de cofradías.
Hoy, merced al incidente, gravísimo de ayer,domingo, durante la Asamblea General de la Congregación, hemos sido, para nuestra desgracia, noticia nacional, motivo de escarnio y burla. Se entiende, se podría disculpar, que tampoco, que la gente se insulte, se agreda, se vuelva violenta en competiciones deportivas, pero en una reunión de hermanos, vinculados por una misma fe, resulta patético.
Formulario
¿Es mentira que directivos de cofradías asisten a los desfiles como si fueran a un acto que nada tiene que ver con la religión, y los propios hermanos de fila y cargadores tampoco poseen una fe sólida?
¿Es mentira que hay marchas inapropiadas, que han impuesto algunas juntas directivas para sus desfiles?
¿Es mentira que hay muchas hermandades donde falta de compostura en los desfiles procesionales?
¿Es bonito, forma parte de nuestras tradiciones, ese espectáculo de aplausos cerrados cuando entran los grupos escultóricos en el Museo de Semana Santa?
¿Es mentira que se blasfema debajo de los pasos?
¿Es mentira que la asistencia a los actos de culto religiosos es prácticamente nula por parte de hermanos de fila, cargadores y presidentes de las cofradías y hermandades?
¿Es mentira, verbigracia, que no llegan al centenar de mujeres las que asisten al Quinario de la Soledad, cuando el Sábado Santo, a la puesta del sol, se dan cita cuatro mil damas en el pórtico sur de la iglesia de San Juan para acompañar a la Virgen de la Soledad?
¿Es mentira que en todos los actos religiosos que preceden a la Semana de Pasión el porcentaje de asistentes semanasanteros es bajísimo?
¿Es mentira que, ya antaño, de los 22 cargadores de un determinado grupo escultórico, solo asistían tres al Quinario de la Soledad?
¿Es mentira que ha existido una entrada masiva de cargadores sin fe, que ahora también andan a la greña por problemas de vanidad, de cargos, de fuerza, de poder?
¿Es mentira que la Iglesia, desde el célebre artículo “Luces y Sombras de la Semana Santa, de Buxarrais Ventura, obispo de Zamora, en el verdadero El Correo de Zamora, no en este sucedáneo de periódico que se publica ahora, ha mirado para otro lado para evitar conflictos con las cofradías?
¿Es mentira que se ha sustituido la fe por la vanidad, el figuroneo por la sencillez, la religión por cualquier otra cosa, en la mayor parte de las cofradías y hermandades zamoranas?
¿Es mentira que en el seno de la Junta Pro Semana Santa sigue existiendo una lucha cerrada entre unas cofradías y otras?
¿Es mentira que la Semana Santa solo se vive de cara a la galería y no se busca una catarsis religiosa durante esos días?
¿Es mentira que cofrades de fila y cargadores acuden a las procesiones sin dedicar ni cinco minutos a la reflexión sobre lo que fue la Pasión y Muerte del Cristo?
¿Es mentira que importa más el turismo que la religión a la Junta Pro Semana Santa de Zamora?
¿Es mentira que se utiliza la Semana Santa para entrar en política y que algunas formaciones buscan entre presidentas y presidentes de cofradías y hermandades candidatos a formar parte de sus listas electorales?
¿Es mentira que la felonía protagoniza la vida interna de muchas cofradías?
¿Es mentira que son muy pocos los que, de verdad, intentan hacer de sus cofradías unas verdaderas hermandades cristianas, plenas de fraternidad?
¿Es mentiras que solo un pequeño número de hermanos y hermanas, presidentes y presidentas acuden a misa los domingos y fiestas de guardar?
¿Es mentira que la Semana Santa de Zamora ha dejado de ser religiosa, y, por tanto, católica, y, no hace honor al legado de nuestros padres y abuelos, cuando apenas atraía turistas, y solo era una demostración de fe, un intento de catarsis del alma?
¿Es mentira que los cargadores de diferentes grupos escultóricos disfrutan más con la cena anual, en la que, para nada, se comenta nada referente a la religión, la penitencia en nombre del Hijo de Dios que murió crucificado?
¿Es mentira que obvio la Semana Santa, que solo me interesa estudiarla desde el punto de vista de la Psicología, la Antropología y la Sociología, pero que tanta hipocresía, este fariseísmo en el tiempo, no me permiten evitar la crítica?
¿Es mentira que alguien me comento, no ha mucho tiempo, que podría hacer un buen Pregón de Semana Santa y le respondí que “sería la primera vez en la historia de la Pasión de Zamora un ateo la pregonara; ahora bien, existe tanto surrealismo en esta tierra moribunda, desestructurada, entregada a la peor política, que todo es posible. Menos mal que Dios no me permite ser creyente?
Finalizo. Preguntas que quizá no obtengan respuesta. Yo solo cuestiono para que se me responda desde dentro y también para que los otros zamoranos, los que contemplan la Semana Santa desde fuera, ofrezcan su opinión. Yo no afirmo nada. Solo pregunto. Y me he asesorado por personas que aman profundamente la Pasión zamorana para formular ese cuestionario a quién sea menester. Quizá todo sea mentira y nuestra Pasión sigua siendo una demostración de fe, austeridad, sobriedad y profunda religiosidad, y yo un ateo que cree en Dios.
Me temo que, entre la cobardía de la jerarquía eclesiástica, incapaz de criticar comportamientos de cofradías y cofrades, impropios de gente que se proclama católica; un afán desmedido, hiperbólico, por figurar, por exhibirse con túnicas por las calles, por fardar de fuerza y poderío físico, una penitencia que no exige el Nazareno, conducirá a la Semana Santa de la fe, la austeridad y la sobriedad hacia el despeñadero de su propia negación.
Porque un día la amé, cuando era un adolescente, hoy me duele hasta causarme náuseas, la deriva de la Semana Santa de mi ciudad, la del alma, a la que ya solo le queda el esqueleto.

















Toda la razón | Miércoles, 13 de Marzo de 2019 a las 15:45:12 horas
El autor de este artículo tiene más razón que un santo. Todo lo que dice es cierto. Una vergüenza, directamente la Iglesia (el obispo) debería tomar medidas y depurar las cofradías y la Semana Santa en general.
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