Eugenio de Ávila
Miércoles, 13 de Marzo de 2019
PERSPECTIVAS

Zamora necesita estetas en política

Eugenio-Jesús de Ávila

[Img #26189]Hay gente que se cree de izquierdas que, por los demás, es muy conservadora. Verbigracia: no piensan en una Zamora grande, con nuevas avenidas, más hermosa, más jardines coquetos, fuentes ornamentales, más habitantes, mayor calidad de vida, mejores servicios, un patrimonio monumental mejor cuidado, más atrayente. Han llegado a la conclusión, deseo que también resulta propio del cacique, que nuestra ciudad se halla incapacitada para aumentar su potencia económica, su población, su atractivo cultural e histórico, su oferta empresarial. Son personas, políticos también, que solo piensan en una Zamora pequeña, provinciana, aburrida, envejecida.  El seductor tímido y el político cobarde jamás conquistarán a la mujer deseada ni transformaran nuestra ciudad en urbe de progreso, moderna, avanzada, deslumbrante.

 

Un político local debe aportar ideas para cambiar, embellecer, desarrollar Zamora. No se trata de construir un Berlín Nacional-Socialista, como deseaba Hitler, asesorada por su arquitecto y ministro de Armamento Albert Speer. Solo se pide pensar en grande, nunca como un menesteroso: que solo espera la limosna del día para comer mañana. A un servidor, además de criticar a los políticos, a unos más que a otros, por ejemplo, no me compare usted a Francisco Guarido con la nueva lideresa del PP, Mayte Martín Pozo, ni tampoco a la actual presidenta de la Diputación con Clara San Damián o José Luis González Prada, por citar a dos personalidades entre los populares, también, de vez en cuando, me satisface presentar propuestas cambiar le epidermis de Zamora, su cutis, su piel, lo que se ve, lo que atrae, lo que debe deslumbrar.

 

Comparo nuestra ciudad a una venerable ancianita, que fue hermosa, que dejó, tiempo ha, su juventud en el espejo de la ucronía. Si no se la cuida, se la mima, se la trata con ternura, mostrará sus carencias, arrugas, patas de gallo, caída del cabello, brazos, piernas y glúteos flácidos. Y, en esta época, la imagen protagoniza, aunque sea una desgracia, la vida económica y social del individuo y de la ciudad, de la política y de los políticos.

 

Lo escribí en anterior artículo. Creo que vio la luz hace más de un año. Zamora necesita una profunda restauración de su Plaza Mayor, porque la actual, desde su superficie a su entorno resulta poco agradable a la vista. Una ciudad monumental como es la nuestra merece un proyecto de ágora que deslumbre, que quede para la historia, que se construya ahora y dentro de una centuria se alabe al arquitecto que la proyectó y al político que la encargó.

 

Recuerdo que, durante el primer mandato de Andrés Luis Calvo (1983-1987) se realizó un estudio para una nueva Plaza Mayor, que contemplaba levantar edificios en la fachada sur de la iglesia de San Juan, cerrar los jardines con una verja tipo la de la Catedral y cerrar, en lo posible, ese entorno. El proyecto existe. Lo he contemplado. Pero se olvidó. Añadiría la reconstrucción  de las torres del viejo Consistorio, también demolidas, como las del Puente de Piedra.

 

Merecería que este asunto se tratase por parte de la nueva Corporación Municipal. Espero que algún partido político lo contemple en su programa electoral, como, por su puesto, acabar con los solares en el casco antiguo, algunos con más de dos décadas criando ratas, maleza, insectos, y amenazando con venirse abajo, como el que se encuentra a la izquierda, en la Rúa de los Notarios, yendo hacia la Catedral, que perdió materiales no hace tanto tiempo. El problema se resolvería hablando con los propietarios. Se les ofrece una cantidad, a la baja, por supuesto. Si no acepta, se acude a la ley para expropiarlos. Objetivo: construir viviendas, de acuerdo al entorno estético, para gente joven, matrimonios humildes y asentar nuevos negocios. De esa manera, se terminaría con esa horrible imagen  que se ofrece al turismo cultural cuando disfruta de nuestro románico, rodeado, para nuestra desgracia, de ruinas, dejadez y abandono.

Y no me olvido de que el paseo hacia la parte noble de la ciudad provoca, debido a las piedras que ocupan más de un 50% de rúas, plazuelas y calles, incomodidad en el caminante. Debería abordarse ya colocar más baldosas de granito de Sayago, no de seis centímetros y chino, de mayor grosor. Y inquiero a la autoridad municipal para que se diseñe otra plaza de Viriato sin esos recuadros de cantos que la convierte en otra pequeña tortura para el ciudadano que la quiere atravesar.

 

Y no me olvido, como colofón a este artículo estético, de la plaza de la Constitución, un espacio urbano que duele de tan exagerada sobriedad. ¡Vamos a ver, pero no se puede ajardina como, por ejemplo, la plaza de Zorrilla, el jardín más hermoso, coqueto y provocador de la ciudad. Resulta tan complicado. Y no se me argumente que hay aparcamiento subterráneo bajo tal ágora, porque no se trata de plantar higueras, ni olmos, ni sauces llorones. Queremos hierba, flores, aromas, perfume, delicadeza, belleza.

 

El próximo mandato municipal, el que no introducirá en la tercera década del siglo XXI debe servir para crear una ciudad más atractiva, más bella, sin tanto cemento, tan seca, tan austera. No pensemos en pequeño, máxime si nos dedicamos a la res pública. Quiero zamoranos que se dediquen a la política para transformar la sociedad, no gente que entre en política para ascender de escala social y olvidarse de la ciudad. Zamora merece una profunda reflexión sobre lo que queremos hacer con su espacio urbano. Necesitamos, además de zamoranos políticos, estetas en la política, amantes de la belleza en la Casa de las Panaderas.

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