Eugenio de Ávila
Lunes, 25 de Marzo de 2019
PERSPECTIVAS

Francisco Guarido, el alcalde tranquilo

Eugenio-Jesús de Ávila

[Img #26422]Sostengo, aunque no apellide Pereyra, que Francisco Guarido ni es “rojo”, ni, por supuesto, “peligroso”. Nuestro alcalde, en su primer mandato, ha demostrado ser más un gestor que un izquierdista rabioso, como se calificaba a uno de mis abuelos durante el franquismo. Engels, ya la final de su vida –Karl Marx ya había fallecido-, lanzó una profecía que, más o menos, vino a decir que “en el futuro pasaremos del gobierno de los hombres a la gestión de las cosas”. Y así debería ser en una sociedad aburguesada como la nuestra, donde la clase media gusta consumir  y los trabajadores aspiran a vivir como la pequeña burguesía.  Nuestro presente, si quiera o no, es el futuro del empresario de Marx.

Guarido, pues, no ha gobernado para un proletariado que apenas existe en nuestra ciudad. Francisco ha administrado el Ayuntamiento, como he escrito con reiteración, como un ama de casa humilde gestiona su hogar. Ni un gasto superfluo, ni obras faraónicas, ni políticas que dejarán huella de su paso por la Casa de las Panaderas. Quizá se le pueda achacar que ha mirado demasiado la perrica y que ciertas obras se hayan otorgado con bajas temerarias, como la del Banco de España. Pero esa forma de actuar es muy propia de las madres sencillas, que se quedan siempre con el profesional que le pinta , más barato, la alcoba de los niños; con el fontanero que arregla el lavabo en menos tiempo y le cobra menos; con el profesional del parqué más justo. Pero sucede que, con frecuencia, como dice el dicho, “la barato es caro”.

Guarido no ha gobernado - ¿o sí?- como un hombre de izquierdas. Ha gobernado para casi todos. De ahí, que, así lo considero, le puedan votar desde la gente de centro, sin una gran carga ideológica, hasta los de izquierdas. Quizá el 26 de mayo, los votos de Podemos, que recogió en los anteriores comicios, se irán al candidato morado, Fernando Martos, que ha sido el más crítico con la gobernanza de Izquierda Unida desde la primavera de 2015. La derecha, o lo que consideramos partido de los conservadores, también se ha mostrado dura con el actual alcalde, pero tampoco para llegar la sangre al río, y, además, a Clara San Damián no le quedaba otra. Era el rol que le correspondía a la bella senadora. Ciudadanos, menos en esta etapa final, ha llegado a pactos, muy beneficiosos para la ciudad.

Como anuncié al inicio de este mandato, Izquierda Unida se presentó a los comicios locales de 2015 con un equipo para ejercer la oposición. Todo lo contrario que el PP, que acudía a la cita con las urnas con una escuadra perfectamente calibrada para gobernar. Como Guarido, ni nadie de su formación, esperaba un éxito tan inaudito, durante mucho tiempo se evidenció su bisoñez para gobernar un tinglado como el del Ayuntamiento de la capital, que, además, presentaba agujeros singulares que habría que tapar. Ahora, como nuestro regidor quiere ganar y cree en la victoria, aunque no sea por mayoría absoluta, deberá estructurar un conjunto de concejales con talento para la gestión, porque el carisma lo pone el propio Guarido, el político más atractivo entre los zamoranos. IU sin él se quedaría en una imagen, seriedad, honradez y ciertos tics revolucionarios. Pero poco más.

Si Guarido, el alcalde tranquilo, ganase las elecciones municipales, convencido estoy que gobernaría la Casa de las Panaderas como un ama de casa, pero ya con cierto nivel económico. Hogar, dulce hogar.

 

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