PERSPECTIVAS
La necesaria catarsis del PP
Eugenio-Jesús de Ávila
Al nuevo líder nacional del Partido Popular, Pablo Casado, una especie de Albert Ribera en lo físico –cara de buena persona, guapito, nervioso-, Zamora no le importa mucho. De hecho, las listas electorales al Congreso de los Diputados y Senado no han cambiado drásticamente. En esta provincia, los populares siguen tal cual. Aquí, el cambio más abrupto lo realizó Fernando Martínez-Maíllo, cuando se hizo con el poder en el partido y en la Diputación, algo excesivo para cualquier político de provincias. J.Antolín Martín lo intentó cuando era el principal inquilino del Hospital de la Encarnación: quiso ser presidente por partida doble, pero le hicieron trampa. A Valladolid le daba miedo, porque, con tanto poder en sus manos, habría cambiado el partido cómo correspondía: moderno y liberal, además de haber acabado con el nepotismo. Parodiando lo dijo Guerra de España: “Al PP de Zamora no lo conocería ni la madre que lo parió”. Pero siempre pierden los buenos, menos en las películas. Por eso nos gusta el cine.
Hubo un tiempo, demasiado, que el PP de Zamora condicionó la vida de muchos zamoranos. También la mía. Uno de sus altos cargos me persiguió durante años y años, porque creyó, incauto, que un servidor fue el cerebro de la operación contra Aznar, el famoso Caso Zamora. ¡No se puede ser tan malo y estólido! En absoluto. Se equivocó como la paloma de Alberti. Pero a mucha gente el poder popular la hizo feliz para siempre.
Incluso, en los últimos comicios locales, en la primavera de 2015, formar parte de la candidatura de Clara San Damián parecía un pasaporte para ser concejal del equipo de gobierno, porque el PP se sabía ganador…y ganó, pero fue una victoria como la del rey Pirro. Ahora, ya no es un chollo ser del PP, porque, tras la pérdida del gobierno en Madrid, más las apariciones de Ciudadanos, hace unos años, y la explosión de Vox, no ha mucho tiempo, los populares huelen a derrota, a pérdida de poder en las principales ciudades de Zamora y en la propia provincia y me da que también en la comunidad autónoma, esa institución que debería desaparecer, como las restantes de España. Pero nuestra izquierda es especial: no jacobina y, como el caso de Pablo Iglesias, aboga por la independencia de vascos y catalanes. Si Stalin levantara la cabeza, lo purgaba.
Nuestra derecha, como la izquierda, también es estatista, amiga de los impuestos sobre la clase media, como nos demostró Montoro durante las legislaturas de Rajoy.
Como escribo: ahora hay que tener valor para apuntarse al PP y aceptar ofertas para ir en las candidaturas a los ayuntamientos de los 248 municipios de Zamora. Porque das la cara y te la pueden partir. Ahora ser del PP tiene cierto mérito, incluso en esta tierra tan conservadora, envejecida y olvidada.
Casado, que apenas ha tocado a su partido en Zamora, esperará el resultado de los comicios locales. Si se produce un fracaso electoral en los ayuntamientos de la capital de la provincia, Benavente y Toro, el presidente nacional del PP no tendrá más remedio que echar mano del bisturí e iniciar una operación quirúrgica profunda, que restaure un cuerpo político anquilosado, obsoleto y viejo. Al PP necesita una dura derrota para depurarse. La derecha zamorana, que se avergonzó de serlo, clama por una catarsis. Casado debería ser ese cirujano.
Ahora bien, como el presidente nacional no forme gobierno, habrá dirigentes populares que se pondrán a conspirar. Cuando no hay botín que repartir, los “idealistas” comienzan el asalto al poder.
Al nuevo líder nacional del Partido Popular, Pablo Casado, una especie de Albert Ribera en lo físico –cara de buena persona, guapito, nervioso-, Zamora no le importa mucho. De hecho, las listas electorales al Congreso de los Diputados y Senado no han cambiado drásticamente. En esta provincia, los populares siguen tal cual. Aquí, el cambio más abrupto lo realizó Fernando Martínez-Maíllo, cuando se hizo con el poder en el partido y en la Diputación, algo excesivo para cualquier político de provincias. J.Antolín Martín lo intentó cuando era el principal inquilino del Hospital de la Encarnación: quiso ser presidente por partida doble, pero le hicieron trampa. A Valladolid le daba miedo, porque, con tanto poder en sus manos, habría cambiado el partido cómo correspondía: moderno y liberal, además de haber acabado con el nepotismo. Parodiando lo dijo Guerra de España: “Al PP de Zamora no lo conocería ni la madre que lo parió”. Pero siempre pierden los buenos, menos en las películas. Por eso nos gusta el cine.
Hubo un tiempo, demasiado, que el PP de Zamora condicionó la vida de muchos zamoranos. También la mía. Uno de sus altos cargos me persiguió durante años y años, porque creyó, incauto, que un servidor fue el cerebro de la operación contra Aznar, el famoso Caso Zamora. ¡No se puede ser tan malo y estólido! En absoluto. Se equivocó como la paloma de Alberti. Pero a mucha gente el poder popular la hizo feliz para siempre.
Incluso, en los últimos comicios locales, en la primavera de 2015, formar parte de la candidatura de Clara San Damián parecía un pasaporte para ser concejal del equipo de gobierno, porque el PP se sabía ganador…y ganó, pero fue una victoria como la del rey Pirro. Ahora, ya no es un chollo ser del PP, porque, tras la pérdida del gobierno en Madrid, más las apariciones de Ciudadanos, hace unos años, y la explosión de Vox, no ha mucho tiempo, los populares huelen a derrota, a pérdida de poder en las principales ciudades de Zamora y en la propia provincia y me da que también en la comunidad autónoma, esa institución que debería desaparecer, como las restantes de España. Pero nuestra izquierda es especial: no jacobina y, como el caso de Pablo Iglesias, aboga por la independencia de vascos y catalanes. Si Stalin levantara la cabeza, lo purgaba.
Nuestra derecha, como la izquierda, también es estatista, amiga de los impuestos sobre la clase media, como nos demostró Montoro durante las legislaturas de Rajoy.
Como escribo: ahora hay que tener valor para apuntarse al PP y aceptar ofertas para ir en las candidaturas a los ayuntamientos de los 248 municipios de Zamora. Porque das la cara y te la pueden partir. Ahora ser del PP tiene cierto mérito, incluso en esta tierra tan conservadora, envejecida y olvidada.
Casado, que apenas ha tocado a su partido en Zamora, esperará el resultado de los comicios locales. Si se produce un fracaso electoral en los ayuntamientos de la capital de la provincia, Benavente y Toro, el presidente nacional del PP no tendrá más remedio que echar mano del bisturí e iniciar una operación quirúrgica profunda, que restaure un cuerpo político anquilosado, obsoleto y viejo. Al PP necesita una dura derrota para depurarse. La derecha zamorana, que se avergonzó de serlo, clama por una catarsis. Casado debería ser ese cirujano.
Ahora bien, como el presidente nacional no forme gobierno, habrá dirigentes populares que se pondrán a conspirar. Cuando no hay botín que repartir, los “idealistas” comienzan el asalto al poder.


















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